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Política exterior ‘made in San Andres & Providence'

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Puede ser una imagen de océano y naturaleza

A partir de ahora hablaremos más sobre la reserva Seaflower y del proceso de paz. Serán temas centrales de un nuevo enfoque de desarrollo por ser facilitadores de una posible negociación con Nicaragua._Porque el nuevo gobierno revive optimismo y expectativas alrededor de dos aspiraciones isleñas que dependerán de todos para liberar en buena parte el potencial desarrollo local. (Foto: Dignity Camp - Old Providence).

Primero, de mejorar la situación local mediante un mayor control a la corrupción y una consistente estrategia de desarrollo que pongan fin al zigzagueo entre la utopía de las elecciones y la distopia de las gestiones.

Y segundo, de jugar un importante papel en una renovada y fortalecida política nacional hacia el Caribe y Nicaragua con una negociación que asegure ajustes al fallo de 2012 que hagan más tolerable la pérdida de aguas y así poner fin a la disputa territorial.

Los dos temas también están en la agenda de un nuevo Congreso que se anticipa sea activo debido a la selección de la representante isleña Elizabeth Jay-Pang como vicepresidente de la Comisión Segunda de la Cámara, la encargada de relaciones internacionales, integración económica y asuntos fronterizos.

El fin al diferendo se facilita por la premisa reconciliadora del nuevo gobierno que es proyectada en una política exterior cuyo eje central es reforzar y consolidar el proceso de paz. Y lo cobija el paradigma de inclusión y la intención expresa indicada en el primer discurso presidencial de apoyar un ‘diálogo en las Américas sin exclusiones’, lo cual hace más factible la vía diplomática como solución a la disputa de 40 años con Nicaragua.

Sería inconcebible que mientras se reconcilia a nivel interno, en la esfera internacional perdure la hostilidad. La articulación regional con gobiernos de izquierda y el enfoque de ideologización progresista parten de la premisa de la cooperación y en entendimiento con los vecinos.

‘Primacía política’, diplomacia étnica

Los serios fallos administrativos recientes y el desastre de La Haya son referentes para todo y hay urgencia de actuar por temor a que las islas caigan en la categoría de casos perdidos.

Por eso en el reciente encuentro de gobernadores el nuevo presidente elevó el tema isleño como prioridad nacional al asegurar que su trato a las islas será de ‘primacía política, potenciar sus fortalezas y aprovechar su ubicación estratégica en el Caribe’. Esto asocia nuestro desarrollo con el Caribe, lo que en cierta manera es una admisión de que el nexo con Colombia no ha funcionado del todo bien para las islas.

Esa estrategia está intrínsecamente ligada a Nicaragua y debe operar con relaciones normales con ese país, donde la valoración e inclusión de las islas y los isleños, reflejo de un gobierno progresista que prioriza derechos étnicos, deberá ser garantía de éxito.

La afinidad étnica de los isleños con Nicaragua es un muy poderoso instrumento diplomático. Sin embargo, esa inclusión es también estratégica y permite compartir responsabilidades, un intento de exculparse de posibles fracasos. Con unas arcas públicas raquíticas no es seguro qué tanto pueda el nuevo gobierno hacer por las islas.

Las relaciones con Nicaragua están en su punto más bajo y es necesario construir confianza y ‘good will’ diplomático. La diplomacia étnica de los isleños debe ayudar. Por eso fue un error no haber invitado al presidente de ese país, Daniel Ortega, a la toma de posesión. Hubiera sido una oportunidad ideal para el acercamiento diplomático.

Volver al pragmatismo y la diplomacia sanandresana

Aun así, el pragmatismo debe primar. Si bien un constante interrogante es hasta qué punto la afinidad ideológica permite consolidar una afinidad diplomática, siempre se debe aspirar a atender nuestras preocupaciones regionales. La diplomacia bilateral con Venezuela es un modelo a seguir, y se debería apoyar en ello para que ese país ayude a facilitar el diálogo con Nicaragua.

En las aspiraciones y en las preocupaciones regionales comunes hay mucho que anima al diálogo y abren el camino hacia una negociación que sirva para extraer concesiones y ajustes al fallo de 2012, que la hagan más tolerable aceptar. Algo que tarde o temprano se tendrá que hacer. Debemos aceptar que hay que ceder para ganar tranquilidad y aprovechar las oportunidades étnicas y económicas de unas normales relaciones con Nicaragua.

Hay múltiples intereses comunes y preocupaciones supranacionales que facilitan ese diálogo: manejo medioambiental, pesca, narcotráfico, asuntos étnicos e intercambio cultural y comercial. Son temas suficientemente importantes para ambos lados como para hacer que la cuestión de los espacios marítimos que perdimos se vuelvan menos dolorosos.

Colombia podría también usar como instrumento diplomático su poder económico regional, como hizo en sus tiempos Betancur, Uribe y Santos, con la condonación de deuda nicaragüense, penetración económica y la entrega a Nicaragua de paquetes de cooperación e intercambio técnico. Así tomaría un papel de liderazgo regional que no ha querido asumir, pero podría ahora fácilmente porque Venezuela ha perdido su históricamente poderosa influencia en el Caribe.

En la Seaflower está la solución

Un objetivo principal en esa estrategia es lograr que la pérdida territorial sea solo de papel, no de uso: si tras sendos acuerdos de integración de intereses y de unión de manejo de asuntos comunes se permite seguir como estaban las cosas antes de 2012 en relación los dos temas más importantes, podríamos fácilmente pasar la página: pesca (que ya prometió Ortega) y protección ambiental y control al narcotráfico (que siguen y deberán seguir).

De hecho, en todo el mundo, por necesidad o por beneficios mutuos, se pactan acuerdos de cooperación y hasta de unión administrativa (como la Unión Europea o la misma Comunidad Andina de la cual Colombia hace parte) que hacen irrelevante la cuestión de soberanía territorial. ¿Por qué no igualmente una Comunidad Caribeña?

En ese orden de ideas, Colombia podría también aspirar al establecimiento de una zona de manejo (mas no soberanía) compartida, una zona neutral administrada por terceros, o un posible canje de áreas en particular para volver a asegurar la continuidad geográfica del archipiélago y así lograr que los cayos del norte vuelvan a estar unidos a Providencia. Ya tenemos con a Jamaica algo que funciona como régimen de manejo común. La pérdida de unidad geográfica del archipiélago fue lo que más dolió del fallo de 2012, pero puede ser superado con esquemas de manejo y acceso.

Da la casualidad de que esa zona específica ‘de empalme geográfico’ hace parte de la Reserva Mundial de la Biósfera ‘Seaflower’, y por eso ni Colombia ni Nicaragua la pueden explotar para petróleo y gas, de manera que el medio ambiente podría servir de enganche y fórmula de solución al hacer que el asunto de soberanía territorial pase a un plano irrelevante y facilite un acuerdo y el fin del diferendo.

La actividad económica ejercida en esa zona desde nuestras islas era inexistente antes de 2012 porque la pesca artesanal se hace siempre en los cayos y sólo servía de espacio de navegación. La pesca industrial lo hacen compañías del continente que nada aportan a las islas.

Llegó el momento histórico del diálogo. A Nicaragua le conviene porque el fin de su búsqueda en La Haya de una solución al diferendo le obliga a abandonar una ortodoxia legal que no le ha permitido disfrutar lo que ganó. Está obligada a asumir una posición de ‘Realpolitik’ que priorice la realidad de los hechos y el logro de sus objetivos.

A Colombia porque nunca le ha ido ni le irá bien en lo que falta de la vía legal porque no le favorece el derecho marítimo internacional, y porque nunca ha sido ni rigurosa ni coherente y las islas y los isleños somos lo que hemos pagado caro por esa torpeza y falta de rigurosidad institucional y diplomática.

Colombia debe más bien concentrarse en hacer reparos que en buscar excusas por su mala actuación. Debe comenzar por descongelar las relaciones bilaterales con Nicaragua. Puede dispensar cualquier resto de humillación con los beneficios mutuos y bajo la manta de la política internacional del buen venido latinoamericano y del espíritu de reconciliación.

 

Última actualización ( Domingo, 07 de Agosto de 2022 06:54 )  

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