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La decencia y la debilidad

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CRISTINA.BENDEKEl vicepresidente volvió al término prometido. Una reunión con los raizales citada con poca antelación, funcionarios de aspecto cansado e impaciente con tanta gente, líderes narrando agravios, y un llamado a la inclusión que reviró en incomodidad, como la que se siente en las sienes y en la garganta con el ruido de uñas contra la pizarra.

Democracia, participación, inclusión. En la mañana del jueves el vicepresidente, el general Óscar Naranjo, un hombre que viene de los diálogos de paz en La Habana, hizo el lanzamiento del Observatorio del Delito, para mitigar desde las ramas y buscar en las raíces el origen de una de las formas que toma nuestras violentas herencias. La comunidad étnica no asistió, hasta que el vicepresidente los agendara exclusivamente, no revueltos entre todos, para hablar entre otros, de un proceso de negociación que se lleva es con el Estado.

El vicepresidente estrechó la mano de todos los asistentes antes de iniciar la reunión. Democracia, participación, inclusión. El vicepresidente no es un hombre débil. Esas tres palabras fueron una declaración de principios para todo lo sucesivo, y la no radicalización, y la no polarización. La sobrepoblación y el Estatuto Raizal fueron los temas discutidos en dos horas. El rostro amable del General no se inmutó con interpelaciones acusatorias, declaraciones frustradas, o comentarios inapropiados. Y la paciencia del pueblo raizal masticó nuevamente el planteamiento de la hermosa democracia.

No sin chistar. Al momento en el que uno de los asistentes señaló que había que preguntarse inclusión para quién, se oyó un estornudo, y un par de gargantas se atoraron. “La sobrepoblación no da espera”, “ya no cabemos todos en esta balsa”, “quienes se han convertido en minoría en su tierra somos nosotros”, “no ha habido pueblo más abierto e incluyente que el pueblo raizal”, ¿y qué queda después de abrir los brazos?

No hay que confundir la decencia con la debilidad, dijo el vicepresidente. No, no hay que confundir la distraída decencia de observar sin intervenir, de no interrumpir, de no acusar; de una tácita aceptación de la mano invisible que regularía todo, con debilidad.

Se ha observado hasta que los tugurios se forman, hasta que el agua podrida se rebosa en los andenes, hasta la pérdida de las tierras, del maritorio, hasta que no se puede morir sin ser una carga para los vivos, hasta que uno debe entregarse a las leyes del karma para no resbalarse en la ducha, para no necesitar de una sala de cirugía o de la unidad de cuidados intensivos.

¡Que nadie se infarte por estos días! Por eso es mejor acoger los llamados a la calma, es cierto. Valeriana para controlar los nervios porque no habrá desalinización, o porque estamos en agosto y no se ha anunciado la comparecencia en La Haya.

Como las lluvias de estos días es el relato de vivir en este Caribe, repentino y súbito, y benevolente, que sofoca los calores más urgentes, que improvisa con lo justo. Es un relato sobre un acto de fe. ¡Sí que fortalece el espíritu hacerse digno y apropiado para vivir en San Andrés!

Y nunca había sido más necesaria esa fortaleza de espíritu, como la que inspiró a raizales, isleños y visitantes Emancipation Week, con los coros de góspel en inglés y en zulu el domingo por la noche en la First Baptist Church, con la multitud danzante y festiva de la Marcha de la Libertad, con los redoblantes de los jóvenes y las voces de los cantantes, con los impresionantes colores de simbólicas túnicas estampadas, con los sabores alucinantes que son las historias servidas de una relación armónica con el entorno.

Fortaleza de espíritu, y decente fortaleza porque el camino es largo, tanto para la política pública de manejo a la sobrepoblación, como para curarnos de defectos.

El Estatuto Raizal está en proceso de formulación y negociación. Por eso a los nerviosos con las reivindicaciones históricas del Estado, debe también calarles especialmente el mensaje del vicepresidente, sobre la decencia para observar un proceso histórico, no en pasiva aceptación, sino en activa contribución. Es de suponerse: It ain’t always good for business. Peace out.


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