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¡Al Maestro se respeta, carajo!

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OSWALDO.SANCHEZEl dicho popular que afirma que ‘El colegio es el segundo hogar’ no necesariamente conlleva el respeto que se le debe al Maestro por su labor frente a sus discípulos, a pesar de ser uno de los más importantes trabajos que pueda tener la sociedad

Por eso queremos reflexionar sobre el ‘status’ docente entre nosotros. Según el ‘Global Teacher Status index’ es en China, Grecia, Turquía y Corea del Sur donde los Maestros gozan del más alto status social; mientras que en Israel, Brasil, República Checa e Italia es donde se tiene el más bajo concepto de ellos.

También en China el concepto de Maestro es asumido como comparable al de Doctor, mientras que en el Japón es solo un empleado oficial. Así entendemos por qué el 50% de los padres en China animan a sus hijos a seguir la profesión docente contra el 8% en Israel, por ejemplo, donde el Maestro no goza de mucho prestigio.

Que apenas el 63% de los encuestados confíe en el trabajo educador del Maestro explica por qué para muchos los Maestros ganan más de lo que deberían ganar por el trabajo que hacen, contradiciendo lo que se sabe y es que pagando mejor al docente sus estudiantes obtendrán mejores resultados.

A este respecto, es preciso señalar que el reconocimiento salarial a los maestros en otros países del mundo es diametralmente opuesto con Latinoamérica; es el caso de Luxemburgo donde un maestro con al menos 10 años de experiencia devenga un salario mensual de 8325 dólares (unos $24.824.000);  en Uruguay, 1434 dólares. Para el caso colombiano, según el Decreto 980 de 2017 un Licenciado o Profesional no Licenciado, en Grado 3 Nivel D (con Maestría, Decreto 1278) tiene una asignación equivalente a unos 1677 dólares.

Sin embargo cabe hacer una precisión: en Colombia los docentes con Maestría (Decreto 1278) equivalen al 4,74% y con Especialización, al 20,53%. De ahí que el 74,73% devengue un salario igual o menor a 1241 dólares ($3.700.000).

Cómo, pues, puede estar equivocadaMaría Fernanda Matuscuando afirma que “La realidad es que ser maestro en Colombia no paga. Es inaceptable que los guías más importantes de la sociedad no tengan un salario justo, no puedan acceder a una salud digna y vivan de paro en paro porque el Estado no ofrece un respaldo verdadero”.

Y aquí empieza a tomar forma la razón de nuestro grito: ¡Al Maestro se respeta, carajo!

Se quiere es que los demás traten al Maestro con consideración y deferencia, pues como se lee en documento de la Universidad del Norte: “Ser educador en Colombia y América Latina es una labor poco agradecida. Y no es un tema exclusivo de la baja remuneración; el asunto radica en el imaginario que hay del profesor como una profesión poco valorada. Hoy en día, los padres y los estudiantes enfrentan a los educadores, por una nota, por un trato preferencial”.

Ahora que se inician las campañas electorales, es de esperar que los aspirantes dejen de lado las frases de cajón y los vocablos rimbombantes, con cierto tufillo de ‘contentillo’ sabiendo que no pueden (o no quieren) cumplir lo que prometen. Ya basta de palabrería y promesas sin cumplir por parte de presidentes, ministros, gobernadores, alcaldes, diputados o concejales.

Si bien es cierto el salario es señal de respeto a la labor docente no debería ser tema exclusivo como desgraciadamente lo han vuelto los sindicatos; es que si se cobra más, se debe rendir más. Hay otros temas a exigir, de ida y vuelta: formación de calidad pero con incidencia en el rendimiento del estudiante; estabilidad laboral, pero con ‘vocación’; a mayor y mejor ISCE, más reconocimiento al docente; ascensos congruentes con su desempeño; trato preferencial en las universidades privadas y facilidades de crédito para su promoción profesional; acceso real a la cultura y a la información, etc.

No es justo ni digno que Maestros y autoridades (la comunidad empresarial brilla por su ausencia) reduzcan el reconocimiento docente a un día y a un almuerzo estilo PAE.

Debe existir una política nacional o departamental que se mantenga a largo plazo que permita cimentar estrategias que honren la profesión del Maestro y la haga atractiva para los aspirantes a estudios superiores, de modo “que dignifiquen la profesión y demuestren que ser profesor sí vale la pena y debe ser motivo de orgullo, que sea una profesión en la que se aprende y progresa”.

Claro que para exigir es necesario tener; por eso clamar que “El maestro se respeta ¡Carajo!”, como se pudo ver en pancarta elaborada por algún descompuesto profesor durante el paro de mayo del año pasado, es muy distinto a exigir respeto: ¡Al maestro se respeta, Carajo!, ¿o no?


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