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Libre desarrollo de la personalidad

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OSWALDO.SANCHEZDesde la aparición de la Ley 115 de 1994, también conocida como Ley de la Educación, el tema del ‘Libre desarrollo de la personalidad’ está en la palestra educativa, como que es uno de los fines de la Educación en Colombia y moldea la vida escolar.

25 años debieron bastar para saber qué es, cómo manejar y conocer las consecuencias de ese derecho fundamental. Pero me temo que no ha sido así. La CPN en su artículo 16 predica que en Colombia “Todas las personas tienen derecho al libre desarrollo de su personalidad sin más limitaciones que las que imponen los derechos de los demás y el orden jurídico”.

Pues bien, este derecho fundamental se puede definir como “el reconocimiento que el estado hace de la facultad natural de toda persona a ser individualmente como quiere ser, sin coacción, ni controles injustificados o impedimentos por parte de los demás”.

Y aquí vienen los primeros escollos que las autoridades educativas (entiéndase Rector, Coordinador, Docentes) tienen que encarar sin la debida preparación, apoyo y menos respaldo de parte de otros “jefes” de mayor rango. Y sin mayor y fundado criterio cada Institución Educativa (IE) ha ido construyendo sus propios miedos al respecto, presionadas por el fenómeno que César Coll identifica como la “des-responsabilización social ante los temas educativos” pasándose de una responsabilidad compartida que asume la sociedad en su conjunto, a ver en el sistema educativo formal “el responsable directo de todos los problemas relacionados con el desarrollo y la socialización de las nuevas generaciones y, al mismo tiempo, como fuente y origen de las posibles soluciones a estos problemas”.

La CPN habla del “libre desarrollo de la personalidad” y el primer fin de la educación del “pleno desarrollo de la personalidad”. Aquí no puede entenderse que “pleno” (completo, lleno, atestado, abarrotado, henchido, rebosante) sea sinónimo de “libre” (independiente, autónomo, emancipado, soberano, franco, dispensado, exento), y la Escuela no puede desconocer motu proprio lo que ordena la Constitución. La Ley induce al error y esto es otro escollo.

¿Una persona es libre: cuando hace lo que le viene en gana o cuando hace lo que es correcto para sí, para los demás y para el entorno? Solo una persona inmadura (y eso son los jóvenes, aunque los hay adultos y más viejitos, obreros o togados, estrato 6 o estrato 1) cree que la libertad radica en hacer lo que se le ocurra y quien no acepte eso es un tirano que coarta su libertad.

Se nace libre, pero la Educación enseña a ser libre. Como dice Ángela Marulanda, los niños “realmente libres son dueños de sí mismos y no son sus apetitos sino su voluntad la que rige sus actos; los que viven, no en base a lo que les dictan sus instintos, sino conforme a sus valores y creencias; los que tienen ideales nobles y no quieren perjudicarse ni perjudicar a nadie; los que pueden autocontrolarse y obrar de acuerdo con lo que es sano y apropiado”. Y eso se aprende acatando normas. ¿Por qué las “altas cortes” tienen otra lectura?

Ya en 1793 exclamó Marie-Jeanne Roland, camino al patíbulo "¡Oh Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre!".

Para Humberto Benavides López (Abogado, Catedrático, Asesor y Conferencista) desarrollo “Es hacer pasar una cosa del orden físico, intelectual o moral por una serie de estados sucesivos, cada uno de ellos más perfecto o más completo que el anterior”. Y para el doctor Emilio Ribes Iñesta, barcelonés nacionalizado mexicano, profesor visitante en seis universidades de América Latina, ocho en España y seis en México, autor y “reconocido en el mundo por sus aportaciones a la investigación sobre la teoría del conductismo”, el “desarrollo” sienta sus bases en la cultura y la crianza y lo “define como transiciones, en el sentido de relaciones secuenciales entre procesos a lo largo de un continuo progresivamente más complejo de interacción, que facilitaría la ‘emergencia’ de nuevas formas de organización de conducta”.

¿Cómo se puede afirmar que un niño se está “desarrollando” si se le permite que haga lo que le plazca y su actuar no tiene consecuencias?

Finalmente, sería bueno saber si solicitar y esperar del estudiante ciertas manifestaciones exteriores de acatamiento a unas condiciones escolares pueden calificarse de solicitudes injustificadas; ¿por qué una IE quebranta el ordenamiento constitucional y legal al decirles a sus estudiantes y esperar su acatamiento de cómo, cuándo y dónde debe presentarse? ¿Será posible saber quién y por qué tiene la potestad de definir qué son “controles injustificados” en materia educativa?

En este tema son más creíbles Ángela Marulanda, Humberto Benavides y Emilio Ribes que a todos los togados juntos. Sin embargo, es menester acatar la autoridad terrena así no se compartan algunas decisiones en cuestiones educativas y se tiren la Escuela.


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