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Radiografía: la verdad sobre la salud en las islas

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A todas estas, parece que lo que reina en cuanto al tema de la salud es el desconocimiento. Y esto quedó expuesto tras el reciente y revelador debate adelantado sobre el tema en la Asamblea Departamental. Empecemos por el principio: no hay buenos inmaculados, ni malos perversos. Análisis.

La IPS Universitaria de Antioquia, llegó hace un quinquenio a la isla respondiendo a una necesidad y habiendo demostrado que allá en ‘la montaña’ y en ‘la arenosa’ habían logrado ciertos niveles de estabilidad. 

Llegaron y encontraron como es costumbre una nómina en desorden y un sistema de información obsoleto.  Poco a poco se fueron armando procesos, pero se mantuvo la idea de que esto se regía de lejos, y los cargos de mando siguieron en manos de los ‘paisas’ y las finanzas desde Medellín.

En el trascurso de ese tiempo murió Caprecom y sus pacientes después de meses de zozobra, fueron adoptados por La Nueva EPS. Estos que son los más pobres de la pirámide, también tienen la mayor prevalencia de enfermedades y viven en las condiciones menos favorables, hacen poco por su salud y están acostumbrados a la actitud paternalista del subsidio. 

Después de un tiempo con esa ‘carga’, a La Nueva se le ocurrió la idea de hacer un contrato que le daba al hospital un pago global prospectivo (PGP) que designaba una cantidad fija para el manejo de todos, y esta parecía una buena idea, un monto fijo destinado a la salud. Pero como de eso bueno no dan tanto, el primer escollo es que en San Andrés no sabemos ni cuántos somos, ni que necesitamos.

El PGP fue calculado con una base muy por debajo de la verdadera cifra de gente que en verdad somos. Cuando el número ofrecido fue significativamente inferior a lo que se gastaba, empezaron los problemas: no hubo aumentos en los salarios, y los trabajadores que habían sido agrupados en una figura confusa que llamaban sindicatos, empezaron a resentir el aumento en el costo de vida. 

El segundo en sufrir las consecuencias fue el edificio, y en general la infraestructura, que se dejó abajo en la lista de prioridades, dejando que se dañara lo dañable, se corrompiera lo corrompible, y así empezó ese look pobretón que hoy ostenta el Clarence Lynd Newball Memorial Hospital. Al lado de eso la falta de los insumos, los medicamentos y los servicios. 

Pero no solo se trata del contrato loquísimo con La Nueva, también están las pérdidas con las ‘mulas’ del narcotráfico, los turistas sin seguro, lo que no están en el sistema, los que no quieren pagar el copago, el que se voló, los habitantes de calle…

Cansados de las dificultades y de los oídos sordos del gobierno local y nacional, la IPS decide irse. Empacar sus ‘chiritos’ y dejarles este chicharrón a los isleños.

Pero… ocurre que una vez más se ven amarrados por contratos en el interior del país: “que, si se va de San Andrés, le quitamos esto, o aquello…” Entonces, pues se quedaron como un matrimonio a la fuerza con una novia que se veía bonita en la foto, pero de cerca ya no lo es. Para nada.

El revoltijo, la ensalada, el amasijo

A la fuerza la IPS se queda y se le ocurre meter en el lio a quien le siga el cuento, una IPS de aquí, otra de allá, uno de la isla, otro de más allá.  Con la conciencia de las deudas y la pobreza, ofrecen poco a los probables inversores isleños, con garantías distintas a las que venían gozando los aliados anteriores.

A todo esto, el gobierno seguía gritando a voz en pecho que todo está bien, que todos son felices y que no pasa nada.  Que “no se ahoguen en un vaso de agua”.

Pero entonces pasó lo que tenía que pasar: el primero de agosto no apareció nadie contratado, no hubo garantías sobre las UCIs, la farmacia, el laboratorio o las imágenes diagnósticas. A ese punto la ciudadana Olga Dickens y quien esto escribe, aterradas por la situación, solicitamos la Acción Popular que impida a los anteriores prestadores a irse de las islas hasta que no hubiese garantías de continuidad: estamos hablando de vidas, sus negocios son secundarios aquí.

No obstante, los problemas estructurales y de insumos se profundizaron. Y las cosas estallaron cuando la planta eléctrica, atendiendo la fórmula instaurada: se daña, como antes lo hicieron los aires acondicionados, el ascensor, las camillas, los equipos, la ambulancia e incluso el TAC.

Los nuevos son muy nuevos, los viejos vienen diciendo que se quieren ir, el público navega en su ignorancia del tema y el gobierno ejerce de gran negador. Aquí no pasa nada...

Pero todo tiene arreglo. Y el primer paso se ha dado.

Lo primero, como en la terapia, era admitir el problema: no está todo bien. Velas a la entrada del hospital, debates públicos y privados se han tomado la consciencia de los isleños y ha empezado el cambio.

Que nos espera

Para las islas si hay futuro. A parte de vivir en el centro del Caribe occidental y tener a mano los vecinos pobres que tenemos y sus necesidades insatisfechas, en el archipiélago, podemos hacer un inventario de aquello que si tenemos…

Un edificio aún es rescatable, dos centros de salud que se pueden potencializar: urgencias de baja complejidad para San Luis con horario de 24 horas, anclados de un sistema de transporte terrestre de ambulancias que comprometa a lo público y lo privado. Un subsuelo en el centro de salud de La Loma que debería ser visualizado como nuestra Clínica Día para la atención de adicciones y enfermedades mentales no hospitalizables.

Además, un talento humano que, regado por el mundo podría llenar dos veces la nómina del hospital: endocrinólogos, ginecólogos, urólogos, médicos internistas, neumólogos, oftalmólogos, ortopedistas; todos isleños, con OCCRE y con avales académicos que sonrojarían al director de cualquier hospital del primer mundo.

Tenemos la oportunidad de importar por unos meses especialistas en su último año de residencia para que tengan una rotación en, por ejemplo, Providencia, logrando ofertar servicios que creíamos desaparecidos para los providéncianos: hablamos de volver a ver un niño nacer en Providencia. 

El primer paso sería entonces un cronograma, la distribución de tareas con fecha límite, para entregar paso a paso. 1. Caracterización de la población: quienes somos, cuántos somos, que tenemos, de que nos enfermamos, porque lo hacemos.  2. Redistribución de los recursos con base a esa nueva realidad.  3. Metas lograble a corto, mediano y largo plazo. 

A corto: el hospital funcionando con una nómina ajustada al costo de vida de la isla, aliada de los entes territoriales y las instituciones educativas que aporten en asuntos como atención al cliente, actualizaciones asistenciales y oportunidad educativa. A mediano plazo: la incursión de un tercer centro de salud –en Natania, por ejemplo– a donde vive el 25% de la población, y al que los políticos saben llegar muy bien en tiempos electorales. Alianzas con los privados en San Andrés para prestar los servicios que no se prestan en este momento y que terminan en el desplazamiento forzado de los enfermos de la isla.

Por último y primordial, la conciencia que en la isla no se pueden implantar modelos que no tomen en cuenta nuestra muy especial realidad (lingüística, poblacional, cultural, demográfica, epidemiológica). Podemos buscar en modelos exitosos insulares, o de lugares de difícil acceso, que se repliquen y se adapten pensando y actuando de manera creativa en nuestra realidad. 

Para lograr al fin, de una vez por todas,  lo que nosotros –los muy particulares y específicos nosotros– necesitamos.


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Última actualización ( Viernes, 20 de Octubre de 2017 06:47 )  

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