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Impactos ambientales y el Emisario Submarino

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ALBERTO.GUERRA1Se informó hace escasos días por medios locales sobre la reparación y puesta en operación del Emisario Submarino de la isla de San Andrés. Y desde diciembre de 2017 se fijó una meta de 30 días para resolver el problema de vertimientos directos de aguas residuales en el medio marino. La meta al parecer se cumplió, pero no se pueden desconocer los efectos de los que algunos llamaron “un accidente”.

La inmediata consecuencia de dicha ruptura fue el ingreso de aguas no tratadas a las Áreas Marinas de la Reserva de Biósfera Seaflower, y hoy día se desconoce la magnitud de los impactos sobre la costa occidental de San Andrés y la precisión de sus áreas de directa e indirecta afectación.

Subsecuentemente, otras afectaciones ocurrieron, y me atrevo a relacionarlas a continuación, como las debidas por ejemplo ala prohibición de actividades de buceo y pesca desde el extremo norte de dicha costa hasta la bahía del Cove.

Otros impactos deben ser precisados, como por ejemplo los que deterioran el valor de los bienes y servicios del ecosistema, y a la misma biodiversidad del área directa e indirecta de afectación. El área de afectación directa e indirecta también debió ser fijada por la autoridad ambiental cuya junta directiva es presidida por el gobernador de las islas. Solo se conoce públicamente de un área de prevención donde se restringieron ciertas actividades económicas.

Para ello, es importante considerar algunos conceptos. El primero de ellos es el de Impacto Ambiental, definido como “cualquier alteración en el medio ambiental biótico, abiótico y socioeconómico, que sea adverso o beneficioso, total o parcial, que pueda ser atribuido al desarrollo de un proyecto, obra o actividad”. Los impactos ambientales a la luz de la ley, deben ser identificados, medidos y evaluados, en especial en el marco del licenciamiento ambiental.

La licencia ambiental es una autorización que otorga la autoridad ambiental para la ejecución de una obra como la del Emisario Submarino de San Andrés Isla y que cobija su operación, funcionamiento e incluso su mantenimiento. La respectiva licencia se debe a una evaluación ambiental integral de los recursos naturales o del ambiente que puede afectarse por el proyecto; de allí que de éste se derive un plan de manejo ambiental.

Dicho plan debe comprender a su vez los planes de seguimiento, monitoreo, contingencia y abandono de los proyectos u obras, y se extienden hasta el cumplimiento de su vida útil. Finalmente, los planes de contingencia deben “valorar los riesgos y presentar los lineamientos para prevenir, atender y controlar adecuada y eficazmente una emergencia”. Lo anterior ha sido precisado con base la Ley 99 de 1993 y del Decreto Único Reglamentario del Sector Ambiente y Desarrollo Sostenible (Dec. 1076 de 2015), entre otros.

A continuación paso a referirme sobre los impactos ambientales potenciales. Para ello, primero los invito a considerar que estamos en una Reserva de Biosfera y que aquí se pretende un desarrollo sostenible. Por ello, todo reto en nuestro entorno debe considerarse desde los pilares de la sostenibilidad: el social, el económico y el ecológico. En este caso, el reto de la autoridad ambiental y demás involucrados es identificar, luego valorar y evaluar, los impactos ambientales a través de estos pilares. Me atreveré solo a identificar algunos como apoyo, y luego señalar algunas inconsistencias en lo ocurrido y que se deben a mi interpretación sobre ciertas evidencias.

Impactos ambientales sobre lo social

No es fácil identificar los impactos ambientales sobre lo social, pues esta identificación debe realizarse con los presuntos afectados directamente y antes de suponer cómo y cuánto han sido beneficiados o perjudicados. Sin embargo, se intuye que la exclusión de los mismos de un potencial estudio de impacto ambiental puede repercutir en riesgos que algunos no desearían identificar y visibilizar.

No se debe olvidar que la insatisfacción con malos olores y la exposición a aguas marinas cargadas con heces pudieron afectar cuando menos la percepción de seguridad y saneamiento de los habitantes cercanos al emisario submarino.

Por otro lado, la decisión de continuar los vertimientos en la zona con tal de no perjudicar el sector hotelero y comercial de la isla con mayores emanaciones del alcantarillado, resulta en un hecho injusto que se ha soportado en una premisa de mejor un mal “menor” a uno “mayor”, como si los habitantes aledaños y el mismo ambiente fueran menos importantes frente a turistas y quienes los usufructúan. Esto requerirá compensaciones.

Impactos ambientales sobre lo económico

Es bien conocido que en la zona de potencial influencia directa e indirecta del emisario submarino se realizan diferentes prácticas. Entre ellas destaco el buceo recreativo (que sucede hasta 18 m de profundidad) y la pesca artesanal  y de subsistencia (pues ocurre allí frecuentemente con jóvenes armados con arpones y que justifican la extracción de pequeños peces para resolver necesidades básicas en su hogar). Pero eso no solo ocurre en el agua, también ocurre en tierra sobre el litoral rocoso. Es muy frecuente encontrar personas extrayendo peces, caracoles y otros invertebrados sobre el litoral.

Sin duda, los ingresos o alimentos que pudieron percibir las casas de buceo y pescadores durante la prohibición de actividades que estipuló el Gobernador se debe considerar como parte de los impactos inmediatos sobre el pilar económico dentro del área de afectación. Por otro lado, las afectaciones sobre el valor económico que representan los bienes y servicios del ecosistema y la biodiversidad deben ser estudiadas, partiendo de la hipótesis de probable disminución en la riqueza natural y económica de la isla.

Impactos ambientales en lo ecológico

En el área del emisario submarino siempre se han creado problemas ambientales. Históricamente se han vertido contenidos de pozos sépticos. Hoy día, se ingresan aguas residuales al mar a través de un tubo que se rompió a no más de 10 metros de distancia de la orilla. Allí mientras se resolvía la ruptura del tubo, se vertió aguas no tratadas al mar y al litoral rocoso.

Esto debió afectar unidades ambientales submarinas como algunos fondos duros, blandos, cubiertos con organismos que no se pueden mover (por ejemplo corales, algas y similares), con movilidad restringida (caracoles, quitones, etc.) y aquellos que tal vez tuvieron la oportunidad de alejarse del sitio de impacto primario como algunos peces. De entre muchos, me referiré específicamente a una especie clave de la reserva de Biósfera y que algunos científicos nos atrevemos a mencionar como vulnerable: el Whelk (“Cittarium pica”).

El whelk es un caracol comestible, que habita en la zona esculpida por las olas en la orilla rocosa de nuestros litorales. Es el segundo caracol de importancia económica en el Caribe, y su carne es apetecida por muchos nativos. Se ha estudiado su estructura poblacional y reproductiva en San Andrés, y en una revista científica internacional hemos publicado como estos animalitos no alcanzan el tamaño suficiente para reproducirse y garantizar a largo tiempo la existencia de sus poblaciones; estarían sobreexplotados. El mismo caracol se encuentra en la zona de afectación del emisario submarino y tras de que no se encuentra bien ahora hay que sumarle como factor de afectación las aguas residuales que les regaron “accidentalmente” encima. Espero no mucha gente los haya comido mientras tanto.

¿Se pudo anticipar lo ocurrido y evitar mayores impactos?

El Centro de Investigaciones Oceanográfica e Hidrográficas (CIOH) ha proporcionado información histórica sobre la frecuencia y probabilidad de ocurrencia de tormentas y huracanes. Se sabe que en las islas han ocurrido tormentas y huracanes, aunque con muy baja frecuencia y consecuentemente baja probabilidad. Sin embargo eso no quiere decir que no sea posible que ocurran y puedan afectar a todos los habitantes y visitantes de las islas.

La construcción del emisario submarino incrementa nuestra vulnerabilidad frente a estos fenómenos naturales. Lo curioso es que la ruptura del emisario submarino fue consecuencia de un “frente frío”, o fenómeno natural de menor magnitud.  Autoridades científicas advierten que estos fenómenos pueden ser cada vez más intensos, debido al conocido cambio climático.

Por otro lado, el emisario submarino funciona con una red de alcantarillado que alimenta con agua residuales una estación de pre-tratamiento de aguas (lo que realmente no es ningún tratamiento), y cuela parte de los residuos que vienen flotando en estos líquidos. Luego, las aguas cargadas con materia orgánica se bombean por un tubo de 475 m de largo y en profundidades de buceo recreativo, y no a más de 50 metros de profundidad como se estudió en los preámbulos de su diseño inicial (ver Resolución No. 507 de 1997).

El emisario submarino como un todo y sin deterioro puede constituirse en una forma de disponer aguas residuales con impactos menores bajo ciertas condiciones (no creo que se estén cumpliendo las condiciones estándar, sino las mínimas para que se privilegie el usufructo de este servicio público por privados).

El punto fue que este se rompió y su capacidad de “tratar” y “disponer” las aguas residuales se perdió por un mes. Seguramente, una planta de tratamiento primario y secundario de aguas residuales hubiese mitigado el conjunto de impactos ocurridos durante la ruptura del tubo o emisario submarino. Creo que las autoridades deberían dejar a un lado la aplicación de la Ley del mínimo esfuerzo.

Al estudiar documentos oficiales y otros disponibles en internet, me asombró al encontrar la Resolución No. 507 de 1997 expedida por la corporación ambiental Coralina. Dicho acto concede licencia ambiental para las obras de construcción y operación de la red de alcantarillado y del emisario. Sin embargo niega la licencia para la instalación de una planta de tratamiento de aguas residuales, principalmente por no cumplir con condiciones técnicas para su operación en nuestro contexto insular y particular.

De aquí se desprenden dos conclusiones: desde antes de 1999 se necesitaba una planta de tratamiento, lo que parece reafirmarse en unos estudios previos para la contratación de una consultoría y que fueron realizados durante la vigencia del plan de desarrollo del archipiélago del 2012 a 2015; y al no contar con licencia algo llevó a que no se construyera y operara. Imagino que lo que faltó fue dinero, pero ahora tenemos un departamento con finanzas saneadas e incluso en superávit fiscal; tal vez la falta de interés por resolver las cosas bien y apropiar tecnologías sea otra excusa.

Además, en dicha resolución y la siguiente No. 423 de 2007 de Coralina, no se hace mención directa a los riesgos naturales que sostengo se pudieron prever y ya se materializaron. Ya no hay excusa para adecuar los planes de contingencia y las instalaciones operadas por la empresa de alcantarillado correspondiente. Ojalá el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible le meta el hombro a esto y regule pronto los vertidos dañinos a la biodiversidad y servicios ecosistémicos de nuestros mares y costas. Esto tal vez se pueda repetir en otras ciudades costeras.

Propuestas a seguir

Seré muy puntual: se requiere de una planta de tratamiento de aguas residuales en San Andrés Isla y por qué no en Providencia, como la necesitamos y no como algunos sueñan; se requiere independencia en el los estudios de impacto ambiental que deben revisar los sucedido durante la ruptura, luego de la aplicación del plan de contingencia y reparación del tubo, y finalmente los impactos residuales que nos podrían traer dolores de cabeza los próximos años; se requiere una actualización del plan de manejo ambiental del operador del emisario submarino y estudiar quienes han sido los responsables de que estos impactos ocurriesen. Es hora de que los entes de control hagan frente a esto e inicien sus indagaciones.

Finalmente, otras preguntas para dejar sobre el plato mixto: por qué el temor de aceptar que hubo impactos ambientales, así sean los menos significantes, ¿acaso existe algún temor a que se den con los responsables de las presuntas omisiones en el caso del emisario submarino?¿Para cuándo el estudio de capacidad de carga y las estrategias y políticas de control poblacional efectivas en nuestras islas? La gestión de residuos y nuestra supervivencia en las islas a mediano y largo plazo dependen de dicho estudio. O ¿es que están pensando en abandonar y no volver a visitar las islas cuando ya no haya nada que hacer?


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