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A los Bachilleres

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OSWALDO.SANCHEZApreciados Bachilleres, parabienes por su graduación y culminación de estudios. Ahora que dejan los claustros escolares para emprender una nueva vida, lejos de sus maestros que los vieron crecer, que les alimentaron sueños y les proporcionaron el bagaje idóneo para transitar seguros y confiados los caminos no siempre fáciles que les depara el Destino.

Ahora que muchos dejarán los hogares que les brindaron el calor de una familia, amor y protección; ahora que algunos de ustedes gozarán del selectivo privilegio de cursar estudios superiores, y que para hacer realidad ese sueño dejarán su tierra, sus amigos, calles y parques que los vieron hacerse hombres y mujeres para adentrarse en otras comunidades y costumbres, permítanme decirles unas palabras tal vez extrañas y quizás duras.

Allá encontrarán una juventud (jóvenes como ustedes) contestaría y vociferante como aquí nunca han visto que para descubrir la verdad encapuchan sus rostros y para recibir respuestas a sus quejas queman, hieren y grafitean sin miramientos ni consideraciones.

Reclaman calidad universitaria pero no reparan que la calidad no se vende ni se reparte, se adquiere con disciplina y perseverancia, oyendo a quienes los orientan y guardando como preciado tesoro el legado de los mayores. No habrá calidad académica alejados de los libros y la lectura, es imposible alcanzarla si no sabemos leer ni escribir. Si no sabemos preguntar y menos escuchar. ¿Cómo reclamar calidad académica si se queman las aulas y hacen invivible el ambiente escolar?

Si nuestro Departamento ocupó el año pasado el puesto siete en los resultados SABER 11 entre ocho Departamentos de la Región Caribe, y la Educación Pública está superada ampliamente por la Privada bien puede tener varias causas; pero lo que sí no se debe desconocer es que los estudiantes también estaban ahí, pero no “en la jugada”, como se dice coloquialmente.

Tanto el país como nuestro Departamento han tenido por mucho tiempo generaciones de jóvenes frustrados por falta de oportunidades, especialmente por falencias en la educación que no les han permitido acceder a estados más dignos y propicios. ¡Cuánto ha costado al país y a estas ínsulas el despilfarro de tanto recurso humano! Anualmente reciben unos cuatrocientos jóvenes de manos de Rectores, padres de familia y de autoridades su Diploma de Bachiller que los acredita para encarar auspiciosamente los retos de los estudios superiores. ¿Y es así?

Diploma que certifica que la Escuela los ha formado como hombres y mujeres de valía, aptos para el trabajo y equipados con la suficiente personalidad como para contrarrestar los embates de este mundo vertiginoso, cambiante y ajeno a la vida insular. ¿Y es así?

Para ustedes, queridos bachilleres, al igual que para otros tantos en el pasado inmediato, se acabaron los juegos y haciendo coro con el grupo Los Prisioneros cantarán sin que muchos se detengan a escucharlos: “Únanse al baile, de los que sobran/ Nadie nos va a echar de más/ Nadie nos quiso ayudar de verdad”.

Es amargo reconocer que tantas ilusiones y tantos sueños no hayan sido más que eso: ilusiones y sueños. Y sigue el canto: “Nos dijeron cuando chicos/ Jueguen a estudiar/… Y no fue tan verdad, porque esos juegos al final/ Terminaron para otros con laureles y futuro/ Y dejaron a mis amigos pateando piedras/ Ellos pedían esfuerzo ellos pedían dedicación/ ¿Y para qué?/ Para terminar bailando y pateando piedras”.

Sí, queridos jóvenes, al final unos pocos gozan y ven un futuro promisorio; otros (los más) siguen viviendo sueños azarosos y no exentos de dificultades y barreras harto difíciles de franquear; algunos más quedaron a la vera del camino y a la meta anhelada nunca llegaron. ¿Qué fue de ellos, qué es de ellos, qué será de ellos? Tal vez son esos que se quedaron “pateando piedras”, sin una mano amiga que los levante, ni una voz que los aliente.

En la velada final no valen las disculpas ni el “fueque-que-fueque”, ahora a templar el alma y reiniciar el camino con lo poco o mucho con que llenaste tu mochila de viajero durante tu tránsito por las aulas escolares, teniendo en cuenta estas palabras de uno de nuestros mejores y más cabales deportista, Rigoberto Urán: “Se sufre y se disfruta. La verdad he aprendido mucho en la vida y trato de que mi felicidad y estabilidad no dependan de los resultados, así llegue atrás o adelante. Disfruto montar en bicicleta”.

Felicitaciones, joven Bachiller, un aplauso y un brindis: lo mereces; pero no pares aquí, el camino apenas empieza.

COLETILLA. Uno de los alegatos sustentadores del pasado paro nacional es el incumplimiento del gobierno a los acuerdos que firmó con Fecode (¿cobrando la promesa incumplida de Santos de desmontar la retención del 12% de la pensión?). ¿Alguien recordará por qué se dio “la gloriosa y heroica Marcha del Hambre” en 1966?


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