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¿Elecciones de cambio o continuismo?

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El vacío institucional, político y de liderazgo generado por los escándalos de corrupción, de momento lo llenan las instituciones nacionales que parecen dictar todo lo que pasa en las islas, debilitando así la autonomía administrativa del Departamento que garantiza la Constitución.

De allí que las presiones de tener a un Gobernador de la terna política hayan sido totalmente ignoradas.

De allí también que haya mucha expectativa sobre los nuevos o renovados rostros que van a recomponer el mapa de la clase política a ser elegida el próximo 27 de octubre y sus estándares personales y profesionales.

Ya se comienzan a ver las caras de los candidatos. El gran dilema que enfrentan es si van a entregar un nuevo modelo de hacer política y manejar la cosa pública en las islas o continuarán en las mismas.

Que nadie de la coalición oficialista haya pedido disculpas a los isleños por los escándalos y que aparezcan como si nada hubiera pasado, organizando sus campañas sin novedades, incluso con algunos políticos muy cuestionados con la esperanza de recuperar espacios perdidos, habla montones sobre posibles cosas por venir.

Pero es fuerte la presión de cambio que ejerce el elector isleño, que no se podrá ignorar, y de allí también que la clase política se enfrenta al reto de romper el círculo vicioso de escándalo tras escándalo y hacer que las islas vuelvan a cierto nivel de normalidad donde se solucionen problemas, se hagan las cosas bien y el diálogo entre políticos, servidores públicos y la comunidad se destaque por propuestas y logros y no por irregularidades.

Para esto último aún avanzan intentos por identificar irregularidades y culpables. La auditoría especial al Plan Archipiélago y al préstamo del BID, la intervención a la Contraloría Departamental y un mayor escrutinio a la Procuraduría y la Fiscalía son acertadas, como también una mejor auditoría a las entidades nacionales porque las irregularidades no solo fueron en las instituciones locales.

¿Luz al final del túnel? 

Sin embargo, el isleño también necesita una luz de esperanza. Las elecciones son la oportunidad ideal para ello pero de momento no arrojan mucho optimismo y se están generando más bien angustias e incertidumbres.

No se observa mucho en términos de cambio generacional, partidista, estrategias o de ideas y los aspirantes tradicionales o nuevos han brillado por su poco protagonismo, desenvoltura y experticia, lo cual sugiere de nuevo un manejo burocrático y métodos tradicionales de captación de sufragios más que la recurrencia al voto de opinión.

Algunos hasta dan por hecho que se pueden manipular los resultados: un alto funcionario de la Alcaldía de Providencia ha dicho que no hay necesidad de elecciones porque un candidato en particular va a ganar.

En vez de expectativas y optimismo al mencionar a algunos candidatos a Gobernador, diputados, Alcalde y concejales, lo que sobresalen son preguntas sobre su rol en la crisis, si realmente cambiarán las cosas o porqué nada dijeron o hicieron mientras literalmente se robaban a las islas.

No lo tendrán fácil. Será implacable el escrutinio a sus pasados y cada una de sus palabras y promesas. La opinión pública se ha vuelto muy exigente, intransigente, poco temeraria, sin protocolos con los políticos. Y no es para menos cuando fueron defraudados y sus sueños de un mejor futuro han sido aplastados o convertidos en pesadillas.

A raíz del sísmico evento causado por los escándalos, de estas elecciones se esperarían muchas caras nuevas y programas revolucionarios, así como un cambio en la forma de financiación de campañas, no pagadas con contratos una vez instalados en sus puestos.

Tal vez por ello hay cierto nerviosismo en los candidatos porque de no invertir dinero en campañas se teme que no saldrán elegidos. Por eso esta será unas de las elecciones mas difíciles y vigiladas de que se tenga memoria por el escrutinio a cada palabra que se diga, a cada peso que se acepte y se gaste por la posible manipulación de los resultados.

¿Y los posibles gobernadores?

Los diputados, algunos que se veían como futuros gobernadores, se han quedado callados porque enfrentan sus propios problemas ligados a los escándalos y no cumplieron su función de mantener los controles y balances al Gobernador. Tampoco han aprobado ordenanzas de impacto. Se esperan cambios radicales.

Los nuevos representantes a la Cámara aún no han logrado pisar fuerte y el resto del año lo dedicarán a tratar de poner al Gobernador. Sus futuros políticos dependen en parte de que logren poner a sus candidatos.

Los candidatos a Gobernador han mostrado mucha timidez en opinar sobre la crisis, pero han permitido entrever posiciones y posibles respaldos económicos. El mutismo o las intervenciones muy calculadas son una estrategia deliberada para no saturar al elector con aspectos negativos del pasado y más bien concentrarse en propuestas hacia el futuro. Pero tampoco convencen en eso.

Primero porque han hecho propuestas llenas de retórica y tecnicismos pero con pocos detalles de cómo convertirlos en una realidad que mejore a las islas.

Segundo, y de mucha preocupación, aún no han indicado que harán para asegurar transparencia, mejor ética en la administración pública y manejo de recursos, tres temas esenciales que exige el electorado a raíz de recientes hechos.

Tercero, no han logrado sacudir asociaciones con pasadas administraciones que precipitaron la crisis. No será tarea fácil en vista de la cuestión ética que será protagonista en las elecciones.

Cuarto, no se muestra intención de desasociarse de ‘financiadores’ que ‘invierten’ dinero en sus campañas, que de algún modo se deberá pagar. Esto podría llevar a otro escándalo similar al actual o por lo menos a unas elecciones viciadas y manipuladas por el dinero.

Quinto, la desconfianza del elector señala incertidumbres para los aspirantes que para no tomar el riesgo de perder podrían recurrir a la compra de votos.

Para el bien de las islas se debería dejar que las elecciones tomen un curso normal sin recursos millonarios y sin compra de votos. Que el voto de opinión decida, como debería ser. Que los candidatos debatan en Teleislas, a través de portales de noticias serios e imparciales y en la radio para que el electorado escoja libremente a quienes prefieren.

Los candidatos podrían también reparar relaciones con el elector y ganar su mayor confianza comenzando con ser totalmente transparentes y declarar el origen de sus fondos y su patrimonio y adoptar un código de ética que vaya más allá de lo poco que exigen las normas actuales. La Nuestras islas, largamente vilipendiadas, se lo merecen.


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