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“La paz es un tesoro pluriétnico y cultural”, Rodrigo Rivera

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El primero de junio se instaló en San Andrés el Consejo Departamental de Paz, Reconciliación, Convivencia, Derechos Humanos y Derechos Étnicos’, con la presencia del Alto Comisionado para la Paz, Rodrigo Rivera Salazar. El de San Andrés es el vigésimo cuarto que se instala en Colombia en la etapa del posconflicto. Entrevista.

Lo anterior bajo la expedición del Decreto N° 885 de 2017 del Gobierno Nacional. En las islas este órgano fue creado por la Ordenanza N°002 del año pasado y modificada este 2018. El fin principal del Consejo, como en otras partes del país, será lograr y mantener la paz y la tranquilidad; generar una cultura de la reconciliación, la tolerancia, la convivencia y la no estigmatización en cada territorio.

A raíz de su visita a las islas, EL ISLEÑO dialogó con Rivera Salazar sobre sus expectativas al dejar instalado este Consejo Departamental en el Archipiélago, que estará regido por las características especiales del mismo.

¿Qué significa para San Andrés, Providencia y Santa Catalina la instalación de este Consejo?

Las primeras acciones para resolver el tema del conflicto con las guerrillas de las FARC y el ELN las tenía que hacer el gobierno central, negociar con ellos, impulsar la etapa del cese al fuego y del desarme. Pero desde ese primer logro casi que todas las demás tareas, por su naturaleza, deben ser lideradas por los gobiernos departamentales con el acompañamiento de la nación lógicamente.

Al respecto, la historia dice que en 1629 llegaron los primeros pobladores organizados al archipiélago procedentes del (hoy) Reino Unido en el navío Seaflower  y otras embarcaciones, que también trajeron a las islas a los primeros esclavizados africanos. De allí provienen los Raizales que hoy, 400 años después, se sienten arrinconados en su propio territorio por el fenómeno de la superpoblación. ¿Cómo encajaría este asunto de supervivencia étnica en el proceso que se instaló hoy?

Es imposible tener éxito en la construcción de la paz si no aterrizamos en las regiones los retos e instrumentos contenidos en el proceso de implementación; recogiendo la riqueza de esa diversidad étnica, cultural, geográfica y económica de nuestro país y que fue reconocido con la Constitución Política de 1991, aceptando la plurietnicidad y multiculturalidad del país como un tesoro y no como un problema.

Cada Departamento tiene sus peculiaridades y grados de conflictividad, por eso instauramos Consejos diferentes en cada uno de ellos. El del Archipiélago es el número 24 y entendemos que será muy distinto al resto; por algo la Carta Magna le redactó un artículo específico (el 310) y fue la manera de lanzar un mensaje político muy fuerte de inclusión.

Por eso estamos haciendo pedagogía, explicándole a la gente el Acuerdo de Paz, los alcances del mismo; y una transferencia de liderazgo en esa construcción de la que hablamos desde el gobierno nacional hasta las instancias departamentales.

La tarea de construcción de la paz es de todo el país; nos va a tomar al menos 15 años y el liderazgo de cinco presidentes porque está presupuestado hasta el 2031, con una inversión del orden de 129 billones de pesos.

¿El Consejo Departamental cómo podría influir para que la situación local no tome por ejemplo el camino de algunas localidades étnicas o de características especiales, que fueron muy permeadas por algún tipo de criminalidad diferente al de la guerrilla?

Los efectos de esa percepción de la ‘diferencia’ en cada Departamento fueron distintos: en algunos casos fue de respeto y de tensión; pero en otros fue de agresión y de rupturas derivando en violencia.

Evidentemente la vivencia del conflicto en las islas es distinta a la del resto del país, pero no es inexistente. La definición de lo que significó ese impacto y de cómo hacer la transición hacia un Archipiélago que supere esos traumas y que permita afianzar una paz duradera, corresponde a sus propios habitantes y es lo que perseguimos en estos espacios de diálogo.

Por eso la primera clave es la inclusión. Ningún actor relevante de la institucionalidad pública, nacional y regional, de la población civil, partidos políticos, defensores de derechos humanos, comunidades étnicas y otras, debe estar ausente.

La segunda clave es el consenso; mientras en la Asamblea Departamental se toman decisiones por mayoría, y eso está bien porque es la Democracia, en los consejos de paz deben ser consensuadas, concertadas. Esto permite construir confianza para que todos los actores vengan con la tranquilidad que no habrá una mayoría para imponer, sino que será un espacio de negociación, concertación, conciliación y reconciliación.

La otra clave es el foco del Consejo. Es importante concentrar los esfuerzos en los temas de paz, reconciliación y convivencia para cada territorio; un primer ejercicio sería hacer una lista de temas relevantes pero priorizar aquellos que hacen la diferencia entre una convivencia pacífica y reconciliada o el riesgo de desatar conflictividad y violencia.

¿Cuál cree usted que es el punto de partida de los habitantes de San Andrés y Providencia para construir paz en nuestro propio territorio? ¿Cómo comenzar con esa carta de navegación por consenso a la que usted hace referencia?

Esa clase de respuesta es la que tendrán que dar los estamentos departamentales en cada Consejo, precisamente fruto de la deliberación; porque el órgano lo que brinda es un espacio, una instancia institucional para que los actores con intereses distintos se encuentren y conversen.

Nunca se llegó a los niveles vistos en continente de conflictividad armada, pero eso no quiere decir que las tensiones no existan; puede que haya heridas abiertas que necesitan sanarse después de agresiones o irrespetos del pasado que necesitan ser enfrentados con una actitud muy proactiva y la terapéutica adecuada.

Cuando conversamos no con la visión de quién le gana al otro, sino que uno y otro somos necesarios para que nuestros hijos puedan vivir mejor, eso cambia totalmente la forma como enfrentamos desafíos que en el pasado resolvimos con violencia.

No es fácil, pero solamente comienza en momentos de iluminación o de desesperación; buena parte del país ya comenzó a pedir perdón porque se está pasando la página de esa última etapa, que tuvo efectos extremos con más de ocho millones de víctimas en Colombia.

Aquí muy seguramente no se llegó al punto tal de la desesperación; así que se debe fortalecer la iluminación a través de los valores éticos, cristianos de su población, que aún permanecen y que sé gratamente se está convirtiendo en la materia prima sobre la que se está construyendo paz en otras regiones de Colombia.

El reto más importante será entender que la solución no va a caer del cielo como un milagro, sino que tendrá que ser construida por cada uno en comunidad; esta tarea no la puede hacer el gobierno nacional ‘por decreto’, así que los actores locales son irremplazables.

Hay un suceso por estos días que podría caer ‘como anillo al dedo’ en la instalación de este Consejo de Paz y es la 'toma' pacífica –pero por vías de hecho– por parte de miembros de pueblo raizal de un predio público en que la Policía tenía pensado instalar un parqueadero...

Ese ejemplo reitera lo que hemos dicho, que cada Departamento es distinto y maneja sus propias dificultades. Dichos casos puntuales en otro territorio no clasificarían para ser tratados en un Consejo de Paz, pero aquí probablemente sí. En San Andrés la gente no está sanando heridas de masacres, tomas de pueblos, sino que la conflictividad es de este tipo, tensiones entre los pobladores raizales con las entidades del orden nacional.

¿Cómo le ha ido en los otros 23 departamentos donde se ha instalado este tipo de consejos?

La experiencia ha sido diversa; en general donde las personas más sufrieron la guerra (o la está sufriendo todavía) la asistencia es masiva y la importancia que le dan al escenario es muy grande, por ejemplo en el Catatumbo, en Chocó, en Arauca.

Cada quien lo ha vivido en diferente intensidad, pero de alguna manera todos como parte de la sociedad colombiana estamos contaminados por el mismo estrés postraumático, que sufren aquellos que han sufrido la guerra. No les sucede sólo a los soldados, policías o los combatientes de estos grupos

La sociedad que ha vivido una guerra tan prolongada sin resolverse también la padece; una de sus características es que aunque la gente se ve sana, tiene afectaciones psicológicas profundas en lo emocional y eso hay que enfrentarlo como dije anteriormente, no por decreto sino con concertación y liderazgo para que se llegue a un rechazo social generalizado.

 


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Última actualización ( Lunes, 04 de Junio de 2018 13:03 )  

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