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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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La divina Providencia

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WEILDLER.GUERRAEl año 2020 dejará una huella indeleble y aguda en nuestra memoria. Como si no fuera suficiente con las pérdidas humanas y materiales causadas por la pandemia, la temporada de huracanes y tormentas tropicales afectó de manera dramática a los países del Caribe y esta vez ha golpeado a Colombia con una intensidad sin precedentes en los registros oficiales conocidos.

Las imágenes llegadas del archipiélago de San Andrés y Providencia laceran el alma. Además del drama vivido por sus habitantes, aún no se sabe con exactitud el costo material, humano y ambiental dejado por la tragedia

Una dolorosa lección para todos, tanto ciudadanos como autoridades, es la de no subestimar los efectos del cambio climático en nuestros territorios. Tampoco podemos confiarnos en que los huracanes siguen en el Caribe la trayectoria conocida situada más al norte y solo afectan a las Antillas mayores. Aún no nos recuperamos del paso del huracán por Providencia y ya se anuncia la formación de una nueva onda tropical que si se convierte en tormenta podría golpear fuertemente a la península de La Guajira, cuya población también fue significativamente afectada por el paso de Iota.

Al lado de los escombros materiales y los restos de árboles caídos, lo que dejó en evidencia el curso devastador de Iota fue nuestra débil capacidad de prevención y actuación frente a estos fenómenos naturales. Las medidas de adaptación frente al cambio climático no pueden quedarse simplemente en la firma de normas internacionales y nacionales o en meras proclamaciones retóricas por parte de los voceros oficiales si no conllevan un efectivo y sincero compromiso de cumplimiento. Ellas requieren también de educación y movilización ciudadana acerca de la realidad tangible y costosa del cambio climático.

Hoy disponemos de evidencia creciente acerca del aumento de la temperatura en el Caribe, siguiendo las tendencias mundiales. En algunas regiones costeras de Colombia hemos pasado de prolongadas sequías a intensos periodos lluviosos, lo que muestra que los patrones de precipitación están cambiando y los eventos extremos se suceden en un periodo más corto. La formación y el paso de tormentas tropicales que pueden convertirse en huracanes parecen encontrarse este año más al sur de lo que ha sido su trayectoria más recurrente.

De allí se deriva la necesidad, como lo ha pedido Invemar, de hacer más investigaciones y contar con un sistema fortalecido de alertas tempranas que permita actuar con la oportunidad debida antes que se conviertan en devastadoras catástrofes. Es necesario recordar que la falta de gobernanza y de aplicación de las normas hacen de unas zonas más vulnerables que otras. La construcción urbana sobre zonas de manglares más la afectación de áreas coralinas y pastos marinos contribuyen significativamente a esa vulnerabilidad.

En el corto plazo los afectados en el archipiélago van a requerir de efectivas medidas oficiales para la reconstrucción de sus viviendas y la infraestructura pública destruida. Sin embargo, debemos recordar que cada año tendremos una cita impostergable con la temporada de huracanes en el Caribe. Si para entonces no hemos aprendido las lecciones de esta tragedia tendremos que volver a encomendarnos a la divina Providencia.

 

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