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El desacato nos cobija de las pretensiones nicaragüenses

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HAROLBUSH1La aparición hace poco de brea en las playas de Sprat Bight es un indicio de lo que la intención de explotación petrolera de Nicaragua alrededor del archipiélago pueda arrojar en nuestras playas y muestra la necesidad de poner en práctica mecanismos de control y de evitar a toda costa esa explotación.


Mientras más tiempo se agarra Colombia a las aguas perdidas, más seguras estarán las islas. De allí que cuando Colombia negocie debe ser con estrictas condiciones de manejo ambiental y con un posible intercambio de áreas marinas.


En últimas debe haber una negociación inteligente y general donde tanto Nicaragua como Colombia se sienten a gusto y llegan a un punto en que trabajen en beneficio mutuo y las comunidades raizales de ambos lados de la nueva frontera azul, donde quiera que llegara a estar, se sientan seguros, prosperen, se colaboran y sean respetadas y apoyadas.


Una negociación y un compromiso en últimas deben arrojar resultados donde cada lado siente que salió ganando y que se va con la mayor y mejor parte de la torta. Implica llegar a un punto intermedio donde cada país cede algo pero con que esté cómodo.


Sí, pero no


En respuesta a inquietudes expresadas durante su reciente visita a las islas nuestro agente ante La Haya, Carlos Arrieta, ha dicho que no ha sido posible un acercamiento ni un diálogo con Nicaragua para una solución negociada.


Lo que Arrieta no señaló es que la posición de Colombia de no acatar el fallo del 2012 hace que Nicaragua no esté propensa al diálogo y Colombia por lo tanto hace muy difícil un acercamiento.  Es que Colombia tiene en mente una clara estrategia que incorpora los intereses nacionales y de las islas y no es conveniente en estos momentos acceder a una negociación.


Se busca crear una coyuntura con mejores condiciones de negociación y se prepara a los habitantes de las islas para las medidas algo difíciles de aceptar que en algún momento se deberán tomar. De momento, se dejan decisiones difíciles para futuros gobiernos.


Los dos casos que cursan en La Haya pueden o fortalecer o debilitar la mano de Nicaragua. Otros dos triunfos harían las cosas más complicadas para Colombia. Pero una constante es que los límites establecidos por el fallo del 2012 son definitivos y Colombia no pelea su redefinición. Por eso la negociación deberá llegar en algún momento.


Aparte del factor de urgencia de definir la situación más que todo por su afán de atraer y asegurar inversión extranjera en exploración petrolera y de gas en sus áreas ganadas, Nicaragua tampoco tiene incentivo alguno para acordar con Colombia algo menos de lo que le entregó La Haya.


Diálogo abierto pero aún no apropiado negociar


El lado positivo de la respuesta de Arrieta es que Colombia en efecto aún tiene abierto canales para una posible solución negociada.


Los raizales nos enfrentamos a la difícil situación de querer mejores relaciones con nuestro hermanos raizales ‘nicas’ a la vez de que no queremos aceptar que Nicaragua se quede con tanta agua que consideramos nuestras y si se queda con algo no vaya a explotar petróleo que pueda dañar nuestras islas. El peligro de esto último asusta bastante.


Colombia ya ha indicado sus líneas rojas mediante el Decreto 1946 del 2013 con la creación de la llamada Zona Contigua Integral, que se superpone sobre la zona otorgada a Nicaragua por La Haya pero con un área más reducida que Colombia asumía como suya antes del fallo del 2012 con la frontera muy al este del Meridiano 82.


Es una delimitación unilateral que solo tiene efectos nacionales, de manera que la ZCI tendría validez internacional sólo si lo acepta Nicaragua y queda plasmada en un tratado bilateral.


La ventaja de la ZCI es que crea una unidad geográfica de todo el archipiélago y por tanto desenclava a Quitasueño y Serrana, un aspecto difícil de tragar que dejó el fallo del 2012.

Colombia debe reconocer aguas contra-entrega de derechos de pesca y protección ambiental


Los dos países están en polos opuestos y con énfasis en diferentes cosas. Colombia quiere negociar áreas, Nicaragua quiere ir sólo por el reconocimiento de derechos históricos de pesca y manejo conjunto de zonas de protección y recursos marinos.


Un aspecto clave para las islas es que deben de llegar a un acuerdo para la explotación de pesca sostenible. El problema aquí es que Nicaragua seguramente pedirá reciprocidad y esto es un peligro por la pesca indiscriminada que ellos practican y por la dificultad de controlar las actividades y patrullar la zona.


En el momento las áreas asignadas a Nicaragua están funcionando en efecto como si fueran de régimen común (similar al que tenemos con Jamaica), es decir, que hay exploración conjunta de recursos pesqueros por embarcaciones tanto colombianas como nicaragüenses. Esto no se tolera en los cayos pero llega uno que otra y se han enfrentado allí a nuestros pescadores.


En espera de una coyuntura propicia para el diálogo, es de vital importancia que Colombia vaya diseñando y luego asegure con el diálogo una estructura de protección y manejo bilateral que garantice intereses estratégicos nacionales, los derechos de los locales, en especial el acceso a sitios tradicionales de pesca, que asegure la sostenibilidad de los recursos y que últimamente asegure la protección de la reserva Seaflower.


Protección del medio ambiente debe primar sobre derechos de pesca

Es de vital importancia porque en términos de supervivencia económica de las islas la protección ambiental es más importante que los derechos de pesca, e incluso de la apropiación de áreas marinas, por las implicaciones que la explotación petrolera y de gas puedan tener alrededor y dentro del archipiélago.


Es un alivio que ya no se habla de construir un canal interoceánico, pero eso hace que Managua se concentre en el otro factor que espera traer prosperidad a uno de los países más pobres del hemisferio: extraer petróleo y gas de las áreas otorgadas por La Haya en el fallo del 2012.  Y debemos alarmarnos por esto porque las credenciales ambientales de Nicaragua son atroces.


Por eso en el peligro ambiental de la explotación radica una de las decisiones más difíciles que tomaría Colombia. De momento, convendría a las islas que no se entreguen las aguas a Nicaragua hasta tanto, de ser posible, asegure que no llevará a cabo exploración petrolera en la zona. Algo complicado pero no imposible.


Por eso, al no acatar dicho fallo Colombia en efecto está protegiendo el futuro ambiental de la Reserva Seaflower y de todos los recursos  naturales del área para los habitantes del archipiélago.


Ya el tema se vuelve menos de control sobre áreas marinas y más de protección y sostenibilidad ambiental y derechos de pesca.


El panorama se vuelva más complicado y lo que entra en juego no es ahora tanto si entregamos las aguas sino si aseguramos de que Nicaragua no vaya a comenzar una carrera extractivista como muchos otros países del Caribe, incluido Colombia (que acaba de anunciar un enorme descubrimiento cerca a la Guajira que se une a otro gigante que encontraron en el Golfo de Urabá), que pueda terminar con serios daños ambientales al archipiélago y en consecuencia a su industria turística y al poco sustento que aún se deriva de la pesca.

La cuestión petrolera

Por último, Colombia no puede lavarse las manos y acusar a Nicaragua. El Gobierno anunció en el 2013 que para la Reserva Seaflower iba a intentar aumentar su estatus de protección y por eso iba a “buscar una figura para que esta zona sea declarada Patrimonio (Natural) de la Humanidad, que la proteja y pare un poco las pretensiones expansionistas de algunos países. Que se mantenga libre de acciones de hidrocarburos”.  Nada se ha hecho al respecto.


Lo otro que resulta increíble es que el anterior agente ante La Haya había señalado categóricamente tan solo dos años antes de que esa declaratoria no era de relevancia. Detrás de esto había algo de ignorancia sobre la importancia del tema étnico y ambiental en relación a lo que se discutía en La Haya, y su no inclusión tuvo catastróficas consecuencias para nosotros. El Gobierno los rescata en los argumentos que ahora se presentan, aunque ya puede ser muy tarde.


Pero también detrás de lo que dijo Londoño Paredes había intereses de explotación petrolera de por medio por parte de Colombia, algo que Coralina demandó y ganó (con fallo del Consejo de Estado), y esto obligó a Colombia a abandonar toda pretensión de actividades extractivas de hidrocarburos en el Reserva.


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Última actualización ( Domingo, 09 de Julio de 2017 07:04 )  

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