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Hipódromo: ¿cuál es su futuro?

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El pasado mes de marzo se deforestaron alrededor de 47 mil metros cuadrados de bosque seco tropical en la limpieza del terreno en Velodia Road al sur de la isla de San Andrés, para la construcción del “Centro de Cultura Hípica”, un polémico proyecto que costará 15 mil millones y sin contar aún con un plan de gestión y manejo. Análisis.

El predio: usos y daños

Los cuatro predios para el proyecto integraban un portafolio de 16 propiedades de extinción de dominio entregadas a la Gobernación Departamental por la Sociedad de Activos Especiales (SAE), en junio de 2016. Los terrenos son de zona rural, según el Certificado de Tradición y Libertad, y por tratarse de un bien confiscado, de acuerdo con el Plan de Ordenamiento Territorial debieron haber sido puestos en manos de la comunidad raizal para el desarrollo de proyectos agrícolas.

La empresa que ganó la licitación para la construcción del llamado ‘Centro de Cultura Hípica’ en diciembre de 2017 fue el consorcio ‘CC Hípica San Andrés’, integrado por una serie de empresas vinculadas a escándalos de corrupción en Colombia y en España.

“El proyecto del Centro de Cultura Hípica se desarrollará en cuatro predios entregados por la Sociedad de Activos Especiales”, según dice en entrevista personal el Secretario de Infraestructura (e), Alejandro Lozano Bowie, y su costo total –según el mismo funcionario– es de alrededor de 22 mil millones de pesos, recursos que también salen de la cartera de estupefacientes.

Según la inspección de 2013 de la Subgerencia de Promoción, Seguimiento y Asuntos Étnicos del Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, los predios de la propiedad CC 00-00-0012-0443-000, con Matrícula Inmobiliaria no. 450-5052 “tienen gran potencialidad agrícola para desarrollar proyectos productivos. Se observan algunos cultivos de pancoger, con maleza y algunos árboles frutales. No hay casas aparentemente dentro del predio, pero es cultivado tanto por residentes y raizales.”

No solamente no se destinó el predio a un proyecto agrícola, sino que el limitado recurso de la tierra se enfrentará a una degradación irreversible del suelo, que esterilizará esta zona verde de Velodia Road. En el área hay alrededor de 110 árboles, que habrían sido talados casi en su totalidad, así como sembrados aprovechados por campesinos que ocupaban el terreno de forma irregular antes del cerramiento del mismo.

Coralina, la autoridad ambiental, solicitó al gobierno la reparación de la tala a razón de ocho árboles a uno, es decir que por cada árbol talado, deberían sembrarse ocho más en condiciones que permitan su monitoreo.

Así las cosas, deberán sembrarse aproximadamente 800 árboles –según información de Secretaría de Infraestructura–, a los que Coralina debe hacer seguimiento para garantizar que reparen el daño ocasionado en las reservas de carbono, la producción de oxígeno. La deforestación, en general, también compromete las reservas de agua subterránea y el nivel de pluviosidad, ya escaso en las islas.

¿Un proyecto para los raizales?

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El punto de polémica sobre el proyecto del Centro de Cultura Hípica es que representa un logro para los caballistas locales, que llevan una gestión de décadas a favor de una obra que, se presume, favorecería la preservación de una práctica deportiva ancestral. Al respecto, el plan de desarrollo del actual gobierno es extenso en la justificación del proyecto, como muestra de la voluntad política de satisfacer las demandas de un pueblo cuyas expresiones culturales están en riesgo de desaparecer.

“Desde el gobierno de Álvaro Archbold Núñez se pensó el proyecto del centro de cultura hípica, (…) quien logró encontrar los lotes fue Aury Guerrero Bowie la Oficina Jurídica comenzó a evaluarlos, y quien recibió el predio fue el señor gobernador (Ronald Housni Jaller), y en este período se contrató a la empresa EDUAS de Armenia para realizar el diseño”, indicó Lozano Bowie, resaltando la presencia de una empresa que también ha diseñado el Museo de la Casa Isleña y el Nuevo Pueblito del Hoyo Soplador, entre otros proyectos.

Este argumento, sin embargo, fue rebatido por el ex gobernador Archbold Nuñez, quien publicó el 9 de abril de 2018 un extenso artículo en el que recorre el entramado de las empresas que conforman el consorcio, y agrega que “la cultura hípica de las islas, con todas sus arandelas y adornos sufrirá una transformación, antes de haber sido beneficiada con el galardón de Patrimonio Inmaterial de la Unesco, dadas sus connotaciones particulares y diversas” (1).

Los defensores del Centro de Cultura Hípica resaltan que la práctica hacía tiempo merecía el escenario, por el riesgo al que se someten los deportistas y espectadores en las condiciones actuales en las que se celebran los encuentros. Ha habidodos muertes durante competencias. La adecuación de la carretera de Velodia Road para tal fin supone retos a los que no se les ha buscado solución, debido a que este escenario tradicional es en realidad un camino privado que pertenece a los dueños de los predios adyacentes.

Otro elefante blanco

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¿Qué futuro tiene el Centro de Cultura Hípica? Una mirada superficial hacia los escenarios deportivos en la isla, e incluso a espacios de recreación como el Sunrise Park, que tienen altos costos de mantenimiento, deja muchas más preocupaciones que esperanzas. El plan de manejo y gestión del Centro de Cultura Hípica es hasta ahora un verdadero enigma.

Aunque las autoridades recalcan en que no se trata únicamente de un hipódromo, sino de un escenario cultural en el que se llevarán a cabo actividades de la Secretaría de Cultura, aún no se sabe quién administrará el bien, ni cómo se planea hacerlo financiera y socialmente sostenible. Según se comenta, la Asociación de Caballistas podría perseguir la operación del Centro Cultural, que se sostendría, al menos parcialmente, a través del negocio de las apuestas.

El panorama para la cultura hípica se despejó en Colombia a partir de la autonomía que se les reconoció a los departamentos para aprobar o no el presupuesto para hipódromos, a través de la Ley 1393 de 2010 y el Acuerdo 179 de 2015 que la reglamenta. En este marco legal, es el departamento el que conserva las rentas por apuestas y no el gobierno central, y se disminuyeron los impuestos del 30% al 1%. La suma recaudada debe ser reinvertida en la salud, un 50% en el régimen subsidiado y el otro en hospitales públicos.

El problema es que, como no se trata de carreras estándar, no hay coherencia entre el marco legal, y la cultura hípica de las islas, por lo que se teme que, en vez de preservarla, se la condene. Las carreras son un encuentro recreativo para los espectadores, que se reúnen informalmente, sin necesidad de pagar, para departir antes del evento.

Entre otras cosas, “estaría prohibido el expendio de bebidas alcohólicas dentro del Centro Cultural”, recalcó el secretario encargado por disposiciones de ley. Asimismo, Coljuegos, el regulador de los juegos de suerte y azar en el país, debe hacer control sobre las apuestas de las carreras a través de herramientas detalladas específicamente en las leyes existentes que estipulan, por ejemplo, que los caballos deben estar registrados en el Stud Book Colombia.

El Stud Book es un catálogo de purasangres gestionado por Asocriadores, una asociación que ha reusado respaldar al único hipódromo que todavía funciona en Colombia, el de Villa de Leyva, debido a que los ejemplares en competencia son mestizos. El último hipódromo sobrevive en gran medida gracias a las apuestas que admite en vivo sobre carreras internacionales transmitidas en directo (2).

Las apuestas ilegales llevaron a la ruina a varios escenarios de este tipo, como salida para evadir los altos tributos. En realidad, el esquema impositivo quebró a la actividad, que en Colombia tuvo un auge en los años 70’s y hasta inicios de los 90’s. Los cambios de ley desde 2010, impulsados desde el Cesar, se han presentado como oportunidades importantes para que el deporte reviva.

Pero las apuestas deben ser manejadas por un contratista que opere según los requisitos de ley, con elementos como las terminales de ventas, el sistema de transmisión en vivo de las carreras, un Sistema Central de juego, una red de comunicaciones, y una red de monitores, según el artículo 11 de la Ley 1393. También debe haber un número mínimo de encuentros, 24 carreras nacionales en el primer año de operación, que debería ser revisado, conforme a las características especiales de la tradición en las islas.

El Estado calcula que, con las condiciones actuales, cada hipódromo podría generar unos tres mil millones de pesos destinados al rubro de la salud, no obstante, aún no hay ningún hipódromo que sea ejemplo de esas previsiones, descontando que las características de San Andrés condicionan de entrada estas proyecciones.

“Es un Centro de Cultura Hípica”

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Pero la fortaleza del proyecto está en que no es solamente un hipódromo, insiste Lozano Bowie. La viabilidad del proyecto parece depender de factores complejos, entre ellos, la gestión de parte de la Secretaría de Cultura del departamento. Los planos del Centro Cultural muestran otras construcciones al lado de las graderías, en los que se llevarían a cabo actividades como conciertos y presentaciones.

Aunque no corresponde a su competencia, el funcionario comenta que en el centro podrían adelantarse actividades pedagógicas con los equinos, clases de equitación, preparación deportiva de competidores locales, y más: “el mayor deterioro de una obra es que no se use”, termina.

Para evitarlo, los impulsores del proyecto estarían considerando atraer a competidores de otras islas del Caribe, con lo cual el Centro Cultural podría convertirse en un foco de intercambio y de proyección hacia el Caribe. Al respecto, el reto está en que a nivel del Caribe la actividad hípica, con aquellos competidores que pueden invertir en altos costos de transporte y entrenamiento de los caballos para recuperarlo con los montos de los premios, están enfocados en los circuitos grandes como el Clásico Internacional del Caribe, que se realiza en el Gulfstream Park de Florida y en otros escenarios en Panamá y Puerto Rico.

En el Caribe hay otros proyectos relacionados con la hípica, el más relevante es el proyecto del hipódromo de Santa Lucía, desarrollado por un consorcio chino y pensado para ofrecer un escenario neutral en el que ningún competidor de la Serie Hípica del Caribe juegue de local. Por supuesto, las condiciones del proyecto son muy distintas al escenario isleño, pensado para adaptarse a las particularidades de la cultura local.

Conclusiones

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La pérdida de recursos no renovables, como la tierra cultivable, es lamentable en cualquier circunstancia, especialmente por la condición de pequeña isla oceánica de San Andrés. Sus escasos kilómetros cuadrados y las disputas territoriales marítimas ya representan una amenaza estructural a su seguridad alimentaria, y las tensiones de derechos reflejadas en grandes proyectos de infraestructura como el del Centro de Cultura Hípica, se enfrentan a compromisos de largo plazo como la protección de la Reserva de Biosfera Seaflower.

De un lado, el sector de la comunidad raizal que apoya el proyecto del Centro de Cultura Hípica tiene derecho a acciones gubernamentales orientadas a la preservación de sus costumbres, y del otro, todo el pueblo étnico, y los habitantes isleños, tienen derecho a gozar de un medio ambiente sano, de una calidad de vida a un costo razonable, y de un liderazgo que oriente responsablemente los recursos que posee.

La destinación de predios rurales debe dirigirse con especial cuidado, máxime cuando hay riesgos de daños irreparables. Para la preservación de la hípica isleña, se hubieran podido aprovechar otros recursos, como lo señala el ex gobernador Archbold Núñez: “la estampilla Pro-Cultura aprobada en el año 2006 y reglamentada por el Gobernador en el 2007, ofrecía los recursos para la formulación y gestión de un buen proyecto” (3).

Para completar el panorama, las sombras sobre las empresas que conforman el Consorcio CC Hípica 2017 llevan a preguntarse si el proyecto será efectivamente entregado en su totalidad, si el contratista incumplirá debido a sus escándalos con obras como el alcantarillado de Ibagué, y si el gobierno local ha analizado ese riesgo objetivo de incumplimiento de una obra que, aún terminada, tiene un destino incierto.

Si es el pasado el que justifica el uso de la tierra para proyectos de esta clase, son las condiciones presentes las que determinarán si el proyecto del Centro de Cultura Hípica se convertirá en otro de los ‘elefantes blancos’ que buscan refugio en el Archipiélago de San Andrés y Providencia.

(1) Archbold Núñez Álvaro. “Un hipódromo envenenado”. Publicado el 9 de abril de 2018. 
(2) Gómez Arango Carlos Andrés. “Recomendaciones para la recuperación de la hípica en Colombia”. Escuela de Ingeniería de Antioquia. 2012. En: Repositorio Universidad EIA  (Consultado el 10 de abril de 2018).
(3) Archbold. Ob. Cit.

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Última actualización ( Miércoles, 11 de Abril de 2018 18:26 )  

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