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El tiempo de los ojos

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NADINLa hegemonía del tapabocas en estos tiempos de coronavirus nos ha obligado a vernos a los ojos, como nunca antes. Una mirada es hoy nuestra carta de presentación. La expresividad, la fuerza, la ironía, el escepticismo, la agresividad, la amabilidad y todo el cariño del que es capaz el ser humano, sólo tienen cabida en estos momentos a través del lenguaje de los ojos. 

Las dos miradas que se encuentran en las filas que nos está dejando la pandemia en los supermercados, centros comerciales y las aceras, se están convirtiendo en la nueva forma de comunicación más relevante. Con una mirada estamos siendo capaces de realizar multiplicidad de cosas, como una señal a alguien o comprobar un asunto o situación en concreto.

En la calle, los ojos ostentan hoy la condición de ser el único referente visible de nuestro rostro, y por ende de nuestra identidad personal. La nariz, el lunar, la verruga, los pómulos, que han sido por siempre rasgos definitivos para el reconocimiento de una persona en particular, ya no están a la vista de quien quiera escudriñar. De manera que si unos ojos parecen conocidos, será necesario tomarse el trabajo de mirar fijamente para averiguar si corresponden a la persona imaginada. O simplemente no mirar para evitar un desastre.

Las miradas se han cargado de palabras y la voz se ha visto apocada. En vez del blanco de los dientes vemos el color de los ojos al sonreír; mirar bien por dónde se camina se ha vuelto el único modo de hacerlo sin tropiezo pues resulta casi imposible dejarse llevar por el olfato limitado por el barbijo, como solíamos hacer en ciertos casos.

Ahora, darse cuenta que alguien nos está mirando es sencillo. Y a las personas que miran les cuesta más no admitirlo. En gran medida, pasar desapercibido es comparativamente fácil en esta época y permite invertir mucho tiempo vagando por los parajes de la ciudad, en especial, simplemente mirando el panorama, viendo cómo es el mundo y la manera cómo da vueltas sin parar. El transeúnte hace el camino más rápido, elude sin condena la curiosidad manifiesta, y puede guardar la mirada para la ocasión que quiera.

En nuestros días, la luz y las imágenes que caracterizan el mundo actual entran solo por los ojos; el sigilo de la mirada logra lo que el escándalo de la voz espanta, pues, "cuando tienes ojos, no necesitas decir casi absolutamente nada", como escribiera el poeta y novelista noruego, Tarjei Vesaas.

Con una mirada podemos infundir temor o ánimo, según lo deseemos. Algunas miradas son tan fuertes que pueden derribar o construir muros. Abrir o cerrar puertas. Y dialogar sin que nadie se dé cuenta. Sería fabuloso entonces si en adelante que pudiéramos hacer y resolver todo con una mirada.

No habría necesidad de armas, violencia física, ni de limitaciones para solucionar los problemas y lograr los acuerdos fundamentales que permitan la convivencia pacífica que las palabras "llenas de falsedad o de arte", como dijera Shakespeare, no han logrado del todo hasta el momento.

Sumativo.- "Hay un camino entre los ojos y el corazón que no pasa por el intelecto": G.K. Chesterton.

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Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresen.

 

Última actualización ( Sábado, 27 de Junio de 2020 06:40 )  

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