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Nuestros animales

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FABER.GONZALEZNo son pocas las notas periodísticas en medios digitales e impresos, las discusiones en plataformas de reseñas turísticas y redes sociales de interacción turística que hablan de nuestros animales domésticos. Incluso hay un par de notas de alto alcance en televisión nacional al respecto. Lo alarmante es el común denominador en todas ellas: “maltrato” y “abandono”.

Si bien es cierto que actualmente existe una mayor sensibilidad a las causas animalistas en el País y en el mundo y notas similares se escriben en muchas otras latitudes, la verdad hay un problema asociado al trato que le estamos dando a nuestros animales y esta situación está generando un impacto negativo en la imagen que proyectamos como sociedad y de paso como destino turístico en muchos de quienes nos visitan. Sin embargo, esta es sola una rama de este problema. 

En la cotidianidad, en muchos rincones de estas Islas, con un esfuerzo titánico, muchas personas dedican buena parte de su tiempo al rescate de animales que esta sociedad abandona a su suerte en las calles y en “el monte”. Y con todo el amor y cariño que se dedica en esta noble tarea, simplemente la vida no les alcanza, las manos y los bolsillos no dan para tan gigantesca labor.

Y es que las cantidades de casos son simplemente abrumadores y aunque no existen cifras concretas, nuestros perros y gatos deben superar los diez mil cuanto menos y claramente su inadecuado manejo social e institucional histórico los han llevado a ser hoy expresión en las calles de dos de nuestros peores males: indiferencia social e ineficiencia gubernamental.

No existe la capacidad institucional para atender la gran cantidad de animales callejeros o en abandono y disminuir su alarmante proliferación, ni siquiera aún para frenar este proceso e impedir que siga creciendo su población, pues la velocidad de reproducción de estos animalitos es comparable a la velocidad de la luz si se contrasta con el exiguo número de esterilizaciones por año que se realizan.

Más desoladora es la situación para el maltrato, pues ni siquiera existen todos los elementos institucionales necesarios para que a partir de una denuncia de maltrato se genere una sanción penal y es muy posible que a la fecha no se haya generado la primera sanción en todo el Departamento.

Afortunadamente, el mundo está cambiando y nosotros también estamos cambiando y hoy la sensibilidad por estos seres sintientes es mayor, así como las herramientas normativas que los protegen. Creo que cada vez son más y cada vez serán más, las personas e instituciones que empujarán en el Archipiélago este cambio actitudinal colectivo, ¿y porque no?, llenar, en algunos años venideros, cientos de titulares que hablen de nosotros como un territorio que ama y cuida sus animales.

Y para quienes puedan pensar que este es un problema solo de interés animalista o propósito menor, le podría interesar entonces como el maltrato animal se relaciona con estudios en criminología, así como la relación maltrato animal y la expresión y aprendizaje de la violencia social. En otras palabras, el como tratemos y dejemos que se trate a nuestros animales es un indicador de la clase de sociedad que somos y la clase de sociedad que queremos llegar a ser.


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