"El Scout deja el mundo mejor de como lo encontró ". Sir Robert Baden-Powell
Esa frase del fundador del escultismo no puede aplicarse a otra persona mejor que al padre Avaro Díaz Zorro, quien desde su primera llegada al Archipiélago, a mediados de la década de los setenta, realizó una labor pastoral que cambió la vida de miles de personas y sus familias, bendecidas con la bondad de su guía y la generosidad de su amistad.
Los frutos de su obra son palpables, dos generaciones de jóvenes, quizás de las más brillantes y exitosas de las islas, sin exagerar, gracias a él, aprendimos la sencilla regla del amor y servicio a Dios y a nuestro prójimo desde la parroquia de San Judas Tadeo, el Club JORT y los Scouts Marinos.
Álvaro nos enseñó el valor de la vida y nos guió por el camino del bien y la solidaridad, el recuerdo de su sonrisa en la adversidad solo es comparable con el vacío que se siente al enfrentar su partida y lo grande del orgullo de reconocernos, aun cuando ya no esté, como sus amigos.
Hoy el Cura ha partido al campamento celestial y debe uno confesar que duele, y mucho, saber que no lo tendremos cerca para contar con su palabra de apoyo y con su sabio consejo para superar nuestras dificultades y las de nuestros hijos; pero su legado es tan grande que incluso nos queda la alegría de saber que, como cantamos tantas y tantas veces juntos alrededor de la fogata:
“No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós, muy pronto junto al fuego nos reunirá el señor”.
Buen viaje hermano.





















