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25 años de gestión ambiental en el Archipiélago

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columnista.lunes08062020002.jpgUn viaje en el tiempo desde hace más de 25 años, nos muestra que una serie de sucesos marcarían y sentarían las bases para el nacimiento de una de las instituciones ambientales más reconocidas en Colombia y el mundo: Coralina.

Colombia estrenaba la Constitución del 1991, considerada la carta de la diversidad e inclusión, de la participación ciudadana y la del enfoque ambiental; en el mismo año el nuevo modelo de apertura económica impuesto en el país dejaba al Puerto Libre sin razón de ser, y San Andrés dejaba de ser el destino para la compra desproporcionada de electrodomésticos porque modelos similares se establecieron en el resto del país. Se sentía como si estuviera abriéndose el telón para nuevas formas de desarrollo.

La constitución también dio paso a la creación de una serie de normas especiales que reconocieron la singularidad de las islas en el territorio colombiano, como el Decreto 2762 de 1991 que adoptó medidas para controlar la población en el Departamento Archipiélago y la Ley 47 de 1993 o ley marco del Archipiélago.

La Cumbre de la tierra en Rio de Janeiro en 1992, con la adopción de la Agenda 21, la firma del Convenio de Diversidad Biológica la creación del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) sin duda alguna, también influenciaron la nueva ley ambiental adoptada por el congreso de Colombia en diciembre de 1993 que creo las Corporaciones Autónomas Regionales. Al margen de los desarrollos normativos y de política nacional en internacional, la sociedad en las islas clamaba por un cambio en las formas tradicionales de gobierno y gobernanza.

Generación de cambios

A principios de los 90s la población en San Andrés estaba saturada y cansada de los apagones y el racionamiento eléctrico, así como del impacto de la planta de energía en la calidad de vida de la población y sobre Hooker Bay. Esto generó una gran movilización de los distintos sectores de la isla exigiendo una serie de cambios, muchos de ellos relacionados con los recursos naturales.

Providencia y Santa Catalina también enfrentaban su propio desafío ante la presión externa de desarrollo y el gran dilema entre abrir la isla a los grandes proyectos turísticos o mantener su condición de modelo de desarrollo basado en la naturaleza. Como resultado de estas acciones de participación ciudadana, hay grandes victorias entre las que se destaca la creación del Parque Natural Nacional Mc Bean Lagoon.

El 30 de junio de 1995 marcó la historia de las islas con la puesta en marcha de Coralina. Los acontecimientos ocurridos antes y durante ese año, definirían el ADN de la entidad ambiental del Archipiélago. Con un bajo presupuesto, a Coralina se le entregó la gigantesca responsabilidad de administrar los recursos naturales y el medio ambiente de la mayor superficie geográfica de jurisdicción de cualquier CAR del país. Fue la primera entidad en reclutar decenas de recién salidos de las Universidades y formarlos en gestión ambiental.

La pasión y entrega de estos jóvenes, incluyéndome, inyectaron la necesaria energía para el arranque de la institución y después de 25 años, ha sido una constante en la entidad, la formación de jóvenes profesionales. Coralina ha sido también, una fuente de motivación para la escogencia de carreras en ciencias naturales y ambientales.

Hoy nos vemos frente a una institución que ha cosechado muchos triunfos y logros, pero también ha sufrido varias derrotas. El trabajo realizado bajo el liderazgo de Coralina para la declaratoria de la Reserva de Biosfera entre 1998 y 2000 fue reconocido a nivel internacional y representó un hito para las reservas de biosfera a nivel mundial, al convertirse en ese momento, Seaflower, en la de mayor tamaño a nivel marino.

Los parques rgionales y las AMP

Sin embargo, su consecuente implementación, que en principios se vio como una responsabilidad exclusiva de la entidad, y la carga que esto implicó impulsó a Coralina a desarrollar proyectos ambiciosos y a gestionar millones de dólares a nivel internacional para no dejar en el papel, los sueños, ni la visión colectiva construida con la comunidad, las instituciones y los sectores económicos.

Así se logró crear los tres parques regionales: The Peak, Johnny Cay y Bahía Hooker, y también el área marina protegida Seaflower, la más grande de su tipo en el Caribe y la séptima más extensa en el mundo en su momento. También es dable mencionar la batalla titánica dada entre instituciones y sociedad para la defensa del archipiélago contra la explotación de hidrocarburos.

Paralelamente, se fueron desarrollando una serie de herramientas de gestión de los recursos, tales como el Plan de Manejo de las Aguas Subterráneas, el Plan de Manejo de la Cuenca del Cove, estrategias de control de especies invasoras, etc. Importante y visionaria entonces, la prohibición de las bolsas plásticas, ya que muy pocas instituciones y gobiernos a nivel mundial habían dado tal paso.

Transformar prácticas cotidianas y formas de usar los recursos no es una tarea del corto plazo, esto lo entendía la institución y por eso concentraba muchos esfuerzos en la educación y sensibilización ambiental, esfuerzos que dieron sus frutos con acciones de participación comunitaria de las que se podrían citar muchos ejemplos, pero eso será tema de otro artículo para no desviarnos del objetivo de esta columna.

Implementar estrategias implicaba no solo recursos financieros sino también la transformación de la sociedad insular en su conjunto y el cambio de políticas e intereses del centro del país hacia el modelo de las islas. Pero aún sin haberlo anticipado, situaciones externas a la gestión de la entidad vendrían a impactar el trabajo dedicado y sostenido de Coralina.

Debilitamiento institucional

El debilitamiento del instrumento de licenciamiento ambiental a nivel nacional para el contexto insular, construir un hotel o una bomba de gasolina ya no requería de una licencia ambiental, solo un plan de manejo. Sumado a ello, el posterior fallo de La Haya sobre el territorio marino, derrumbaron muchos de los sueños de aquel entonces, generaron desesperanza en sectores tan comprometidos como el pesquero, los buzos deportivos y un cierto tipo de turismo.

Es como si muchos procesos hubieran quedado congelados en el tiempo para luego despertar a otra realidad. Proceso similar al de los años 80s, cuando después de una tutela que prohibió las construcciones en la isla, llegó la masificación de las construcciones sobre el frágil ecosistema insular, la proliferación de residuos y una isla de escasos 27 km cuadrados que recibe más de 1 millón de turistas al año. Así se ha transformado la visión nuevamente especialmente para San Andrés, pero dicen que a todo mal le llega su cura.

En hora buena llegó Covid-19. Lo digo, con mucho respeto y sin ánimo de ofender a los que han padecido circunstancias adversas por su culpa, pero el archipiélago puede verlo como una posibilidad y no una debilidad. Es una oportunidad para alertarnos que podemos cambiar el rumbo de nuestro presente y no seguir el recorrido desenfrenado de “just business as usual”.

Nos muestra que es imperativo hacer un alto en el camino con decisión, levantar la mirada y proyectar una nueva visión para las islas que pueda transformar la tendencia nefasta hacia su destrucción y no solo del medio ambiente, sino también de la sociedad. De seguir así, cada día nos alejaremos mucho más del modelo de desarrollo sostenible trazado hace más de dos décadas.

Y como otros isleños y residentes, hoy pregunto: ¿Por qué muchos de los estudios técnicos de Coralina y las visiones conjuntas construidas, no han sido tenidas en cuenta para implementar con decisión la ruta de desarrollo sostenible para las islas?, ¿Por qué se insiste en continuar con la masificación del turismo?. ¿Por qué la institución aún se ve obligada a gestionar recursos para su supervivencia después de 25 años? ¿A quién o a quiénes les conviene el debilitamiento de la institución?

Pero yo soy optimista por naturaleza, y creo en que seremos capaces de lanzar esa nueva visión. Con compromisos y responsabilidades de otro tipo, porque no se puede dejar toda la carga a una de las piezas de este rompecabezas. El momento es ahora. Ya no hay espacio para cometer más errores.

Un abrazo ambiental para la gran familia Coralina.

 

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