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Comunicaciones, periodismo y panfletos

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GABRIEL.SALCEDO Los orígenes del lenguaje humano se pierden en la niebla de la prehistoria, pero nuestras mejores conjeturas sugieren que el hombre era un animal capaz de comunicarse, que vivía en pequeños grupos hace casi un millón de años, empleaba herramientas sencillas y poseía algún tipo limitado de organización social.

Los idiomas se desarrollaron lentamente durante las épocas posteriores, con escasas innovaciones fundamentales fuera de lentos cambios en la estructura general. Durante este período, la comunicación estaba limitada tecnológicamente al alcance de la voz humana y a la precisión de la memoria.

Hace unas doscientas cincuenta y dos generaciones el hombre inventó la escritura. Para ser más precisos, la escritura parece haberse desarrollado independientemente en varias regiones del mundo hace algunos siglos, no en un momento determinado de la historia si no a la largo de un extenso periodo.

La capacidad masiva para leer y escribir tuvo que esperar el desarrollo de la imprenta.

Cuando Juan Gutenberg hacia girar lentamente las asas de su rustica prensa de madera para imprimir con tipos movibles los primeros ejemplares de su famosa biblia Mazarino, no podía imaginarse que estaba añadiendo al creciente patrimonio tecnológico de la sociedad occidental un importante elemento cultural que, cuatro siglos más tarde, determinaría la aparición de la idea básica de un periódico se desarrollo bastante temprano en Europa.

Cuando se encontró la forma de financiar un periódico de bajo costo y amplia distribución, se inventaron las técnicas para la impresión y difusión rápida, nació el primer medio masivo en forma de prensa popular al alcance de las masas. El periódico masivo tuvo un gran éxito y se difundió por muchas partes del mundo en pocos años.

Al aparecer y ser aceptada la prensa masiva, el ritmo de la actividad comunicativa del hombre comenzó a aumentar rápidamente. A mediados del siglo 19 el Telégrafo se hizo una realidad. Aunque no constituye un medio masivo de comunicación, este recurso fue también un elemento importante en el patrimonio tecnológico que conduciría eventualmente a los medios electrónicos masivos.

A comienzos de la década de 1960 la penetración de la radio en los hogares costeños y pueblerinos donde yo vivía, había alcanzado un punto de saturación, con aparatos de radio adicionales en los automóviles y buses. Al final de esa década y principio de los setenta la televisión comenzaba a aproximarse a ese punto también de saturación.

La comunicación de masas se había convertido en uno de los hechos más significativos e insoslayables de la vida moderna.

Muchos de los ciudadanos que hoy leen esta crónica en las islas vivieron en una sociedad sin radio, ni televisión, y para la generación anterior no existieron los cinematógrafos del centro a los cuales concurrir los domingos por la noche. Hasta el venerable periódico tiene apenas como hemos señalado, poco más de cien años.

La mayor parte de los dispositivos empleados en la comunicación, que ahora desempeña un papel importante en nuestra vida diaria, considerados con referencia al extenso lapso de la vida social y cultural de hombre solo han estado con nosotros durante un instante brevísimo. No debe sorprender entonces que no nos encontremos aun preparados para una declaración final sobre su impacto en nuestra sociedad.

Estos cambios se han producido muy fácil y gradualmente para la mayor parte de nosotros. Se le dio la bienvenida en su forma de diarios con lectura interesante y fácil o cajas maravillosas en nuestros hogares que nos entretienen, divierten e informan.

Por estos días el tema panfletario está de moda en nuestro archipiélago, pero habría que recordar que el panfleto, ha sido una expresión histórica en el mundo de las comunicaciones, habiendo sido principalmente un instrumento de carácter político, para denunciar por lo general aparentes y amañadas corrupciones en los gobiernos por parte de la oposición.

Sin embargo, con el tiempo, tuvo un viraje hacia la vulgaridad, siendo Paris en pleno siglo de la Iluminación, epicentro de pasquines  famosos, en los cuales de manera principal se vinculaba a señores de la alta burguesía, como amos y señores de las casas de prostitución (recomendamos la lectura de la Dama de las Camelias, de Alejandro Dumas y la maravillosa historia de Margarita Gutier).

Los panfletos históricamente degeneraron hacia la delincuencia, o sea aprovechamiento de los bandidos, que simplemente imitan a los señores de la prensa amarillista (verdaderos pioneros de los pasquines, disfrazados con la máscara de periodismo serio que terminan siendo iconos de la delincuencia común, que sabe que los pasquineros legales son tan bandidos como ellos o más).

El pasquín aparentemente legal le abre el camino a todo tipo de imitaciones burdas, desde amenazar a alguien de muerte por corroncho, hasta meterse en la vida privada de la señora que decidió cambiar de marido.

Haciendo memoria con el colega Robinson Suarez, los dos leímos a muy temprana edad El Diario de la Costa de Cartagena y atando los hilos de la nostalgia, llegamos a la conclusión, de que para poder enterarnos de la muerte en circunstancias oscuras de nuestro Pedro Navaja, a manos de Amparo Arrebato en el Bar El Clavador de María La Baja, teníamos que buscar la pagina judicial.

Conclusión: en el camino de la prensa, hay periódicos y pasquines, los primeros informan, los segundos se la juegan en la línea peligrosa de la delincuencia, hasta que la misma sociedad se los permita.

 


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