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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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Moralejas

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ALI.W.WAKEDTras la tragedia, es poco lo que se puede mencionar. Durante los últimos días el Archipiélago ha acaparado portadas a nivel nacional y los motivos no han sido para nada positivos. San Andrés, Providencia y Santa Catalina, símbolos de diversidad y veraneo en el país, han padecido un golpe sin precedentes.

La ley de la naturaleza ha cumplido su cometido y la serie de daños son abismales A esto se debe sumar que un segmento importante de la comunidad aún sigue expuesta a las afectaciones del fenómeno. El síndrome de la incertidumbre se ha convertido en una patología común dentro de la isla donde miles son los residentes que sufren una permanente sensación de inseguridad en estos días de angustia.

Dice un clásico refrán que luego de la tormenta llega la calma, y al pasar de los días es posible reflexionar en torno a estos previos acontecimientos Mi propuesta no es volver a recordar ese nefasto dolor que consigo trajo los vientos de la tormenta, a pesar que el pasado lunes será recordado en sí como una fecha gris dentro este humilde territorio.

No obstante, a través de la reflexión colectiva es posible asimilar la clase de comunidad que queremos construir a futuro. La cuestión de progresar estará disponible siempre y cuando marquemos la cooperación mutua y resiliencia como valores esenciales en nuestro horizonte. Solo así podremos garantizar que la dirección de todo el archipiélago marche en buenos vientos.

Para empezar nuestro recorrido de moralejas, observo interés en destacar lo siguiente. En los últimos días son numerosos los sentimientos que perturban la conciencia local. Sin embargo, la sensación de abandono por parte del Gobierno central vuelve a ser el gran protagonista en esta jornada. La exclusión que ha padecido el archipiélago constituye una tendencia histórica de la cual ninguna administración está exenta.

La experiencia empírica demuestra que la isla solamente recibe atención gubernamental en casos de tragedia. Esto no es de sorprender cuando el Estado colombiano se funda en cimientos que incentivan una fuerte centralización de índole política desde la ciudad capital. Como resultado, las islas se encuentran sometidas a una precaria situación de periferia, provocando que asuntos trascendentales como la cuestión raizal, la protección de la reserva marina o la sobrepoblación local hayan sido relegados a un segundo plano.

Como segunda moraleja es pertinente considerar el fenómeno visto como segmento de una nueva normalidad. La posición geográfica del departamento constituye un riesgo permanente a la exposición de dicha clase de sucesos. A esto se debe sumar que el avance de fenómenos tales como el cambio climático representan una incubadora para futuros huracanes. Las autoridades están en la expresa obligación de reconocer lo anterior considerando que existe un riesgo posible de materializar en cualquier futuro.

Además de la formulación de protocolos eficaces, cualquier reconstrucción debe observar pautas establecidas dentro la ingeniería a fin de mitigar daños.

Por otro lado, la tragedia expuso por una vez más a las poblaciones vulnerables de nuestra comunidad. Aquellos que no tienen voz y están presentes dentro una desigualdad silenciosa pero acentuada. Por una vez más fueron estos quienes padecieron los efectos más severos del huracán.

Pertenecen a un sector históricamente excluido y cuyas oportunidades están estrictamente limitadas. Es a estos quienes debemos extender nuestra mano y velar a fin de que sean los primeros en recibir la asistencia requerida. No es posible pretender ser una comunidad próspera sin incluir la justicia social como una base de nuestras acciones.

El golpe del pasado lunes pasará a la historia insular como un día gris y bastante amargo. Iota no fue el primero y tampoco será el último. Sin embargo, el huracán evidenció la capacidad de resiliencia y solidaridad que poseen las islas colectivamente.

Incluso durante las horas más oscuras, jamás fueron los vientos del huracán más grandes que nuestro espíritu de cooperación hacia el prójimo. Por esto creo firmemente que nos levantaremos y emprenderemos nuestra misión por un mejor archipiélago.

 

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