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No más 'negritos.com' en la calle

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CRISTINA.BENDEKEl mes pasado circuló en un famoso portal de la red el testimonio de dos turistas que salieron de la isla como para no volver jamás. El tema del acoso ha dado muchas vueltas en medios nacionales, y no iba a opinar sobre esto habiendo tantos otros temas urgentes, hasta que por comprar un coco en la playa terminé frente al asunto ese de ‘negritos.com’.

Esto no es nuevo, ni es una cuestión moral: el sexo seguirá estando presente como producto en muchos destinos de sol y playa, y en el Caribe muchos quieren comprobar los mitos de los estereotipos condicionados por un imaginario sumamente racista y colonial. En Colombia la prostitución no es ilegal.

Mientras atendía a una visita de Brasil en la playa, pasó un viejo vendiendo coco. Después de comprarle, mientras nos lanzaba los pedazos de fruta a la arena –todo un galán–, hablaba duro y decía que con sus millones mensuales estaba “acabando de criar” a una pelaíta de 18 para que fuera su mujer. Y de despedida soltó: –les consigo de todo, coco, compañía, negritos.com.

Si no hubiera leído el testimonio viralizado de las turistas, yo no hubiera entendido el mensaje. Mi amiga, que tiene 50 años y no habla español, entendió enseguida y se exaltó, y empezó a relatarme todas las veces que la abordaron, en un bar, en un restaurante, y en tres playas diferentes.

Me describió el libreto, que escuchó por primera vez en la playa del centro y luego en Rocky Cay, de donde tuvo que regresar descalza al hotel porque le robaron las chanclas: –¿viniste sola? Sí. ¿Quieres una noche caliente? No. Pero todas las mujeres deben probar una noche con un negro caliente del Caribe, mi amor. No quiero. Te puedo mostrar otras opciones, mi amor…Y así sucesivamente.

Lo primero que me inquieta de todo esto es la evidente organización que hay detrás, y el riesgo de que los menores sean manipulados a cambio de dinero o de cosas. Lo segundo es un asunto muy complejo, y es el racismo y la cosificación del hombre isleño, eso de que en el espejo vea no a un hombre completo sino a un ‘negrito’, o a un ‘semental’.

La tercera cuestión, la más fácil de abordar en políticas públicas, por ejemplo, es la presunción errada de que se puede abordar a cualquier mujer y ofrecerle sexo sin tener ninguna consecuencia. La experiencia de aquellas dos turistas, la de mi amiga, y la de quién sabe cuántas más, revela una constante de acoso que no puede ser ignorada ni minimizada.

Además de la vulneración de derechos de la mujer que se configura, esta conducta deteriora aún más la desgastada imagen de San Andrés. He viajado sola, y ni siquiera en tres meses en Río de Janeiro tuve una experiencia como la de mi amiga Leticia, ni siquiera ahí, en un destino mundialmente reconocido para el turismo sexual, ciudad machista, racista, y llena de tantas maravillas como miserias.

Leticia me sugirió una razón para mi fortuna. En Brasil puedes hasta ir a la cárcel por esto, aquí tienen mucha suerte. Tienen suerte, sí, pienso yo, de que las mujeres debemos aceptar por costumbre que no gozamos del mismo derecho al uso del espacio público que los hombres por motivos dizque culturales, porque a nuestro inconsciente colectivo machista le parece suficiente con que uno se niegue o se haga la de oídos sordos, porque nuestras quejas son vistas como ‘lloriqueos’.

A ver: si es una actividad comercial, ¿por qué las trabajadoras sexuales no están ofreciéndose en espacio público, y los ‘negritos’ sí? ¿Es porque en las mujeres se ve feo, y en los hombres no? Leticia incluso intentó razonar, pero eso solo fue echarle leña al fuego: mami, ya sé, lo que necesitas es conocerme mejor. ¡No, y no!

Resulta inaceptable que por la condición de mujeres tengamos que soportar los ofrecimientos de negros, blancos o verdes calientes hasta en la esquina. Ya es suficiente con aguantar los piropos, las seseadas y las miradas morbosas. Es momento de tomar acción antes de que el acoso descarado pasemos al abuso. Son varias las publicaciones en medios nacionales, ¿qué más se necesita para que hablemos sobre esto?

San Andrés es una isla pequeña. Esta es una solicitud a las autoridades, con un comentario final: en Colombia hay municipios que ni siquiera son turísticos que han iniciado campañas y expedido decretos para disminuir el acoso por conductas menos graves que las descritas aquí. Peace out.


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Última actualización ( Sábado, 03 de Marzo de 2018 09:18 )  

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