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Ética y carácter

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JORGE.GARNICAPermítanme una perogrullada: la isla vive, hoy como ayer, otra histórica crisis. Hace poco escribí en FB: “¿Quieres conocer el verdadero carácter de una persona? ¡Dale un tris de poder!” Unas cuantas personas reaccionaron ante la interrogación y la exclamación.

Pero usted, ¿al encontrarse frente al pensamiento del suscrito, pensaría lo que yo pensé en el momento, o simplemente reacciona con su propia e individual reflexión? Eso no lo sé. Tendría que entrar en su pensar. Imposible.

Pero con el tris de poder en sus brazos, no solamente conocemos su carácter, también sus sueños e intereses, personales, por cierto. Porque una vez asido al poder, es decir, la capacidad de formular, resquebrajar, tomar y ejecutar decisiones, el sujeto en cuestión muestra su verdadera máscara, al estilo de los trágicos griegos, su real persona.

De modo que, ¿qué entiendo por ética, y carácter? No recurriré ni apelaré a mis diccionarios; tampoco al internet. Buscaré y ahondaré, más bien, en mi memoria. En mi antigua y casta memoria.

La memoria, ese instrumento del neocórtex que con frecuencia nos favorece al apelar a ella; pero que también, oh buena naturaleza humana, traicionamos abruptamente sin medida o necesidad, y sólo por la gula del acendrado placer por el poder ; ya sea éste sublimado por el sonante y constante, el sexual, la envidia, el ego, status, nuestras cotidianas, memorables y porfiadas neurosis que todos cargamos como lastres; unas más pesadas que otras, mas no por honor de servir a un paupérrimo pueblo, ni por la gloria de entrar en los inciertos anales, de estas tierras, ni por virtud humana o divina. No.

Mi profesor de filosofía de años ha, decía que la ética era el fundamento teórico de nuestros valores, es decir, nuestros principios axiológicos. En tanto, la moral, decía, es la realización práctica de esos valores y normas, enredados, digo yo ahora, en nuestras reglas y costumbres sociales, que, como laberintos interminables, confunden, aturden y tratan de aclarar a la vez.

En cuanto a carácter que, para algunos, es sinónimo de temperamento y personalidad, es lo que nos diferencia, en esencia, de otras personas; es nuestra marca diferencial ante las circunstancias cardinales del diario acontecer; es la íntima reflexión que nos induce a decir “si” o “no”, con carácter, ante momentos estratégicos. Con el carácter bien fundamentado, decente, íntegro, no manipulamos para fines políticos, ni económicos, ni sexuales, ni sociales, ni religiosos. Con una ética y un carácter depurados, no somos namby-pamby. Lo que ven es lo que consiguen.

Retomemos entonces lo de nuestra crisis que, como toda crisis, es política de orden, naturaleza y de dimensión; porque todas las demás crisis se derivan de ella, de la política, irreduciblemente. Porque todo es político.

Pero ¿qué hemos hecho los insulares, los pobres insulares, para que se nos estén pasando, otra vez, las fétidas y críticas olas, ahora, de nuestra reciente historia por encima de nuestras lóbregas cabezas y es posible que usted, amable lector, quiera formular la pregunta al revés: ¿Qué hemos dejado de hacer?

De todo y con todo, hemos refundido nuestra ética y carácter, tanto individuales como colectivos, en la cloaca más cercana a nuestros pendencieros e irresponsables intereses individualistas. Nuestra recientísima historia confirma lo anterior. Lo estamos padeciendo, aquí y ahora. ¡Y de qué manera! Porque en los últimos años todo ha girado alrededor de nuestros egos individuales.

Si fuera el ego y la ética colectivos; si fuera para el carácter colectivo de estas islas, ¡vaya y venga! ¡Pero no! Todo ha girado alrededor del gran-leitmotiv gubernativo: todo ha de ser mío, sólo para mí y mi tribu. Y al carajo con los intereses colectivos Insulares. Al diablo con la sobrepoblación, con el CEMED, con el CDI de Tom Hooker, con las basuras que pululan por doquier, con la inseguridad, con nuestra educación y salud mediocres, del apesadumbrado internet, etc.

Y a propósito con lo del CEMED y CDI en el sector de Smith Channel: ¿La indolencia y desidia de los gobiernos anteriores y presentes con respecto a ellos es porque el nombre del barrio no suena a colombianismo?

Sino ¿cómo se explica que, en los últimos 20 años, Smith Channel no haya visto ni sido testigo de que ningún gobierno haya TERMINADO obra alguna, no obstante tener un asentamiento poblacional histórico de más de 140 años? ¿Será porque aún no hemos aprendido a bloquear calles con piedras y palos, y quemar llantas como en otros lares de la insula o del muy continental colombiano? Dicen que los dinosaurios no sobrevivieron porque no fueron capaces de aclimatarse ni adaptarse a sus tiempos. ¡Oh tiempos oh mejores!

Así que todos queremos ser gobernador, representante ante la Cámara, diputado, concejal, y otras canonjías que deberían representan ¡SERVIR! al pueblo insular. Lo que no hemos confesado es: ¿Por qué? Muchos se sonrojan al formularles la pregunta.

Nuestras vidas deben servir para algo más grande que nosotros mismos. De lo contrario, habremos vivido una vida mediocre. ¿Y quién desea tener escrito en su última lapida: “Aquí yace uno que fue un mediocre?”


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