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Educación, el sapo y la estaca

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Pareciera que forma parte de nuestro ADN buscar culpables, generalmente el más débil de la cadena, para justificar los errores. Es lo que se ve en la educación colombiana: si la situación social en el país es un caos la culpa es de la Escuela y sus Maestros. No hay más. ¡Yo acuso!, y se levanta el dedo señalador.

Pero esto no es así de sencillo. Si la educación pública es un fiasco (y es cierto) la culpa se endilga al Maestro, así el gobierno no la tome en serio; ¿o qué otra interpretación se pudiera dar, por ejemplo, a que luego de la renuncia de la ministra Gina Parody el presidente hubiera tardado más de dos meses para nombrar la actual ministra?

Si de cotejar resultados se trata, la educación pública sale mal parada frente a la privada, así sean los mismos maestros. Lo que no se dice, por ignorancia o por mala fe, es que no se puede desarrollar una acción educadora sin contar con la colaboración activa y querida de los estudiantes.

Si lo que se encuentra es reticencia, desmotivación, o estudiantes con ‘síndrome de concentración fugaz’, originado en “un estilo de vida frenético o cuando nos vemos constantemente bombardeados con información de teléfonos celulares, televisión, radio e Internet”, muy poco o nada se puede lograr.

Y eso fue lo que agotó al maestro uruguayo Leonardo Haberkorn: “Después de muchos, muchos años, hoy di clase en la universidad por última vez. Me cansé de pelear contra los celulares, contra WhatsApp y Facebook. Me ganaron. Me rindo. Tiro la toalla”. 

Mirando detenidamente los resultados de dos colegios públicos nuestros con población de similares condiciones socioeconómicas, uno bien clasificado, de buenos resultados y apreciado por la comunidad con otro de resultados decepcionantes, mal clasificado y al que se manda a los hijos porque no hay más, de inmediato se notaría la presencia o ausencia comprometida de la familia con los procesos formativos en cada uno de ellos. “Hallamos el elemento común en alumnos de buen rendimiento la existencia de una familia que los sostiene y los apoya a superarse como personas”, nos dice Bernardo Romero.

Esta influencia familiar se nota en aspectos elementales pero de gran incidencia: pulcritud en el vestir y demás aspectos de presentación personal, delicadeza y educación tanto en el hablar como en el actuar. Así de simple, pero que se echan de menos en muchos de nuestros escolares.

Debe quedar claro, entonces, que sin el apoyo decidido, comprometido y permanente de la familia el trabajo formativo del escolar no pasa de ser una falacia, un albur que se paga más temprano que tarde y a qué precio. Es que esta formación familiar o ‘Currículum del Hogar’, como se le conoce, “en las actividades de aprendizajes de sus hijos, es una fuerza natural y poderosa que no puede ser excluida de jugar un rol substantivo en la educación de los niños”, afirma Raúl Pizarro Sánchez, de la Universidad de Chile.

¿Mega qué?

Bien se pueden seguir construyendo y entregando (¿?) ‘megacolegios’, pero ha de saberse que la infraestructura escolar será excelente para la foto y para cumplir con cobertura; pero si de mejorar la calidad educativa y facilitar el éxito del proceso educativo se trata, el gobierno debe tener claro que se requiere una participación interdisciplinar que ayude a restaurar el tejido familiar mediante la promoción de principios y valores y generando autoestima.

La Escuela como institución juega aquí papel preponderante, ayudando a la familia a cumplir su corresponsabilidad constitucional de velar por la educación de sus hijos, pues “el núcleo familiar debe ser el punto de partida desde el que se infunden las primeras actitudes y valores hacia la sociedad, y desde dónde se mantienen activos los lazos de compromiso hacia la educación”, reconoce el Ministerio de Educación Nacional.

Respecto a los Proyectos Educativos Institucionales (los famosos PEI), si es que existen o sirven para algo distinto de exhibirlos como se muestran en los museos dinosaurios extintos, se ha de aceptar que no pueden ser iguales para todas la IEs, ya que cada una de ellas es una situación educativa y formativa diferente que requiere de la construcción de modelos pedagógicos transformadores, diseñados y estructurados por los autóctonos gobiernos escolares y siempre mirando la realidad sociocultural de sus familias. No tiene presentación planear lo educativo sin contar con el apoyo y los fundamentos de los actores aquí mencionados.

De modo que si la educación pública es un fiasco (y lo es) no se debe solo al maestro, pues como dice el refranero popular: “la culpa no es de la estaca si el sapo salta y se estaca”.

POSDATA. Un saludo a todos los maestros en su día.


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