Home Opinión Columnas Antes que sea tarde...
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Search

elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

JA slide show
 

 Imagen1.png

Antes que sea tarde...

Correo Imprimir PDF

NADIN.MARMOLEJO.NUEVA2020Según las cuentas de los expertos, en 2100 la Tierra albergará más de 11.000 millones de personas. La presión sobre los recursos naturales del planeta aumentará en semejantes proporciones y sabemos lo que nos espera si no actuamos a tiempo.

Esta realidad descomunal constituye el mayor desafío al que se ha de enfrentar la humanidad en adelante, pues las fuentes de alimentación son cada vez más escasas y la población con hambre amenaza con el desbordamiento. El número de personas con desnutrición a escala global hoy ya supera los 800 millones.

Ante ese panorama, Colombia, en particular, tiene la obligación de interesarse y velar más por la Reserva de la Biosfera Seaflower (RBS), de San Andrés, Providencia y Santa Catalina, dado que este ecosistema guarda gran parte del sustento de miles de familias que habitan estas islas y la gran cuenca del Caribe.

De acuerdo con la Comisión Colombiana del Océano (CCO), la Reserva de Biósfera 'Seaflower' cuenta con 407 especies de peces, de las 600 que se estima hay en el Caribe y es casa de 157 especies de aves, de las cuales 55% están amenazadas. De sus aguas anualmente los pescadores artesanales (no incluye a los industriales) obtienen cerca de 156 toneladas de langosta y 182 toneladas de pescado.

Además, esta reserva forma parte como una pieza fundamental del motor de la economía local: el turismo. Por lo tanto, promover una real consciencia colectiva de la importancia de esta reserva para la vida del planeta, en especial, para las comunidades aledañas, es el reto al que está enfrentado el país desde la declaratoria de la Unesco.

Empero, los progresos han sido pocos y todavía no se aprecian de la manera que debería ser las bondades y ventajas que posee esta inmensa área de maritorio, que también toca directamente las costas de los pueblos creole de Honduras, Jamaica, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia.

La exclusión de los raizales de San Andrés, Providencia y Santa Catalina de los espacios donde se toman las decisiones fundamentales y la consecuente falta de comprometimiento de buena parte de los habitantes de las islas en la preservación, conservación y protección de la RSB, han hecho parte también de una perniciosa constante del centralismo que impera en Colombia.

La coyuntura del diferendo limítrofe entre Colombia y Nicaragua puede constituir entonces una oportunidad para revisar ciertas posiciones retrógradas que se han sostenido por largo tiempo y debe ser valorada como un momento histórico para avanzar, simultáneamente, en la superación de las diferencias y en la transformación de las relaciones que permitan la construcción de una experiencia internacional que evidencie la hermandad de los pueblos que circundan la RSB.

Por eso, cualquiera sea la manera en que se resuelva el pleito jurídico en La Haya, el curso de nuestra historia inmediata debe conducir a explorar la opción de la negociación política entre todos los países involucrados para trabajar conjuntamente por una expansión de las fronteras reales e imaginarias creadas, en principio, de la reserva de biosfera actual, fundada en la armonización de la vida humana con la naturaleza, la protección de los ecosistemas, y enfrentar las amenazas que sobre esta ya pesan, a fin de implementar un desarrollo sustentable.

Este diálogo, por supuesto, tiene que llevarnos a encontrar la solución de los problemas que implicaría cualquier fallo que emita la Corte Internacional de Justicia de La Haya (CIJ), inicialmente, y a fortalecer los lazos políticos, económicos y sociales asociados a la región.

Es por ello apenas natural analizar todas las opciones para llegar a una mesa de diálogo. Si se intenta la salida del desacato permanente al fallo de la CIJ, por ejemplo, podemos derivar en el establecimiento de una anarquía que internacionalizaría un caos que ya no sólo pondría en riesgo la supervivencia de dos comunidades sino de cinco. Esta situación se podría evitar si se activan los mecanismos de hermandad que existen de antaño, prioritariamente, entre las comunidades nativas, los diversos sectores y fuerzas económicas, sociales y políticas de las naciones de la cuenca del Caribe.

Un diálogo entre estos protagonistas, directo, podría verse fortalecido por la afinidad cultural que caracteriza a las comunidades que habitan las zonas costeras del vecindario, lo cual le conferiría a las negociaciones entre Colombia y Nicaragua, en particular, una potencialidad significativa. Y podría convertirse en un factor de cambio sobre el modo en que se han venido manejando las cosas hasta ahora.

En fin, explorar la posibilidad de una Reserva de Biósfera Transfronteriza, no sólo triplicaría el área protegida por la UNESCO hasta hoy, sino que nos brindaría la posibilidad de lograr una segunda oportunidad para hacer del mar el futuro que soñamos.

Sumativo.- El área marina actual de la Reserva de Biosfera Seaflower de San Andrés, Providencia y Santa Catalina abarca unos 180.000 kms², equivalentes al 10% de la cuenca interior del Mar Caribe, pero con el acuerdo de la Gran Seaflower entre los países involucrados esta área protegida se multiplicaría llegando a casi 500.000 kms².

--------------------

Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresan.

 

Welcome Caribe

PORTADA_198.jpg

Portada.jpg

Radar.jpg

RADIO.NACIONAL

 

Indicadores Economicos

Translate this page

Síganos en Facebook

Descarga Firefox


204x263.png

REGISTRADURIA1

CASABLANCA.CUADRADO

BANCO_REPUBLICA_OCTUBRE.jpg

DOITCENTER.AIRE

DECAMERON

TRASH BUSTERS

GESA NIFF02

SOPESA.BANNER.NUEVO01.jpeg