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Formación política: una Cátedra ausente

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OSWALDO.SANCHEZEste semestre se realizará en nuestro país lo que en otras latitudes pudiera ser un ejercicio de máxima expresión ciudadana: elecciones legislativas y de presidente. Decimos que en otras latitudes porque las nuestras están signadas por la desconfianza, la trampa y el pesimismo.

Es la condena que padece el hombre colombiano, cual moderno Sísifo “como metáfora del esfuerzo inútil e incesante del hombre”, desde su aparición como ciudadano.

Nuestra Constitución Política (CP) dice que “Todo ciudadano tiene derecho a participar en la conformación, ejercicio y control del poder político”, participando en las elecciones bien sea para elegir o ser elegido. Además, el honor de poseer la calidad de ser colombiano acarrea responsabilidades como la de “Participar en la vida política, cívica y comunitaria del país” y le da al voto la impronta de “mecanismo de participación del pueblo”

Pero al ‘constituyente’ se le olvidó que para que haya participación se requiere formación ciudadana y no le asignó de manera directa “a ninguna institución (…) ejecutar un plan permanente de formación a la población en competencias ciudadanas que entregara conocimientos básicos para el ejercicio de derechos y el cumplimiento de deberes que corresponden a todos los nacidos en esta nación”, según afirma Bernardo Romero en escrito para eluniversal.com. De ahí que “Pensar las elecciones en Colombia como una fiesta democrática es bastante complejo”, afirma Ana C. Restrepo.

Por esta ausencia (vacío, dicen los entendidos) de responsables corresponde al Estado como tal la formación en competencias ciudadanas si se quiere que los ciudadanos voten con responsabilidad. De ahí que todas las instituciones de educación, públicas o privadas, tienen el imperativo de iniciar la práctica educativa que oriente a docentes y padres de familia para que coadyuven en la formación como ciudadano del estudiante a su cuidado.

Precisamente, es en el ‘gobierno escolar’ donde el niño debería aprender las competencias ciudadanas que requiere para esa formación como ciudadano responsable, participativo, solidario y comunicativo. El gobierno escolar está ordenado en la Ley 115 de 1994, y es condición esencial para la legalización de cualquier IE en Colombia.

Cada año tiene el niño la oportunidad de elegir a su representante en el Consejo Directivo, al Personero de Estudiantes y al Consejo Estudiantil; igualmente, ha tenido la oportunidad de presentar su nombre a consideración de sus compañeros estudiantes, plantear propuestas, hacer campaña proselitista, triunfar o ser derrotado. En este ajetreo se han pasado los últimos 24 años y por los resultados que hoy se ven no es exagerado decir que de nada ha servido. ¿A qué se debe tan dramática situación? ¿Alguien sabe la respuesta o se siente responsable?

Es tan deplorable este ejercicio participativo ciudadano que en cada elección se registra un nuevo ‘record’; por ejemplo, para decidir el SI/NO del plebiscito del recordado 2 de octubre para aceptar o no los acuerdos de La Habana, apenas participó el 37% del electorado; en las elecciones legislativas de 2014 la abstención fue del 56,42% en el orden nacional, y el Departamento fue del 64,73%.

Comparada la situación colombiana con otros países del continente (según datos de la misma Registraduría Nacional-RN), la participación deja a Colombia en el último lugar (44,61) de siete países valorados (Colombia, Guatemala, Chile, EUA, Panamá, Argentina, Perú) siendo Perú el primero con una participación del 82,66%; esto en cuanto a elecciones presidenciales. Y si de elecciones legislativas se trata las cosas son más dramáticas, pues en el país promediando las tres últimas elecciones la participación es apenas del 41,37%.

De acuerdo con la RN en el Departamento hay 48.522 personas aptas para votar, de las cuales unas 19.500 son jóvenes (¡más de un tercio!) pero que muy poco participan en las elecciones debido fundamentalmente a la poca o nula formación política, lo que debería obligar a revisar las cátedras afines en la Escuela. Pero también es debido al desencanto y hasta hastío por la política y sus actores; añadamos la corrupción rampante, los discursos vacíos e insensatos, las mentiras y promesas incumplidas y tendremos la tormenta perfecta que alejará cada vez más a los jóvenes de las urnas.

Restrepo se pregunta: “¿acaso los partidos se preocupan por lo mínimo, como hacerles control político a los integrantes de su partido en el Congreso, revisar su asistencia a las sesiones o llevar cuenta de los proyectos en los que han participado o de los que son autores? ¿Acaso nosotros, ciudadanos críticos, lo hacemos?”

Para contrarrestar estas falencias se requiere preparar a los niños en las aulas, formar su pensamiento crítico y permitirles realmente ser actores de sus proyectos de vida. “Con estudio y preparación pueden elevar el nivel de exigencia pública a los gobernantes y ser también copartícipes del manejo de las administraciones”, editorializa elcolombiano.com. No hay otro camino.


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