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El Aeropuerto, otra vez

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GERMAN.MARQUEZ2Nadie niega la conveniencia de mejorar el aeropuerto 'El Embrujo' de Providencia. Sin duda la pista debe pavimentarse debidamente e incluso ancharse un poco. Se necesitan luces que posibiliten operaciones nocturnas para atender urgencias que, sobre todo debido a la precariedad de los servicios hospitalarios, se presentan con extrema frecuencia.

Nadie se opone a que mejoren las ayudas de navegación. Tampoco a que se solucione el problema de los cupos, para que sea más fácil viajar, si por una emergencia se requiere un cupo de última hora.

Lo que no parece estar del todo justificado es que se quiera ampliar el aeropuerto, a costos enormes, para traer aeronaves más grandes, sobre todo si para ello el argumento es la falta de cupos y la traída de más turistas. La idea, expresada muy simplemente, es que aviones más grandes tiene más cupo y así no habría problema; pero resulta que esto puede resolverse de otra manera. 

La falacia del argumento de los cupos y de la conveniencia de los grandes aviones está siendo demostrada, involuntariamente, por la puesta en funcionamiento de una tercera línea aérea en Providencia. Esta llegó con una oferta muy tentadora de precios más bajos, que representan un alivio y podrían generar una competencia saludable para que el pasaje más caro de Colombia se vuelva más accesible. Un pasaje ida y regreso San Andrés Providencia cuesta cerca de $400.000, mientras Bogotá -San Andrés se consigue por la mitad.

Pero hay problemas. Uno es que el servicio de la nueva empresa, aunque más barato, deja mucho que desear. Pero lo más relevante es que, desde que la nueva aerolínea empezó, parece evidente que no hay suficientes pasajeros para tantos cupos y por eso sus aviones, como los de las otras aerolíneas, viajan con frecuencia bastante desocupados, cuando no se opta por cancelar los vuelos.

Nada más ayer, a mi señora le cancelaron el vuelo en la nueva aerolínea; explicación: ninguna. Quizá no querían volar con solo cuatro pasajeros, los que había a la hora de partir. Ya en el pasado ha habido cancelaciones cuya causa fundamental es, seguramente, la nula rentabilidad de un vuelo en dichas condiciones.

Esto sugiere que la falta de cupos, si bien existe, es de sólo unos pocos. Tanto, que no justifican poner un vuelo más, pues no alcanzarían a llenarse los aviones, como de hecho está ocurriendo. Mucho me temo que pronto alguna de las aerolíneas preferirá retirarse de servicio, lo que nos devolvería al caos de hace años y a la escasez de cupos. Y si esto ocurre con aviones de 19 pasajeros, ¿qué pasaría con aviones más grandes?

Probablemente no se llenarían nunca o tendrían que limitarse a uno o dos vuelos diarios, con las consecuencias previsibles.

La solución es otra. El aeropuerto, en la actualidad, solo funciona seis horas diarias, lapso durante el cual aterrizan, en temporada baja, hasta igual número de vuelos, que aumentan en temporada alta. Estos vuelos son bastante espaciados, aproximadamente cada dos  horas, de manera que el aeropuerto permanece bastante inactivo. Con una capacidad de hasta 19 pasajeros por vuelo, se pueden transportar 96 pasajeros en cada sentido, lo que corresponde en general a la demanda promedio esperada. Las empresas no programan más vuelos pues corren el riesgo de no llenarlos.

Pero, de haber una demanda mucho mayor, el número de vuelos podría elevarse mucho sobre el actual, sobre todo si el aeropuerto opera, no digamos 24 pero al menos 12 horas. En una estimación muy general, se podrían hacer hasta tres vuelos en una hora, como sucede actualmente, para un total de 36 vuelos, lo que movilizaría algo más de 680 personas al día.

Esto equivale a cerca de 250.000 personas por año, que es 10 veces el número de turistas que están recibiendo Providencia y Santa Catalina y aproximadamente 10 veces su capacidad de carga turística actual. Y es, en todo caso, una cifra temible, a menos que Providencia y Santa Catalina quieran seguir el riesgoso camino de turismo masivo de San Andrés. Pero es una solución que funcionaría, de ser necesario, lo cual es improbable e indeseable.

La Aerocivil acaba de anunciar que desiste de la ampliación del aeropuerto y de la desmedida inversión prevista, de $68.000.000.000 (sesenta y ocho mil millones de pesos), y que se limitará a lo lógico y deseable, que es el mejoramiento básico del mismo.

Es una buena noticia, así argumente que su decisión obedece a que encontró mucha oposición comunitaria, y no a que entendió lo absurdo del proyecto, como sería de desear. Y sería mejor si los recursos se quedan en Providencia y se destinan a necesidades verdaderamente perentorias, como los servicios de salud, para que no necesitemos tantos cupos de urgencia.


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