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La cuestión raizal y el bicentenario de Colombia

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HAROL.BUSH2Con el arribo a Providencia de Luís Aury el 4 de julio de 1818, hace 201 años, llegó por primera vez una estabilidad político-administrativa a nuestras islas que culmina con su incorporación a la Gran Colombia el 23 de junio de 1822, hace 197 años. Las dos fechas cobran un mayor significado este año por la celebración de los 200 años de la independencia de Colombia.

Ahora bien, la cercanía a las ‘fiestas patrias’, más los desafortunados y recientes asuntos de financiación de Emancipation Week –con todo y la alta importancia que conlleva esta última conmemoración para la historia local–, obligan a reflexionar sobre muchas cosas. 

Las celebraciones bicentenarias deberían de hacerse siendo justos con los protagonistas que hicieron posible los hechos que se celebran y, de esta forma, resaltar los diferentes procesos que la hicieron posible, así como el aporte a la nación de sus diferentes pueblos y culturas.

Sin embargo, no es así con Luís Aury, quien desde las islas aseguró el control naval en el Caribe occidental para limitar los refuerzos españoles y así sellar los espacios militares para la campaña libertadora, haciendo posible colombianidad de las islas; no obstante sus restos aún yacen perdidos y sin interés oficial manifiesto –o investigación en su paradero en curso– tras su hurto de Fort Warwick.

Tampoco se es justo con los isleños históricos. La indiferencia y el abandono mostrado hacia ellos inmediatamente tras la incorporación de las islas a Colombia, se sigue dando hacia nosotros sus descendientes raizales. Para Colombia, hace 200 años como hoy, parecen importar más las islas que su gente.

El trato oficial en muchos aspectos no ha cambiado en 197 años de colombianidad en las islas, pero sí dramáticamente el espacio y el perfil sociocultural, y con ello las perspectivas de supervivencia de la población histórica ante los retos que enfrenta, algo que no se atiende a pesar de múltiples promesas, un mandato constitucional específico, y órdenes legales de hacerlo.

Los sucesos que desencadena la llegada de Aury jugaron un doble papel importante: en asegurar las islas para Colombia como también la configuración y consolidación del pueblo étnico-histórico isleño (más tarde llamado raizal).

El arraigo en las islas de este pueblo es ayudado por la estabilidad de la incorporación a Colombia y al mismo tiempo al hecho de que quedaría libre de influencias de esta nueva nación latina muy distinta y distante que prácticamente lo deja abandonado por los 100 años siguientes, algo que le sirvió para consolidar su excepcionalidad como pueblo con identidad y cultura propia. 

Celebrar lo nuestro  

El primer intento de ‘integración’ (u homogenización) direccionado a principios del siglo XX a través de la educación en español y la religión católica, da inicio a los primeros conflictos políticos y culturales entre el país y la comunidad raizal. 

Ese interés en moldear la identidad raizal hasta el día de hoy no coincide con una mayor preocupación por nuestro bienestar social y económico. Se intentaba volver colombianos a los habitantes, no mejorar su situación socio-económica, algo que tiene paralelos con lo que pasa hoy día.

No sorprende por lo anterior que haya un significativo porcentaje de isleños que no se sienten colombianos. Por esto y por el contexto histórico isleño y la presente crisis, la celebración del bicentenario parece algo incongruente y ajeno a las islas. 

Aunque se debería de marcar, deberíamos también celebrar o conmemorar nuestras propias fechas históricas, y enseñar nuestra historia en las escuelas y colegios, como hacen otros Departamentos. Es tiempo de destacar nuestra rica historia y no dejarla opacar por la nacional que en muchos aspectos nada tuvo que ver con nosotros.

Las islas y los 200 años de la independencia 

Una reinterpretación de la historia isleña, apunta a hechos distintos a los hasta ahora aceptados como parte de nuestra ‘historia colombiana’, lo cual otorga una perspectiva distinta al bicentenario en el contexto insular. Los hechos del 4 de julio de 1818 y del 23 de junio de 1822 pudieran haber señalado un camino distinto para las islas. En este aspecto sobresalen cuatro aspectos: 

1. Hubieran podido ser incorporadas a otro país, si Aury y su gente lo hubieran decidido. La fluidez de la pertenencia tiene como claro ejemplo a las vecinas Corn y Little Islands, también colombianas en esa época, pero que eventualmente entraron a la órbita de lo Estados Unidos y luego a ser de Nicaragua.

2. La adhesión a Colombia no fue voluntaria ni pactada. Las fuerzas militares ‘ocupantes’ deciden la cesión o enajenación a través de un acta firmada en su mayoría por ellas mismas, algo que desde Bogotá se ordenó. Fue un acto de poder, con efecto legal, y no algo democrático de libre determinación de los isleños. 

3. En los dos aspectos anteriores tuvieron gran incidencia los intereses de las fuerzas militares de ocupación. Querían estabilidad y un buen futuro debido a los reordenamientos que se estaban dando en un Caribe dinámico y efervescente por las guerras de independencia. El archipiélago fue utilizado como ‘moneda de cambio’ para lograr las dos cosas.

4. Las muy reducidas opciones de los súbditos británicos asentados en las islas bajo una ocupación militar –a nombre de Simón Bolívar–, y el poco interés de Inglaterra u otro país en las islas, los dejaron débiles para decidir. Después de todo, habían llegado a cultivar y a comerciar, y claro está, querían asegurar la continuidad de sus inversiones. 

Estos mismos británicos informarían a su país de origen –existe documentación– de que Colombia en efecto tomó posesión del archipiélago el 23 de junio de 1822.

Pero al poco tiempo también reportarían de que el nuevo país les prestaba poca atención y los tenía abandonados, algo que paradójicamente les sirvió para desarrollarse como un pueblo distinto con características caribeñas; lo cual Colombia trata de modificar a través de la asimilación cultural como proyecto de ‘unidad nacional’ comenzando alrededor de 1900 y puntualmente con la creación de la Intendencia Nacional de San Andrés y Providencia a través de ley 52 de 1912.

¿Valió la pena?

¿Qué hay para celebrar? Ha habido muy serios desequilibrios sociales, culturales ambientales, políticos y económicos que nunca fueron atendidos adecuadamente y hoy tienen a las islas en su peor crisis. De allí que muchos aún se preguntan para qué le ha servido a las islas y a los isleños raizales y no raizales ser colombianos. 

Luís Aury, quien inició el proceso que llevaría a las islas a ser colombianas, tal vez se preguntaría lo mismo. 


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Última actualización ( Martes, 09 de Julio de 2019 17:25 )  

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