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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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Navidad pasada por agua

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HAROL.BUSH2Para la Navidad se esperaban sensibles mejoras de su condición, pero en Providencia aún no entienden por qué después de perderlo todo, muchos siguen con unas carpas pequeñas de camping no aptas para la lluvia. En esas soluciones temporales e inadecuadas se percibe un menoscabo que sin duda agrega una capa extra de sufrimiento a los damnificados.

No se entiende por qué no les dan unas decentes, de esas con espacio y camas para aliviar su tragedia. De esas ‘normales’ que dieron a los refugiados venezolanos y que usan las agencias de refugiados y desplazados de las Naciones Unidas.

La recurrente excusa de que la logística es difícil ya no puede explicar fallas como esta. Y si llevan unas carpas pequeñas (muchas de las cuales están aún en una bodega en el aeropuerto) también pueden se pueden llevar otras más eficientes.

Con esas carpas inadecuadas y la demora en poner protección a las todas las casas que no fueron destruidas, las autoridades fallan en atender uno de los requerimientos más importantes y urgentes de los damnificados: el resguardo y la protección personal de niños y adultos.

Aunque ha habido avances en muchos frentes, es negligente dar carpas que no protegen de la lluvia, en especial porque la Corte Constitucional le ha señalado varias veces al Gobierno Nacional que como garante de la protección de los damnificados por un desastre natural debe ofrecerles especial protección. Al no hacer lo adecuado para atender sus necesidades se violan los derechos a la vida digna y vivienda de los mismos.

MONOPOLIO BUROCRÁTICO BAJO LA LUPA

Si estas cosas estuvieran yendo por buen camino, habría más tolerancia con algunas deficiencias. Pero a más de 40 días del paso del huracán aún no se han atendido algunos asuntos esenciales y urgentes para el bienestar de todos los damnificados.

Por eso hay nerviosismo sobre si se llenará el vacío que deja la salida este domingo de la organización internacional que ha estado entregando comida a los damnificados. Si no se sustituyen muchos podrían pasar hambre, aunque les den uno de los 1400 kits de estufas y cilindros de gas que anunció el Viceministro de Energía.

La angustia aumenta porque la actuación del presente puede augurar lo que viene en el futuro. Muchos miran al vacío y no entienden lo que está pasando. El optimismo oficial busca sustituir la realidad que muchos pasan, pero muchos ven una brecha entre lo que se promete y esa difícil realidad.

Necesitan materiales, pero nada que llegan y la reconstrucción de techos avanza muy lenta. Entretanto a seguir mojándose. Muchos desean comenzar a reconstruir ellos mismos, pero no han podido por falta de apoyo y/o los mencionados materiales. Sin embargo, para resguardar a niños y adultos mayores algunos han adecuado lo que queda de sus casas con elementos que recogen de los escombros.

Por otra parte, es difícil y muy costoso enviar ayudas a familiares y si se hace a través del corredor humanitario, que debería ser manejado por una organización totalmente independiente como la Cruz Roja, no llega a su destinatario, sino que entran a una distribución general que sigue patrones diseñados por una alcaldía en quienes muchos no confían.

Es que, dentro de la lógica de la reconstrucción, no se alcanza a entender por qué no involucran más a la gente, junto a los 400 constructores que dicen haber en Providencia y que habían prometido contratar, para agilizar la reparación de casas. A 40 días del paso del huracán hay un banco de proyectos y muchas promesas, pero también mucho sufrimiento y un optimismo que disminuye más cada vez que llueve.

TUTELA Y PATRIOTISMO

Por estas razones, un grupo de isleños se vio en la necesidad de presentar una tutela buscando forzar al gobierno a respetar sus derechos y a acelerar la reconstrucción. Pero el Gobierno Nacional sigue con su estrategia y asegura que todo va bien, algo que niegan muchos damnificados.

El gobierno busca demostrar resultados como parte de su política de comunicaciones, pero además porque necesita enmendar su responsabilidad por las deficiencias en la planeación que llevó a que el hospital quedara inservible y los albergues destruidos o que no dieron abasto, a pesar de que hace años se habla de gestión de riesgos. Claramente esto no sucedió y no haber preparado a las islas es una consecuencia de proporciones mayores que puso en peligro la vida de muchos.

Francamente, con todo lo que pasa los providencianos tenemos motivos para estar preocupados y sentirnos engañados y/o abandonados. De allí que el huracán y la respuesta estatal hayan reanimado sentimientos antinacionales, pero esta vez con ingrediente adicional: voces moderadas y hasta no raizales ya han comenzado a cuestionar la relevancia de pertenecer a Colombia.

El gobierno debe mejorar su estrategia de reconstrucción, aliviar el sufrimiento, dejar de exagerar la información sobre los avances y demostrar que importa más atender las necesidades de los damnificados que su imagen.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresen

 

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