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Amenazas y oportunidades

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OSWALDO.SANCHEZConcluida la Misión del Maestro –Consummatum est–, empezó la de sus discípulos: “Vayan por todo el mundo, anuncien la Buena Noticia a toda la creación”. Y, obedientes, se dispersaron por Judea, Samaria, y hasta los confines de la tierra.

Esa Buena Noticia –Evangelio– no se refiere a cualquier noticia, sino a aquella con la fuerza suficiente para cambiar la existencia de quien la recibe y apropia. Así las cosas, cuando alguien nos recuerda la bondad y riqueza de la Creación, nuestros derechos sobre ella, pero, igualmente, nuestras obligaciones, estaríamos hablando de una Buena Noticia que se predica para convertirnos y cambiar nuestras vidas.

En este punto, digamos que todos concordamos, sin importar los conceptos que se tengan sobre el origen de la Creación, con el Escritor cuando afirma que todo lo creado “era muy bueno”. También hemos de coincidir que prontico el hombre se olvidó de ello y como corsario se lanzó contra la Naturaleza en plan de saqueo a sangre y fuego. Y ahí está el mundo que hoy tenemos y vivimos, incluido el bendito Coronavirus.

Como nuevos apóstoles ('enviados') de esta Buena Noticia de la Creación podríamos citar, entre tantos, al ingeniero químico mexicano José Mario Molina Pasquel y Henríquez, codescubridor de las causas del agujero de ozono de la Antártida y su valentía al denunciarlo ante la comunidad científica, las autoridades públicas y los medios de comunicación, pues “sabíamos –dice– que ésta era la única forma de asegurar que la sociedad tomara algunas medidas a fin de reducir el problema”.

Otro a mencionar es el cantante británico Sting, testigo presencial de la destrucción de la selva amazónica y el nefasto impacto en la vida de las comunidades indígenas que la habitaban, y que ayudó en la creación de ‘The Rainforest Foundation’, buscando la restauración de la selva amazónica. Muchos más, hombres y mujeres, engruesan la lista de estos mensajeros del cuidado de la Naturaleza. Pero hay uno de quien es inevitable hablar: el argentino Jorge Mario Bergoglio, el Papa Francisco.

Su Encíclica Laudato si, dada a conocer durante la Solemnidad de Pentecostés del año 2015, “se centra en el planeta Tierra como lugar en el que viven las personas, defendiendo la naturaleza, la vida animal y las reformas energéticas”. El nombre de la Encíclica proviene de las primeras palabras del poema franciscano de la Italia medieval ‘Cántico de las criaturas’.

El Papa llama al planeta Tierra: 'nuestra casa común', la cual estamos obligados a cuidar. Urge a la ‘familia humana’ que la proteja buscando un desarrollo sostenible e integral, pues a pesar del daño causado las cosas pueden cambiar, si llegamos a las causas de la actual situación y no nos quedamos en los síntomas.

Para el Papa el problema ambiental tiene mucho que ver con la pobreza de pueblos y personas, pues “Ya se han rebasado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza”. Y lo plantea así, porque el Papa sabe que este Nuevo Evangelio debe llevar al cambio de comportamientos y actitudes.

No podemos seguir siendo tan folclóricos con el Medio Ambiente, ni seguir dejando pasar con más pena que gloria cada 5 de junio, fecha para conmemorar el Medio Ambiente, y día en que los gobiernos y la Escuela deberían estar llamando a toma de conciencia por el daño ocasionado al atentar contra la Creación.

Necesitamos una nueva ética ambiental y una nueva concepción de valores morales que regulen nuestra relación con los recursos ecológicos, ya que su destrucción y sus consecuencias son moralmente reprobables (pecado ambiental) tanto para creyentes como para agnósticos.

El Nuevo Testamento nos habla del Jesús terreno y de su relación tan concreta y amable con todo el mundo. “Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y, sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta”.

El quinto aniversario de la Encíclica Laudato si’ (16 a 24 de mayo), se dedicó no solo a recordar el documento sino a pregonar nuestro cambio de actitudes y comportamiento. El Papa nos cuestiona: "¿Qué tipo de mundo queremos dejar a los que nos sucedan, a los niños que están creciendo?". Los gobiernos, la comunidad, la Escuela deberían responder.

Esta catástrofe ecológica, junto a la pandemia que nos agobia “dejan al descubierto las profundas injusticias de nuestras sociedades y ambas se resolverán sólo a través de un esfuerzo conjunto que apele a nuestros mejores valores comunitarios”.

Por ejemplo, el turismo tiene varios componentes (ambiental, tecnológico, cultural, antropológico y educativo), no solo el económico, de modo que mientras no se hagan esfuerzos integrales que involucren todas las formas de vida de esta casa común, no vamos a estar nunca listos.

 

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