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Hay que afilar el hacha.

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Muy seguramente también hay sentimientos de arrepentimiento por comportamientos indebidos que causaron mal a quienes nos rodean, y que por más que busquemos tapar, no dejan de aparecer haciendo cosquillas en nuestra conciencia. Todo lo vivido en este año lo depositamos ahora en las manos de Dios.

Pero, lo más importante en este momento es mirar hacia el año que llega, hacia el futuro que nos espera; porque de ese tiempo sí podemos ser protagonistas, mientras que del pasado escasamente podemos contar una historia ya escrita e inmodificable.

Una buena actitud para comenzar el año, la vemos en la Santísima Virgen María; A ella, Dios le propuso ser la Madre de su Hijo; ella analizó y aceptó: “Aquí está la esclava del Señor”; cuando su hijo Jesús ha nacido y va creciendo se dicen muchas cosas de él; pero hay algo que se dice de ella que es precioso: “conservaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”.

El corazón de ella se convierte en el lugar donde guarda muchas cosas, de dónde saca también muchas cosas, como la fuerza para seguir y la claridad para saber qué hacer en cada momento. Podemos decir que María Santísima todo lo vivió desde su corazón. Allí estuvo su secreto., tener el corazón muy bien afilado.

Comencemos este año como si fueran a emprender la gran competencia donde definimos el gran ganador de la vida. Es bueno que tengamos actitud de competidores; por eso aprendamos de la “Historia de los Leñadores”

Recientemente tuvo lugar el “Campeonato Mundial de Leñadores” que se celebra todos los años en Canadá. ¿Los finalistas? Un Canadiense y un noruego llamados Peter y Johann respectivamente.

Su tarea era muy sencilla. A cada uno de ellos se le adjudicó un sector del bosque. Aquel que talara más árboles entre las 8 de la mañana y las 4 de la tarde, sería el ganador.

A las 8 en punto sonó el silbato y los dos leñadores se pusieron manos a la obra con destreza. Iban talando intercambiando golpe tras golpe, hasta que a las nueve menos diez el canadiense oyó que el noruego se detenía… Advirtiendo su oportunidad, ¡el Canadiense redobló sus esfuerzos!

A las 9, el canadiense oyó que el noruego comenzaba a talar otra vez. Una vez más parecía que iban talando intercambiando golpe tras golpe, ¡hasta que a las diez menos diez el canadiense oyó que el noruego se detenía! El canadiense perseveró, decidido a sacar el mayor partido posible de la debilidad de su adversario.

A las 10 en punto, el noruego comenzó a talar de nuevo. Hasta que a las once menos diez hizo una nueva pausa. La confianza del canadiense iba en aumento — podía “oler” la victoria y prosiguió con su ritmo regular y constante.

Y así sucesivamente a lo largo de todo el día. Cada hora a menos diez, el noruego paraba y el canadiense seguía talando. Cuando sonó el silbato a las 4 de la tarde señalando el final de la competencia, ¡el Canadiense estaba absolutamente convencido de que el premio era suyo! Te podrás imaginar cuál sería su sorpresa al descubrir que había perdido…

“¿Cómo lo hiciste?” le preguntó al noruego. “Cada hora a menos diez oía que te parabas. ¿Cómo demonios pudiste cortar más árboles que yo? ¡No es posible!”

“Pues realmente es muy sencillo,” respondió el noruego con franqueza. “Cada hora a menos diez, paraba. Y mientras tú seguías talando, yo me dedicaba a afilar el hacha…”

Hasta aquí la historia; y la clave del campeón: afilar el hacha permanentemente durante la competencia. ¿Quieres salir ganador en este año 2019?

Comienza por afilar tu familia, para que de allí solo brote un amor generoso y comprometido. Si tu corazón está bien afilado, tu amor brotará, tu familia será muy linda, y tú podrás competir con facilidad. Quien tiene una familia bonita, está en capacidad de asumir la vida con todo lo que venga.

Pero también tienes que afilar tu salud, y debes parar de cuando en cuando, para hacerte una buena revisión. Si cuidas tu salud tendrás fuerzas suficientes para asumir los retos con buena capacidad física.

Tienes que afilar tu fe, y eso lo logras si pones en tu corazón el amor constante por la Eucaristía del Domingo, si descargas tu conciencia por medio de la confesión, si alimentas tu vida con la oración en familia, si lees con cuidado y amor la Palabra de Dios, y si sientes la fraternidad vivida en las Comunidades Eclesiales Misioneras. No te olvides de María, ella te ayuda. Al que tiene una fe afilada nunca le faltan las motivaciones para luchar, nunca le falta esa fuerza que viene de otro, y que es formidable, sobre todo cuando nosotros solos no podemos. Afila tu fe y te irá bien.

Afila también tus proyectos, tienes que tener claridad en lo que deseas, además debes pensar muy bien lo que quieres y saber con sensatez lo que puedes alcanzar; que tus proyectos no sean ni tan chiquitos que no alcances a crecer y te vuelvas conformista, ni tan grandes que no los puedas alcanzar y quedes decepcionado al borde del camino. A lo que tengas en mente ponle todo el esfuerzo, las ganas y la dedicación, y seguramente podrás caminar hacia la victoria.

Afila tu inteligencia, tu capacidad de tomar la decisión correcta en cada momento. Siéntate de cuando en cuando a pensar las cosas, eso te hará mucho bien; actuar a la loca, te puede llevar a la derrota más grande. Muchas veces más que dinero, más que oportunidades, se necesita inteligencia. Analiza si vas bien, y si no, con humildad, acepta que se puede corregir y avanzar.

Afila tu capacidad de servicio. Tú eres una misión; Dios, al enviarte al mundo te ha confiado una gran tarea. Afila tu capacidad de entrega, afila tus conocimientos, afila tu profesión, y da lo mejor de ti, porque bien sabes que “hay más alegría en dar que en recibir”.

Sé caritativo con los pobres, ayuda a quien lo necesite, y que quien te busque se vaya con la alegría de haber encontrado un ser excepcional que le sirvió con amor; Que todo lo que hagas, sea una contribución a la consecución de la paz, como nos lo pide el Santo Padre, en esta Día Mundial de la Paz; así harás felices a los demás y ganarás un puesto de honor en el cielo.

Comencemos el nuevo año, seguros de contar con la bendición de Dios, esa que está consignada en la Biblia y que hemos leído en la primera lectura: "El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor. El Señor se fije en ti y te conceda la paz." Que María, Madre de Dios, la gran campeona de la vida, nos guíe y nos acompañe.

Monseñor Jaime Uriel Sanabria Arias

Vicario Apostólico de San Andrés, Providencia y Santa Catalina


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