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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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Nuestros maravillosos manglares

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Siempre verdes, siempre saludables, siempre entregando todo. Esos son los maravillosos manglares. Hoy 26 de julio día Internacional de la Conservación del Ecosistema de Manglar como lo designó la UNESCO en 2015, quiero rendir tributo a su majestuosidad, exuberancia, belleza, riqueza, fuente de vida e inspiración para muchos.

Su importancia

En el trópico donde habitan, son los bosques costeros más importantes para la vida marina. Pueden secuestrar hasta cuatro veces más carbono que sus homólogos en tierra firme y servir de reservorios de largo plazo si se mantienen conservados. Ayudan a limpiar el aire y son reguladores de clima por excelencia. Ofrecen una incomparable protección a las costas frente a fenómenos climáticos extremos, más que cualquier infraestructura artificial construida por el ser humano, pues sus raíces en forma de zancos se entierran con tal fuerza en los suelos inestables que los fuertes vientos no pueden contra ellos. Por eso durante las grandes tormentas y huracanes, parecen gigantes luchadores que no se doblegan.

De las cuatro especies presentes en el Archipiélago, el mangle rojo es mi favorito, por sus taninos naturales que tiñen el agua de color rojizo en áreas de menor intercambio de aguas.

Su mayor enemigo siempre ha sido el hombre. Pero los habitantes de las islas somos realmente afortunados de tener nuestros ecosistemas de manglar recuperados y la historia no ha sido fácil.

Entre la amenaza mundial y local

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El mundo ha perdido más del 60% de las áreas de manglares por la presión constante de su ocupación para el desarrollo económico, la contaminación y la sobre explotación de materia prima como la madera. Durante los años 70 y 80 los gobiernos locales ordenaban cortar los árboles porque los veían como unas fábricas de mosquitos y olores ofensivos. También eran talados porque algunos querían tener el lujo de ver el mar sin tener esta barrera. Sin embargo, a principios de los 90, una de las mayores amenazas fue la planta de energía en Hooker Bight que diezmó varias hectáreas del sistema, al convertirlas en vertedero de los aceites usados y aguas calientes como resultado del enfriamiento de las máquinas. El panorama no era alentador, y la bahía era un cementerio de árboles. Además, la poca conciencia de algunos empresarios del sector hotelero, los había llevado a usar el ecosistema de manglar como botadero de sus aguas residuales. Como dice el dicho, “no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista” y la historia fue cambiando. No obstante, la importancia de estos ecosistemas a nivel global aun no es suficientemente reconocida.

La valentía de proteger esta cuna de vida

En relación con la aterradora planta de energía que teníamos en San Andrés, fueron oportunas las acciones de la Gobernación y Coralina para sacarla de la bahía más productiva e importante de la isla, lográndose la suspensión de la contaminación. Gracias a ello, la zona devastada por la contaminación se recuperó más de forma natural que con ayuda mecánica. Ahora después de más de dos décadas, Heines Bay y Bahia Hooker, la zona de mayor superficie de manglares en San Andrés, es un parque regional en todo su esplendor donde adultos, jóvenes y niños disfrutan de su belleza escénica, siendo también uno de nuestros más importantes atractivos para el turismo.

En Providencia, también estuvimos a punto de perder South West Bay y Mc Bean, las dos zonas de manglar más grandes, por la amenaza de los megaproyectos. Afortunadamente en Seaflower superamos también esa historia. En aquellos tiempos, que coinciden con los últimos años de vida de la planta en Hooker Bight, hacía mi tesis de bióloga marina en los manglares de Providencia, y quería documentar el valor de estos espléndidos ecosistemas. Entre el fango, los mosquitos y el agua a las rodillas todos los días por un largo año, medí su productividad, su estructura y su composición. Mi mayor gratificación llegó cuando un grupo de jóvenes, adultos y niños logró desafiar ese modelo de desarrollo destructor y devastador y aquellos megaproyectos sólo quedaron en el imaginario colectivo. Y el mangle vivió, persistió, sobrevivió y el parque Mc Bean Lagoon se declaró y mi mayor satisfacción fue el uso de mi tesis de grado como información científica base para la declaratoria del parque.

En San Andrés, Coralina cerró un hotel por contaminar los manglares y retó a la sociedad a sembrar más, a conocer más, a cuidar más, a través del programa de adopción de estas áreas por las escuelas y colegios. Hoy disfrutamos de esta herencia a lo largo de la avenida Newball, contamos con una Hooker Bigh rejuvenecida. ¿Sabías que los separadores de la avenida Newball, esos árboles que ves todos los días son mangle botón y fueron sembrados por un hotel por una medida de compensación impuesta por Coralina a principios de la década que recientemente dejamos atrás?

Y Providencia no se queda atrás. En Kethlina y Jones Point, los mangles nunca más fueron talados por la administración municipal como en los 80s. Todos crecen, florecen, se expanden libremente.

Cuanto perderíamos si nos los tuviéramos

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En los tiempos que vivimos de cambio y variabilidad climática, nuestro ecosistema de manglar se vuelve aún más necesario y estratégico para la sostenibilidad de las islas. La erosión de las playas es una de las grandes preocupaciones, pero también somos testigos de la estabilidad de las costas donde están presentes estos maravillosos árboles. Hablando de fuerza y resistencia, ni siquiera ‘Bet’a el huracán categoría dos que se estacionó sobre Providencia por más de dos horas fue capaz de vencerlos y en esa lucha los manglares salvaron viviendas de ser destruidas, especialmente aquellas circunvecinas al ecosistema. Su capacidad de restauración es increíble, fueron los primeros árboles en recuperar su esplendor. Es decir, que su presencia nos protege, pero aumenta la vulnerabilidad de esos ecosistemas, en su ausencia.

Si midiéramos la temperatura en North End y en áreas cercanas al ecosistema de manglar nos sorprenderíamos de la diferencia en el microclima de cada uno. Su presencia nos provee de ambientes más frescos y menos cálidos. Hoy el mundo habla de soluciones basadas en la naturaleza, soluciones que en el archipiélago hemos aprendido a aplicar, por lo menos en cuanto a manglares se refiere. Esto no quiere decir que aún no existan conflictos entre el ecosistema y el ser humano, especialmente en áreas donde se compite por espacio en las reducidas islas.

Quiero resaltar algo que no se ve a simple vista. Es el papel que cumplen como sala cuna de la increíble biodiversidad que tenemos en nuestros mares. Hoy gozamos de un buen plato de pescado frito o-rundown gracias a la protección y el valor que hemos aprendido a dar a estos ecosistemas. Sus flores son apetecidas por polinizadores, lo que ayuda a mantener una biodiversidad saludable y opciones de producir miel orgánica de alta calidad.

Vemos que los manglares son importantes tanto ecológica como económicamente, pero estoy segura de que espiritualmente son igual de importantes para muchos de nosotros en las islas, que a lo largo de los años hemos aprendido a convivir armoniosamente con este ecosistema vital para la sostenibilidad de la Reserva de Biosfera Seaflower y respiramos todos los días el oxígeno puro que nos produce.

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¡Que vivan, que vivan, los manglares, larga, larga vida más allá de nuestra existencia!

 

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