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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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GERMAN.MARQUEZ2El problema del transporte desde Providencia y Santa Catalina con San Andrés y el resto del país, está adquiriendo características preocupantes. Viajar entre las islas siempre ha sido complicado, pero factible; ahora, cada vez lo es menos. Los costos están por las nubes; un pasaje ida y regreso a San Andrés cuesta $560.000, más del doble que los pasajes baratos San Andrés - Bogotá.

Así que, en términos económicos, los habitantes de Providencia estamos mucho más lejos de San Andrés que los bogotanos y que los turistas que llegan por esa vía.

Con varios agravantes, uno de los cuales es que, mientras bogotanos y turistas solo viajan a San Andrés pocas veces, nosotros debemos desplazarnos con bastante mayor frecuencia a San Andrés, bien sea por razones de trabajo o, muchas veces, de salud, dados los problemas conocidos, tampoco resueltos, de la salud en estas islas.

Otro agravante es que los cupos son inciertos y difíciles de conseguir en muchas ocasiones. Además, hay otro, mucho mayor, y es que el problema del transporte pareciera, más que unirnos en busca de soluciones, estar dividiendo a la población alrededor de las posibles soluciones. En especial, la ampliación del aeropuerto, una opción improbablemente adecuada y que, más bien, empeoraría las cosas. El hecho es que la gente está dividida y cada vez más.

Pero vamos por partes. Hoy solo me referiré a una de ellas: ¿Por qué es tan costoso el pasaje entre San Andrés y Providencia? Esta es una pregunta crucial, que debería ser respondida por expertos o por la institución responsable, sea esta la Aeronáutica Civil, la Superintendencia que corresponda o no sé quién.Saber el porqué del costo tan elevado de los pasajes sería un primer paso muy importante para buscar soluciones, como se planteó en una reunión al respecto.

Sin especular sobre el tema, que desconozco, trataré de plantear posibles situaciones. La primera es que el costo sea excesivo, algo muy probable como lo muestra que haya empresas que ofrecen pasajes menos costosos; lo malo es que ninguna ha logrado establecerse.

Lo mismo vale para el catamarán; como se planteó en la reunión mencionada, el catamarán genera ingresos que superarían ampliamente sus gastos (se dice que no gasta más de 50 galones de gasolina por viaje). En todo caso, si lo que se está cobrando es excesivo, se deben tomar las medidas pertinentes y ajustar los precios.

Ello quizá no exima de la necesidad de mantener un subsidio para los habitantes, pero debe ser un subsidio sustancial, que realmente permita viajar con la frecuencia requerida pues, como alguien dijo, la isla se está convirtiendo en una prisión, sobre todo para personas de bajos recursos que no están exentas de la necesidad de viajar por las razones mencionadas.

La otra opción es que el precio sea, efectivamente, el que nos están cobrando; en tal caso habría que explorar alternativas para reducirlo y/o plantear la necesidad de un subsidio sustancial para los habitantes.

Se sostiene que la ampliación del aeropuerto bajaría el precio, lo cual está lejos de ser demostrado y es contraevidente, pues un aeropuerto más grande tiene costos operativos más altos; de hecho, es probable que incluso el actual, de proporciones adecuadas pero que solo funciona unas pocas horas al día, contribuya a los altos costos.

Tampoco parece que aviones más grandes bajen los costos. Es probable que las aerolíneas los mantengan elevados para compensar que los aviones viajan, sobre todo fuera de temporada, con muchos asientos desocupados; hemos sido testigos. Así que cobran por anticipado posibles pérdidas; por supuesto, no bajan el precio cuando hay alta demanda.

Por la misma razón, supongo, no programan más vuelos que no están seguras de llenar. Y si llenar estos aviones pequeños es difícil e incierto, imagínense unos más grandes; esto plantea la paradoja de que la solución sería, quizá, usar aviones más pequeños. Algo así vi, hace años, en Panamá, donde para viajar al Archipiélago de Kuna Yala (San Blas) hay una especie de aviones taxi colectivos que, como los colectivos terrestres, esperan pasajeros y una vez llenos viajan. Eso sí, están muy bien organizados y permiten reservas anticipadas y los servicios correspondientes.

Se plantea también que los altos precios resultan de falta de competencia, ya que habría una especie de monopolio de Searca, que presta servicios tanto a Satena como a Decamerón. Quizá, pero el tema tendrá que ser analizado en otra ocasión. La competencia, en un mercado tan limitado como Providencia, es riesgosa; no obstante, es necesaria si demuestra que se están cobrando precios excesivos.

Pero esto es tema de expertos. Y el hecho es que el tema no parece haber sido estudiado como es debido y por eso no se plantean soluciones satisfactorias o, lo que es más malo, se presenta como solución algo inútil o que, en el peor de los casos, agrava el problema después de desperdiciar ingentes cantidades de dinero.

En esto, como en tantas cosas, el Gobierno está demostrando una gran incompetencia. Más de una vez me he preguntado que confianza puede uno tener en un gobierno nacional que, con todos sus recursos, no puede dar un manejo adecuado a unas islas diminutas, ni solucionar problemas tan básicos como los de salud y transporte. ¿Cómo puede uno creer que van a solucionar los grandes problemas de pobreza, inseguridad y violencia del país, si no son capaces de hacerlo a estas escalas mínimas?

El tema requiere más reflexión; volveremos sobre él.


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