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La pérdida de importancia de lo raizal (II)

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HAROLBUSH1Un alto porcentaje de raizales aún no se siente colombiano y al mismo tiempo se observa una tendencia creciente del Gobierno Nacional de ignorar sus opiniones y de otorgarle menos relevancia a sus asuntos en el contexto de su propio territorio histórico.

Incluso en el evento en que se toma en cuenta la opinión raizal, tiende a no proceder de voces críticas y el Gobierno Nacional escoge a sus interlocutores; nada nuevo: sigue la tendencia de los ‘Job Catholics’ del pasado.

A Colombia hoy día poco parece importarle si hay raizales que no se sienten colombianos (en el pasado mucho). Al fin de cuentas la ‘colombianidad’ de las islas está sellada por un fallo de la Corte Internacional de Justicia y porque la mayoría de los habitantes de las islas –legales e ilegales– no son raizales. Las políticas de soberanía han sido tan exitosas que el raizal pierde cada día más control y espacios y de seguir la actual tendencia demográfica y política, su influencia llegará en algún momento a ser insignificante.


La evidencia más sólida de todo lo anterior es el congelamiento del Estatuto, que fue usado más como un mecanismo para calmar un descontento coyuntural asociado al fallo de La Haya que unas intenciones verdaderas de otorgar algo que pudiera ayudar a la etnia raizal a recuperarse y a remediar daños causados por políticas públicas del mismo país.


Los cambios en las islas en los últimos 30 años han sido tan profundos por los aumentos demográficos que se han generado nuevas realidades políticas y administrativas aún difíciles de navegar y entender. Muchos turistas llegan a San Andrés para ver algo caribeño anglosajón, raizal y distinto, pero comentan que ese ‘algo especial’ ya casi no se ve, pero en cambio encuentran ya muchísimas similitudes con el continente. San Andrés ha perdido su identidad Caribe y hoy es una mezcla muy desordenada e insegura.


Frente a todo eso se observa claramente que el raizal no se da por vencido y busca recuperar el terreno perdido. Mientras a Colombia poco le importa si nos sentimos o no colombianos, se está consolidando una tendencia de mayor rechazo al país por el temor de que como etnia desaparecerá si algo substancial no ocurre para hacer revertir el declive de su naturaleza moldeada por siglos de influencia inglesa, caribeña y africana y considerada ya riqueza de la nación.


En todo caso, lo anterior le puede causar serios dolores de cabeza a Colombia porque existe una situación de derechos humanos de una etnia, en especial la amenaza de su supervivencia, que bien podría considerarse de mucho interés de cortes nacionales e internacionales. La amenaza de supervivencia, nadie lo puede negar, es por acción directa o inacción del Estado colombiano.


La menor relevancia del raizal en la formulación de políticas públicas, como lo denunció un diputado, se evidenció claramente en el reciente anuncio de la estrategia colombiana de mejorar relaciones comerciales con Nicaragua. Fue un desaire a las islas y un retroceso en la promesa de incluirlas en los asuntos con Nicaragua.


A pesar de todas la promesas de mejorar la posición raizal, el oficialismo hoy actúa en base a que las islas están habitadas por varias comunidades, cuyos derechos y necesidades deben ser todas justamente atendidas por igual, y por lo tanto favorece un trato homogéneo.


Esa homogeneidad es precisamente lo que la colombianización buscaba, a través de un proceso de creolización donde se apartan contactos con lo anglosajón tradicional pero se fortalecen con una cultura latina dominante que se impone y desplaza en lo general a lo raizal.


Sin embargo, el haber perdido la posición mayoritaria no es garantía de que el peso de la minoría raizal vaya a perderse. En todo el mundo las minorías disfrutan de normas para respetarlas, protegerlas y asegurar su supervivencia. El Estatuto debe incluir todo ello, pero es muy dudoso que vaya a tener una segunda oportunidad y se corre el riesgo de que el Gobierno Nacional no vuelva a prestarle la atención que se le dio a cuestiones raizales en los últimos años.


Soberanía y raizal no 'cuadran'


Es muy triste que una etnia tenga que pelear contra su propio país para buscar sobrevivir. Los intentos históricos de lograr un patriotismo raizal y a través de ello consolidar soberanía implicaba debilitar la identidad y peso socio-económico de esa etnia, y con Turbay Ayala se hablaba hasta de eliminarla.


Una política estatal centrada en los factores culturales y étnicos raizales sólo se daría en los ochentas con el intendente Simón González Restrepo, que trajo un respiro a los años de énfasis en soberanía militar de Turbay Ayala en respuesta en parte al reclamo de Nicaragua.


No es pues casualidad que los desfiles del 20 de julio y 7 de agosto, únicos en Colombia por su fervor que rozan en el fanatismo patriótico, se hayan concebido para fortalecer el colombianismo de los raizales a través de un adoctrinamiento desde las escuelas y los colegios.


Las relaciones con Colombia desde 1822 han tenido muchos altibajos y siempre han sido tensas. Inicialmente por la poca atención prestada a las islas, luego por el intento de convertir a la población protestante y de habla inglesa en colombianos católicos que hablaran español y finalmente por el proceso migratorio que facilitó la pérdida de espacios socioeconómicos y políticos y el desplazamiento espacial.

Lo irónico es que antes de querer convertir a los raizales en colombianos, el país quiso deshacerse de las islas cuando propuso en 1905 venderlas a los Estados Unidos aprovechando su posición estratégica en relación al Canal de Panamá y viendo la enorme cantidad de dólares que podría haber sacado de ellas.


Tras años de abandono, el Puerto Libre buscaba un desarrollo económico y a través de ello un acercamiento entre lo raizal y lo colombiano, pero terminó en desenlaces totalmente opuestos a los propuestos para la comunidad riazal. En cambio, dio inicio al mayor ciclo de consolidación de la soberanía nacional en las islas. No sorprende, por lo tanto, que al mismo tiempo se formalizaran las intenciones separatistas que estaban latentes por muchos años por el abandono y luego fortalecidas por la pérdida cultural, económica y política que trajo consigo el Puerto Libre.


Colombia desintegró dicho grupo por la alarma causada cuando se logró reunir cerca de 10.000 firmas para respaldar una carta sobre la situación raizal enviada a la ONU. Pero su legado se sigue sintiendo hoy día con grupos de reivindicación raizal que han adoptando estrategias más moderadas.


Hoy día esos grupos están en modo de suspenso. Se teme que diferentes políticas de neutralización del Gobierno Nacional son en gran parte responsables de ese silencio, aunque la debilidad de la reivindicación también radica en su fragmentación y en que nunca lograron estructurar propuestas que hayan tenido una aceptación entre toda la comunidad raizal.


Lo que muchos desconocen es que esos grupos no podrían haber sobrevivido sin haberse movido hacia actividades más moderadas y si el declive final de los actuales grupos ocurre, no sería la primera vez que los intentos estatales hayan sido exitosos. Reportes de prensa de los sesentas y setentas dan testimonio de pescadores simpatizantes con la causa separatista que simplemente no volvieron de sus faenas de pesca y el líder del grupo separatista tuvo que exiliarse en los Estados Unidos. Este es un capítulo oscuro de la historia del archipiélago con lo cual el oficialismo se siente incómodo y del cual poco se habla.


Lo que es cierto es que no podrán hacer desaparecer las demandas y las voces de una etnia que ya ha entrado a un periodo intenso de intento de supervivencia. También se observa que aunque importa poco lo que opinan los raizales, los ojos y oídos omnipresentes y controladores del Estado siempre están pendientes de todo lo que pasa en las islas. Algo curioso porque han habido intentos de un mayor acercamiento y diálogo, pero Colombia los rechaza o los acepta bajo sus condiciones, escogiendo sus propios interlocutores raizales, algo irrespetuoso con sus preocupaciones.


En ese contexto, aún AMEN-SD espera una cita pedida hace muchos años con el Presidente Santos. El rechazo de la cita puede circunscribirse en comportamientos oficiales de no contribuir a agrandar el protagonismo e importancia que tiene el grupo, pero deja un sabor amargo y a su vez contribuye al sentimiento que existe en el sentido de que a Colombia no solo no le interesa que sobrevivamos sino que hace todo lo posible para hacernos desaparecer.

¿Necesidad de otro Simón?

No todo fue negativo en las estrategias de soberanía y ante un panorama tan desolador llegaron esfuerzos por unir la tradición y cultura raizal con el modelo de desarrollo de tal manera que lo raizal adquiriera un mejor beneficio económico del turismo y comercio. Simón González fue el abanderado de esto, pero tenía la doble función de ejercer soberanía atendiendo necesidades culturales y socio-económicas raizales y de esta manera calmar un alto descontento raizal que venía desde los sesentas por los impactos del Puerto Libre pero que se agrandó en la época de Turbay Ayala.


Sin embargo, ocurrió lo opuesto a lo esperado y si bien la función conciliatoria de González trajo desarrollo socio-económico para la comunidad raizal, al volver a poner a San Andrés en el mapa turístico se dio un mayor alejamiento raizal de sus espacios con la llegada de más personas a quedarse atraídos por el boom del turismo y de la industria de la construcción que a su vez significó la venta de más tierras raizales, más demanda por la escasa agua y mayor degradación ambiental.


Un intento integrador de un proyecto socio político como el de González no se volvió a presentar, aunque se observan paralelos con el Plan Archipiélago de calmar descontento raizal. Ambos en el fondo persiguen objetivos económicos, donde se incluye el elemento raizal no como esencia y fuente primordial de acciones sino como un anexo o accesorio de un plan de calmar descontento social y al mismo tiempo de mejorar la economía del turismo.


Pero en últimas ni el Plan Archipiélago ni el Estatuto Raizal han logrado estructurar un esquema adecuado de acción o elemento integrador de lo raizal en el contexto de las islas y ninguno ha entregado cambios considerables.


Las islas desesperadamente necesitan nuevos proyectos y modelos socioeconómicos y socioculturales que incorporen las necesidades de todas las comunidades que habitan en ellas, pero en especial la raizal que es la única que pierde espacios día tras día y es la única etnia que está en vías de llegar a perder su identidad.
El otorgamiento de espacios de mayor autonomía para que haya aspectos de manejo exclusivo por parte raizal, sería una salida adecuada y podría aliviar en buena parte dichas penurias.

Se necesita además alentar el proceso mediador entre la comunidad raizal y el proyecto de nacionalidad, de lo contrario las demandas de la etnia se volverán más fuertes y –tarde o temprano– habrán mayores acciones de reivindicación.


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Última actualización ( Domingo, 08 de Abril de 2018 05:35 )  

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