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elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

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Pena de Año Nuevo

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CRISTINA.BENDEKYo quisiera escribir ficciones. Alimentar la imaginación, ser más creativa, e inventar mundos en los que la realidad fuera trastocada, con final feliz o triste o incierto, pero que se doblara, que se contrajera, que fuera distinto al panorama diario. Lo que pasa es que en San Andrés la monotonía es el caos, y la pena me tiene ocupada, el pudor, por decirlo así, que me da al hilvanar para los curiosos las razones por las cuales hoy el paraíso está destilando agua negra.

Háganme el favor. Una Reserva de Biosfera de la UNESCO en un país en el que el Ministerio de Ambiente acaba de percatarse de que, en efecto, hay que hacer tratamiento de aguas negras antes de verterlas al mar, y espera reglamentar los regalitos, según una noticia de esta semana, en un lapso de seis meses. Lapso que, veremos, estará sujeto a toda clase de dilaciones, y, por tratarse del Caribe insular, resulta tétrico pensar que los estándares no sean aplicables a las islas de San Andrés y Providencia por quién-sabe-qué razones.

Las razones por las cuales el paraíso sigue destilando agua negra, sin embargo, son más complejas. Implican una imbricada red de intrigas, animadversiones personales, toda una novela que valdría la pena escribir, cuando la pena desocupe mi mente y empiece a alimentar la imaginación. Esta semana, el preiódico EL ISLEÑO y los-influencers ambientalistas comenzaron a hacer circular nuevamente un reportaje de El Tiempo de 1997, en el que se relata el drama detrás de la famosa planta Krofta, comprada por el gobernador de turno y obstaculizada por la directora de turno de la CAR, quien acertadamente se dio a la lucha para no arreglar un problema y quedar con tres más.

La planta hubiera acabado enrollada, de todas formas. Los lodos, los residuos tras el tratamiento, no hubieran tenido una correcta disposición, y los corales de la zona de mezcla, ese punto en el que las penas se ahogan en el mar, también hubieran sufrido considerablemente. A cambio, June Marie Mow, la entonces directora de Coralina, proponía el proyecto de diseñar una planta especial para el caso del Archipiélago, con tecnología alemana. Sorpresa: no pasó nada. El gobernador ya había invertido en crear una firma que le hiciera un estudio ambiental favorable a la contratación dirigida, al chanchullo de la compra de la Krofta.

Belleza esa de los acontecimientos insólitos del Caribe, que no nos es ajena, desgraciadamente. Entre tanta obra de infraestructura propuesta para los siguientes años, entre tanto proyecto desconocido que hay en el portafolio del Plan Archipiélago -aquel plan gestionado con los recursos de una condicionada indemnización por la pérdida territorial de 2012 ante Nicaragua, los setenta millones de dólares de préstamo del Banco Interamericano de Desarrollo-, esperamos los isleños, entre la pena y la monotonía, que no se les sumen nuevas anécdotas a nuestros absurdos, en los que el billete vuela de un lado pa’ otro, y luego queda simbólicamente representado en alguna máquina oxidada.

Y nada que se resuelve el tema del vertido. Haciendo una cuenta de tienda, se obtiene que, si el vertido es de 1224 litros por minuto, suponiendo un caudal constante de 24 horas -ya sé que lo cierran máximo cuatro horas porque sino se explota la isla, pero supongamos que estamos en condiciones normales y que el tubo no se ha roto-, en un mes habríamos llenado unas veintidós piscinas olímpicas de 50 metros de largo por 21 de ancho y 3 de profundidad, las mismas que para los célebres juegos pueden durar hasta cuatro días en llenarse. Veinte piscinas gigantes de excrementos, en un mes. Belleza esa del Caribe.

Por supuesto que en esto no hay ninguna novedad, como insisten en ello varios otros opinadores. La novedad es que ahora no es a 400 metros de la costa el vertido, sino que la zona de mezcla queda a ojos y narices de todos. Que sea esta la oportunidad para resolver nuestras penas definitivamente. Eso sí, estoy segura de que si el gremio de hoteleros y comerciantes se hubiera visto afectado, digamos por una sanción que obligue a limitar el número de turistas, ya el problema estaría resuelto, con la presión de todos. ¡Ah! ¡Ahí empieza la inspiración para las ficciones! Peace out.

Adenda: 998 mil turistas en 2017. Fueron sesenta y un mil pares de nalgas más. Brindemos.


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Última actualización ( Sábado, 13 de Enero de 2018 09:28 )  

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