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Defensa en peligro...

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Los recientes informes y columnas de opinión publicadas en este portal acerca del creciente deterioro ambiental del los corales de San Andrés no son una advertencia más. Lo que se está evidenciando –aquí y ahora– es la manifiesta y nociva degradación de nuestra principal defensa que son los arrecifes coralinos. Léase bien: nuestra principal defensa territorial.

Esto, que puede sonar exagerado, es ni más ni menos, la muerte paulatina de los arrecifes de coral. Prolíficos sistemas que rodean las islas y no solo explican su origen, sino –en el caso de San Andrés– la maravilla del Mar de los Siete Colores, de las blancas playas y de la inmensa belleza de los jardines submarinos que disfrutan los buzos con su variedad de peces y mariscos que disfrutamos todos.

Pues bien, los arrecifes son el ecosistema más expuesto al cambio climático que está haciendo estragos en todo el mundo. Adaptados milenariamente a climas estables, desarrollaron la mayor biodiversidad en genes y una de las mayores en especies del Planeta, pero al mismo tiempo de una extrema fragilidad. El cambio climático implica, además de variaciones en la temperatura, cambios en el pH del agua, que amenazan con arrasar a estas murallas naturales.

Por si fuera poco, acaba de publicarse la ‘III Comunicación Nacional de Cambio Climático preparada por el Ideam y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)’, que Colombia presenta al mundo y en la que San Andrés figura como el área del país más afectada por dicho cambio, con el mayor aumento de temperatura e, implícitamente, mayores probabilidades de eventos climáticos extremos, incluidos huracanes.

Sin embargo, más allá de estos ciclones, el cambio climático conlleva otros trastornos, tal vez no tan espectaculares, pero sí de más profundas consecuencias. Implica, por ejemplo, la elevación del nivel del mar, un fenómeno que no por previsible es menos terrible, pues significa que muchos terrenos serán invadidos por el mar e inundados permanentemente. Los habitantes de dichos predios deberán abandonarlos, a la vez que los terrenos de extremo riesgo aumentarán.

Esto irá acompañado de fenómenos conocidos y sufridos por muchos habitantes de las islas, como la erosión de las costas y playas, que en más de una ocasión han destruido construcciones levantadas en otras épocas, en apariencia lejos del impacto del mar, pero hoy atacadas por su creciente avance, consecuencia del manejo indebido no solo local sino globalmente. Todo esto aquí y desde luego a corto plazo.

Las evidencias fotográficas captadas por la Fundación Seaflower en la zona de Little Reef (en las narices de San Andrés) y publicadas en esta edición; el paisaje submarino ciertamente mermado en vida y color, hallado en la reciente ‘Expedición Seaflower 2017’ a Serranilla; la labor titánica de Help 2Oceans aliviando el lecho marino de miles de llantas y otros desechos al mar; son ejemplos palpables de cómo estamos socavando el futuro, ya no de las próximas generacionales, sino de la actual.


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Última actualización ( Domingo, 15 de Octubre de 2017 09:49 )  

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