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Prudencio en un archipiélago vulnerable

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JORGE.SANCHEZA pesar de llevar el nombre de un poeta cristiano del siglo IV d.C., nuestro personaje no lo es; ha sido hombre de mar como muchos de los nacidos en San Andrés desde que tiene memoria. Él como buen marino, observa cómo su isla se ha vuelto mucho más vulnerable a los efectos del cambio climático.

Prudencio recuerda con nostalgia las palabras del notable Ashkelon Francis, más conocido como ‘Capitán Bye’, cuando afirmaba que “al viento no se le ofrece resistencia porque lo derriba a uno como un muro”.

Afirmación que entra en choque con la modernización que sufre North End, desde Carpinter Yard hacia Chapman Point, llegando hasta Sarie Bay; donde grandes bloques de edificios contravienen leyes de la naturaleza, en una región oceánica que mal adoptó estilos continentales.

En el agradable balcón de su casa, construida en madera sobre zancos de concreto cerca de los años cuarenta, deleita un mint tea acompañado del tradicional-journey cake con guaba jelly, mientras menciona mejores viviendas de ese entonces; como la legendaria casa de míster Arthur May, ejemplo de una arquitectura llena de sabiduría ancestral o la de mr. Robert Forbes, en cercanías del humedal contiguo a la hoy llamada cancha del ‘guángaro’.

“Nunca se construía sobre humedales; las casas en sus cercanía utilizaban estos zancos para que, en caso de inundación, no fuesen afectadas severamente. No sé qué pasaría con la llegada de una manifestación ciclónica; eso me preocupa bastante”, comenta Prudencio.

Y es que esta norma natural quedó en el olvido, ante la creciente necesidad de construir soluciones habitacionales, tal vez… Y por eso, ante un espacio considerable de lluvias, sectores como el de Natania, con casas construidas en humedales, pared contra pared, y techos de tejas sujetas con ganchos que al pasar el tiempo se oxidan, sufren graves afectaciones en épocas invernales.

La realidad nos indica que el nivel de vulnerabilidad se incrementa exponencialmente por factores como sobrepoblación, hacinamiento, sistema de alcantarillado deficiente o inexistente, entre otros más; aunque la mayor debilidad radica en la falta de planes de contingencia asentados en la base de la pirámide, es decir, en las comunidades.

Una vez iniciada la temporada de huracanes (el primero de junio de cada año), sin necesidad de consultarlo mucho, nuestro amigo Prudencio y ‘Capitán Bye’ sabrán qué hacer cuando los vientos alisios que vienen desde el Este, pasando por costas venezolanas rumbo a las colombianas, se adentren en el Caribe suroriental, fortaleciéndose mientras deciden cuál será su nuevo rumbo.

Prudencio, que no pasó del quinto grado de primaria, ya habrá tomado medidas unos dos meses antes: se aprovisionará de agua, alimentos no perecederos, herramientas multiuso, linterna, un silbato y un maletincito improvisado con algo de medicinas, algodón y gasa. Ah! Y su radio transistor con pilas extra, para oír los reportes oficiales, haciendo caso omiso de los comentarios mal informados o malintencionados…

Lo que no sabe él, es de otras amenazas serias que se ciernen sobre estas pequeñas porciones de tierra en el mar Caribe; el gran conflicto entre la actividad humana y su propia existencia en el planeta, en la denominada era del ‘antropoceno’.

Según lo anotan varios expertos, “durante los últimos 200 años la humanidad ha dejado una huella tan negativa en el medio ambiente, que algunos científicos lo describen como una nueva edad geológica: la era del impacto del ser humano sobre la Tierra: el Antropoceno”.

Cuando se indaga sobre las causas que han provocado la aparición de esta nueva era, se pueden hablar de dos causas principales: el modelo de producción de energía y la forma de consumo de los recursos.

La energía producida a partir del carbón, el petróleo y el gas natural, emite grandes cantidades de gases de efecto invernadero, principales causantes del calentamiento global. De otro lado, el crecimiento de la población demanda mayor uso de los recursos naturales que, hoy por hoy, sobrepasan la capacidad del planeta para regenerarlos.

Más que el anuncio de un pregonero, recorriendo las calles y anunciado el fin del mundo mientras zarandea una campana, se trata de una cantidad importante de profesionales, académicos e investigadores, que presagian grandes impactos sobre la humanidad si no se frena esta situación.

Se pueden tomar dos posiciones: pensar negativamente y esperar la hecatombe que seguro vendrá; o tener una actitud positiva, y no perder la esperanza de que sectores de la humanidad cuentan con la inteligencia y la tecnología necesaria para revertir o mitigar este caos ambiental.

Mientras tanto, cualquier ciudadano raso, como usted o como yo, como Prudencio o tía Consuelo, podríamos esperar que los entes de Gobierno de la mano con la Academia, tracen un rumbo a tomar en caso del coletazo de algún huracán en San Andrés; de un día completo de lluvias; qué acciones comenzar para entender y enfrentar los efectos del llamado antropoceno.

La verdad, yo tampoco lo sé… ¿Lo sabe usted?


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