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El negro peligroso del Caribe

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CRISTINA.BENDEKMucho se ha discutido sobre el impacto real de los fallos de los tribunales internacionales en el nivel regional, y el caso de Costa Rica contra Nicaragua que se discute estos días en La Haya invita a la reflexión. El Archipiélago flota dormido en un vilo, negro, como el petróleo.

Es como si la Historia hiciera a sus protagonistas andar en círculos. Cuando la Corte Internacional de Justicia falló equitativamente, entregando una porción enorme de mar a Nicaragua en 2012, desató una oleada de diferendos y Costa Rica fue uno de los que salió a la pesca en río revuelto.

Un tratado como el Esguerra-Bárcenas declarado de validez limitada, una revisión limítrofe, y la entrega de la plataforma continental, no pasan por poco aliciente para las naciones vecinas.

Uno de los sitios geográficos claves en el diferendo se llama Punta Castilla, y fue reconocido como frontera por un laudo arbitral llamado4laudo Alexander. Eso fue hace 120 años. La geografía cambia, y por tanto, lo pactado allí también cambia.

Al parecer. En este caso, la Convención del Mar, que ya debería ser del léxico corriente de los isleños, es un instrumento cuya validez Nicaragua rechaza en su defensa. Los tratados internacionales, según dicen los expertos de ese país, no deben ser revisados cada vez que aparezca una convención que lo permita. Eso es inestabilidad jurídica.

La generosa equidad de la CIJ en el caso con Colombia inspiró a los costarricenses, que esperan las demás respuestas de Nicaragua a sus argumentos hasta el 13 de julio. Costa Rica pretende, entre otras, la aplicación de un cálculo de límites que intercepta parte del territorio del Archipiélago, que aún no se le ha entregado a Managua. Esa es parte de la pretensión tica.

Ya se anuncia que la Corte puede emitir un fallo equitativo, “como suele”, pero lo que poco se calcula es precisamente el tema de la estabilidad. Cada Estado tiene derecho de defender lo que considera de su legítima propiedad, y así debe hacerlo por los medios que estén disponibles, pero resulta curioso el momentum de diferendos, al mismo tiempo en el que vuelve el fantasma del oro negro.

Al parecer, así como en 2012 Ortega (y Santos) ya tenían repartida la torta de la exploración por estos mares, ahora Ortega también tiene al menos, según medios ticos, 25 bloques de exploración petrolera en un área de más de 500 kilómetros cuadrados que entra en lo que sería territorio costarricense.

Hace quince años hicieron lo mismo, mapearon la zona para entregar licencias. Costa Rica tiene clarísima la prohibición a la exploración petrolera hasta el 2021, pero los demás países de la región están ensañados con la extracción “para el desarrollo”.

La inestabilidad regional llega con la hegemonía consentida del Derecho Internacional Público, “la caja negra”, ajena a los vicios onerosos y a las cuestiones geopolíticas, a los intereses particulares.

En realidad, como todo, los contextos cuentan, y mucho. Para la muestra, la defensa de Nicaragua, enfocada en insistir que el deber de la Corte debe ser sólo revisar si el laudo sigue siendo aplicable, y no destruirlo de la mano de los argumentos que hay para hacerlo en la Convención del Mar.

El problema está servido desde 2012. Y aquí seguimos en vilo, en la penumbra.

Lo que suceda en la Corte dará claridad sobre el caso propio, y además, enciende definitivamente las alarmas por el petróleo. Desastres ambientales han ocurrido en todas partes, y me encanta pincharles el globo a los que piensan que del petróleo viene la abundancia, porque basta ver el caso de Luisiana, el Estado más pobre de Estados Unidos y uno de los mayores en actividad extractiva. Y no es que aquí tengamos, propiamente un derroche de rigurosidad y cultura política para la transparencia.

Faltan años pa’ ver qué. Aquí estamos por ahora los isleños, soñando con una Reserva de Biosfera Seaflower íntegra, y la representación de los intereses del pueblo étnico.

Si el Estado quiere reivindicaciones, tiene poco tiempo para lograrlas, y aun así, el trabajo más importante es desde adentro. El fortalecimiento de lazos sigue siendo clave, entre las islas y el resto de Centroamérica y el Caribe, y además de eso depende nuestra supervivencia. La de todos…

Cómico, por decir lo menos, que para la integridad ambiental sea más conveniente que Costa Rica saliendo al ruedo, se quede con un territorio que ni siquiera Colombia ha cedido. Peaceout.


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Última actualización ( Sábado, 08 de Julio de 2017 08:33 )  

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