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La pesada carga del nuevo Gobernador

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HAROL.BUSH2El nuevo Gobernador lleva encima una carga pesada por las expectativas de cambio trazadas en su programa de gobierno que prometió un ‘Nuevo Comienzo’, a través del cual asume el compromiso de devolver esperanzas de gobernabilidad, transparencia y progreso después de la crisis.

Y todo bajo fuerte presión y expectativas de unos isleños mucho más desconfiados de la capacidad de entrega y rectitud de sus líderes políticos y sociales locales y de su Gobierno Nacional.

Las expectativas de saber qué se hará se balancean en la cabeza de cada isleño con las pesadas memorias del pasado, un estresante escepticismo y el entusiasmo de las esperanzas.

Lo nuevo del ‘Nuevo Comienzo’ se sabrá dentro de poco con hechos y políticas concretas. El diablo, o la miel, como dicen, entrará a vislumbrarse en los detalles y en el nuevo equipo de Gobierno.

Un amplio margen de maniobra

La realidad política puede dictar muchas cosas y del dicho al hecho aún hay mucho trecho. Algunas cosas atan las manos pero las ganas de cambio debe siempre ser la brújula. 

La carga es aún más pesada por la estructura financiera, compromisos políticos detrás de toda campaña política y la dependencia en la Asamblea, donde más se podría observar la continuidad, a veces disfrazada de novedad.

Sin embargo Hawkins inicia su mandato con un muy amplio margen de maniobra, legitimidad y alta popularidad que debe aprovechar rápidamente y al máximo para impulsar su programa de cambios.

Su claro pero no contundente mandato popular (47% no votaron por él) y un programa acertado, incluyente y prometedor, aunque no específico, le podría facilitar las cosas.

Su oratoria y su experiencia también le favorecen. Como también su capacidad de conectarse tanto con la clase política como con la opinión pública y de unir a las dos, algo que ha facilitado su intento de volver a unir a los isleños tras unas elecciones muy divisorias que han dejado moretones.

Correctamente ha evitado un despliegue de triunfalismo y ha sido cuidadoso en no generar muchas expectativas, pero sí dejando claro que la crisis no es cosa menuda y no sólo política sino multidimensional.

Ello le mejora su margen de acción y le dará una salvaguardia argumentativa y cierto blindaje político. También lo hace su acercamiento a un incipiente populismo con su evidente cortejo a sectores populares (un retorno a los ochentas, tipo Ben Levy), al poner a los más necesitados como eje central de sus posibles acciones.

Los grandes retos

Hay una línea de tensión entre la articulación de una gobernabilidad más manejable que deberá aspirar a tener para entregar el cambio prometido, y los intereses y poderes tradicionales partidistas y económicos que le ayudaron a ser elegido, atrincherados en la Asamblea.

Esa articulación es de sumo cuidado porque fue lo que hundió a los dos Gobernadores anteriores y precipitó la actual crisis. La destreza política de Hawkins estaría en balancearlo todo.

A su favor están también las expectativas de cambio –incluso de esos intereses y poderes– y la coyuntura reciente que ha dejado muchas lecciones de cómo evitar otro quiebre político, una gobernabilidad inadecuada y una corrupción descabellada.

Pero además de destreza política, necesita más apoyo institucional de las entidades de control y del Gobierno Nacional. Se ha descuidado la atención penal necesaria para liberar a la administración pública de sus manzanas podridas. Fiscalía y Procuraduría crearon fama pero luego se echaron a dormir. La Contraloría aún está en hibernación administrativa.

Por otro lado, debe Hawkins rodearse de personas de un limpio nexo con el pasado y con asesores independientes. Algunos son de muy alto calibre. Otros no tanto. Preocupan señales contradictorias de cambio que emite su equipo formal e informal de empalme que incluye caras conocidas y nuevas, algunos con investigaciones pendientes y hasta sanciones a cuestas.

Debe además limpiar unas instituciones locales peligrosamente cercanas a redes destinadas a la corrupción y a otras actividades ilegales como lavado de activos, exportación de drogas e importación de armas que nutre la inseguridad que el prometió atacar.

Para nadie es un secreto que el crimen organizado interactúa y recibe respaldo de políticos y funcionarios corruptos.

Oportunidades de liberación política

Su mandato popular le podría permitir liberar, o por lo menos aflojar, el dominio partidista y así montar un esquema de gobierno más tecnocratático, y no centrado en asegurar una maquinaria electoral dañina con fines partidistas y no comunitarios, que es –además– lo tradicional: primero la supervivencia política y los contratistas, luego la comunidad. A menos, claro está, que desee preparar el terreno para otras arenas políticas en el futuro.

Sus tres líneas de trabajo de ser incluyente y participativo con énfasis en desarrollo social son un gran activo y, desde luego, atractivo.

Su programa de ‘Un nuevo comienzo’ prepara el terreno para una mayor participación y posible escrutinio, pero no control ciudadano directo: asegura que sus decisiones ‘van a ser consultadas con (su) equipo de trabajo y la comunidad insular’.

Ello sugiere que con decisiones difíciles podría no correr el riesgo de desgastar su capital político y de paso fortalecer el proceso democrático y su popularidad si son puestas a consulta popular, como el tema de las construcciones que vuelve a tener significado político.

La búsqueda de respaldo institucional en todas las comunidades es una movida estratégica de inspiración electoral, aunque favorece la cohesión social. Sin embargo, una posible ‘víctima’ podría ser la cuestión raizal, algo que le puede generar dolores de cabeza, por el rechazo a un énfasis en minorías: su programa asegura que no se concentrará ‘en el fortalecimiento de ciertas minorías’, sino en un gobierno para todos…

Una ventaja de no ser específico en su programa de gobierno es poder argumentar que abarca todo y no queda atado a algo particular. Esto permite modificar, quitar o adicionar, pero también improvisar.

Todo lo cual no da tiempo a la opinión pública para emitir juicios y se corre el riesgo de ser visto de muchas expectativas pero de poca profundidad, sin planes concretos y sin caminos definidos. Esto no sería algo tan novedoso. Las islas están a la expectativa y observarán con lupa cada movimiento que se haga.

*Este artículo obedece a la opinión del columnista. EL ISLEÑO no responde por los puntos de vista que allí se expresen.


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