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Lo que queda de la contingencia

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NADINLa pandemia del nuevo coronavirus —o sindemia*, como la están denominando ahora algunos científicos— terminó siendo un breve espacio de tiempo que fue entendido por muy pocos como una oportunidad de despojarnos del lastre que nos han dejado nuestros desaciertos históricos.

Nos dijimos que nada sería igual luego de la cuarentena, pero, tan pronto esta acabó, cada quien y cada cosa volvió a donde estaba. De un modo u otro, el cambio del mundo que pensamos no pasó de ser otra ilusión que nos confirma una vez más que hemos sido y seguiremos siendo mentes complejas que sólo comprendemos de manera fragmentada los sucesos de la historia.

Hoy parece que ya nadie le tiene miedo al virus y ese consenso anímico para impedir su propagación que produjera al principio la pandemia, ha quedado atrás para darle paso a las pasiones humanas represadas durante el encierro obligatorio.

Aunque la masividad del contagio puso en evidencia los desiguales accesos a la salud de la población, el alto riesgo para las personas con enfermedades preexistentes, la violencia intrafamiliar, entre otras cosas, la comunidad ha vuelto a las calles y a su rutina con todos sus desacuerdos intactos y otra vez ha postergado para tiempos mejores las discusiones fundamentales y los cambios que debían sobrevenir.

¿Una vez más se ha impuesto la realidad sobre la utopía?

Espero que no sea así. Y esos otros modos de pensar a los que nos vimos abocados en el aislamiento han de preservarse para poder construir un poco más adelante esa vida en común que nos salve del individualismo recalcitrante y un Estado capaz de organizarse con la sociedad y proteger los frutos que aún existen de las largas luchas democráticas que algunos tratan de tumbar caprichosamente.

La pospandemia no puede ser vista solamente como el tiempo de la reactivación económica. Hay que llevar más allá las acciones del gobierno y la empresa privada. Los objetivos de desarrollo sostenible (ODS), por ejemplo, son metas específicas que deben alcanzarse en los próximos 15 años. Para conseguir estos objetivos, todo el mundo tiene que poner de su parte: los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil, usted y yo.

Podemos empezar por decirle a todos los familiares y vecinos, amigos y compañeros de trabajo, acerca de estos objetivos globales que apuntan a lograr la erradicación de la pobreza, la protección de la vida en el planeta y asegurar la prosperidad económica y social para todos dentro de una nueva agenda de desarrollo sostenible, a fin de vivir una vida que valga la pena de ser vivida.

Para ello es vital construir un consenso respecto de la necesaria modificación de ciertas costumbres y valorar al prójimo como a uno mismo. Hay que considerar la riqueza cultural del país como el activo principal de la nueva sociedad que soñamos. También es necesario pensar en las deudas pendientes propias y ajenas. Las de todos, en general.

Replantear todas aquellas prácticas tanto del Estado como de la sociedad civil que constituyen un fuerte desmedro de la lógica democrática, se hace ahora perentorio mientras nos acostumbramos al nuevo formato de normalidad que nos ha estructurado el gobierno.

Nada sucede en el mundo que no tenga consecuencias. Solo que cada uno hace un sinnúmero de interpretaciones y visiones de todo lo que ve, siente e imagina. Por tanto, los que han interpretado bien el tiempo que acaba de pasar tendrán las mayores posibilidades de superar con creces los retos que impondrán los tiempos venideros.

Sumativo.- "Si algo no cambiará será el humor. Sabemos que sin él, sin el asalto que supone a la razón, no hay alteridad, no hay pensamiento": Rafael Spregelburd, director y actor de teatro argentino.

(*) La noción del concepto 'sindemia' fue concebida por primera vez por el antropólogo y médico estadounidense Merrill Singer, quien argumentó que un enfoque 'sindémico' revela interacciones biológicas y sociales que son importantes para el pronóstico, el tratamiento y la política de salud.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresen.

 

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