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Esto ETA mal, pero puede estar peor

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Sí, definitivamente esto está mal y el 2020 está mostrando, con duras pruebas, qué tan mal se está en las tres islas mayores del archipiélago más querido por Colombia. Y es que, hay infinidad de razones para quererlo. La pregunta es ¿para qué se quiere? Y allí entra una frase de la época de juventud “ojitos ver corazón contentar”, porque lo que vemos no satisface nuestras esperanzas como pobladores.

Habrá enamorados de las islas por la transparencia y calidez del mar, por el color de sus playas, la cálida brisa marina, el vaivén de las palmeras, el breadfruit, la lengua nativa o la arquitectura tradicional. Otros más, porque aquí nacieron y otros tantos porque ven la ‘minita de oro’ que las islas representan.

Lo cierto es que el bisiesto 2020 nos está demostrando qué tanto de ése amor es verdadero, cuál está basado en intereses propios o ajenos que contrastan con el alto nivel de vulnerabilidad y disgusto por la falta de infraestructura que padecen los lugareños.

En este descontento general, producto de una serie de herencias no deseadas. Está el que intenta trabajar o estudiar en línea; el providenciano que busca servicios de salud inexistentes; el que carga con el garrafón de agua potable; el que quien espera en el andén al proveedor de servicio de gas; o en el sanandresano que ve llover a cántaros por el cielo raso de su hospital, que dice: “quiere ver gas o quiere ver gotas”, del famoso estribillo de una canción local,

Así mismo, es el desamor de a quien le corresponde el rol de ‘domador de elefantes blancos’ o en el peor de los casos, el de ‘elefantes voladores. Proyectos de nunca terminar, como es el caso del famoso proyecto ‘Luk Phan Mih’, heredado del ‘quita y pone’ de gobiernos pasados, que más pareciera un ‘mírame cómo desaparezco’, dejando a cerca de 50 empresarios y contratistas locales viendo cómo 4.800 millones de corazoncitos rojos de inversión están suspendidos en el aire, mientras se hacen esfuerzos para localizarlos en el escenario actual.

Total que sí. Durante años las islas han sido un circo completo con algunos magos en escena; mientras unos decretan, muchos más hacen caso omiso. Los hechos son tan numerosos que el lector, seguramente, tendrá papel y lapicero para agregar una larga lista a los ya mencionados. Aunque muchos de éstos son achacables a una indolente ciudadanía...

El 2020 se distingue por el alto grado de vulnerabilidad con que encontró a la población del departamento en esta montaña rusa de incertidumbre y continuos desaciertos.

Para agravar el asunto las islas mayores del archipiélago no solamente se han visto seriamente lesionadas por lo anteriormente mencionado, sino que, como ‘broche que de oro’, entra la sindemia y los efectos colaterales, seguido del ETA. El primero causando enfermedad, y luto en las varias familias además de una grave lesión a la economía sanandresana y el segundo, el huracán ETA, que destruyó viviendas y establecimientos comerciales por doquier.

Lo curioso es que en ambos casos caímos desprevenidos por deficiencias en el servicio de salud y en lo referente a Planeación Departamental, como una sentencia de la Ley de Murphy: “todo lo que puede suceder, sucede”.

Y, mientras ésto pasa a nivel local, lastimosamente, a nivel global la cosa está empeorando. Cientos y miles de personas versadas que, con propiedad y pruebas científicas corroboran que el planeta entero está sufriendo los cambios del antropoceno “caracterizado por varios disturbios ecológicos ocasionados por la acción humana”, que presagian una escalada global en la cual el mismo humano está colocando en el vilo su propio destino.

Y no debido al agüero del año bisiesto, pero sí, a 21manifestaciones como los avisos de la madre naturaleza cuando dice que algo va mal.

El ritmo de desgaste de la biota global (conjunto de organismos vivos) en los últimos 80 años equivale a dos terceras partes del total existente en los principios del siglo XX. Las expectativas de sustento para una población creciente que superará los once mil millones de personas dentro de poco, serán insuficientes para sostenernos.

Y, es justamente allí cuando las reservas de biosferas, como la nuestra, entrarán a jugar su verdadera razón de ser; al igual que el oro de un banco, la herencia genética de la capa viva del planeta entero que están depositadas en éstas reservas, serán la base del repoblamiento tanto en lo animal como lo vegetal y las demás criaturas asociadas.

Somos simples pobladores de una reserva, en la cual el diseño del actual marco económico está condenado a resquebrajarse a partir de su propia razón de ser, pero con el libre albedrío de disponer de la reserva para conservarla….. o para agotarla.

La diferencia está en cómo sería la vida de los humanos en el planeta, sin distinción de género, credo, color, raza, idioma o pensamiento político si esta ‘reserva bancaria’ se llegara a agotar.

No obstante, es importante considerar que para poder pedirle a una población que observe hacia el futuro, se le debe asegurar las necesidades del presente; y ésa es la razón de ser, finalmente, de quien gobierne en ésta fracción de la Seaflower.


Adendo: la Reserva de Biosfera es un conjunto que comprende, lo humano, su cultura y hermandad, el territorio y fronteras compartidas, espacio aéreo, mar tierra y la biota de cada uno de ellos estrechamente entrelazados uno con otros.

*socio fundador de la ONG Help 2 Oceans Foundation

 

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