Home Opinión Columnas Educar al ciudadano
  • Increase font size
  • Default font size
  • Decrease font size
Search

elisleño.com - El diario de San Andrés y Providencia.

JA slide show
 

ISLENO1

Educar al ciudadano

Correo Imprimir PDF

OSWALDO.SANCHEZEl concepto de ‘cultura ciudadana’ (CC) puede definirse atendiendo enfoques descriptivos, normativos o prescriptivos. El enfoque normativo la define como “una visión positiva de convivencia que contempla la tolerancia o el aprecio por distintos proyectos de sociedad, la no violencia, la capacidad de celebrar y cumplir acuerdos, el cumplimiento de la ley, la confianza o expectativa de cooperación de los demás y el interés por lo público”.

La convivencia comunitaria inicia con la creación de asentamientos, formados como por goteo desde el campo y las aldeas hasta conformar una ‘aldea’ primitiva privilegiada que se convertiría en ‘ciudad’. Ciudad que sigue creciendo aparentemente sin fin. Las más antiguas ciudades están ubicadas en la denominada ‘Media Luna Fértil’ por el historiador James Henry Breasted.

La importancia de la ciudad para el ser humano es indudable y al decir de Aristóteles "ha sido creada en primer lugar para hacer a los hombres verdaderamente hombres, y la ciudad existe para hacerlos felices. El hombre, que inicia su período de desarrollo en la familia, encuentra sólo en la ciudad su madurez: el hombre es por tanto un animal político".

Es que la ciudad exige que los intereses comunitarios primen sobre los particulares, pues su existencia se fundamenta en un pacto social de ayuda recíproca y solidaria. Bien lo decía la ministra María Fernanda Campo: "La formación ciudadana no solo se da en un aula de clase. Los ciudadanos se empiezan a formar desde la familia y luego en la escuela, en la ciudad y en el barrio".

Además, esta convivencia presupone un sentido de pertenencia, pues sin ella la ciudad no tiene sentido y no se podría alcanzar esa felicidad que Aristóteles propone. Por eso tiene razón Bill Clinton cuando aseguró que “Las ciudades se han convertido en laboratorios de democracia”.

Laboratorios en los que los Maestros juegan un papel muy importante pues no solo acompañan a sus estudiantes en la formación académica, sino que les corresponde también generar ambientes democráticos, fomentar espacios de participación y fortalecer la autonomía, requisitos fundamentales para un ciudadano del Siglo XXI.

Pareciera, sin embargo, que hacemos todo lo posible por acabar la vida en común que implica la “ciudad”. ¿De verdad pensamos que la ciudad está hecha para hacer feliz a quien la habita?; ¿quién defiende o enseña eso de que la armonía de la ley, moral y cultura, se expresa tanto en “la desaprobación moral o cultural de comportamientos ilegales, como en la aprobación moral y cultural de las obligaciones legales”?

Como denuncia Inés Celis, aquí “Abunda el egoísmo, la pérdida de valores y la inconsciencia moral y ambiental”, y el gobierno ahogado en su propia arcada no tiene fuerzas para emprender acciones porque tal vez tampoco lo cree.

El aplauso se lo lleva el avivato no el honesto, convirtiéndose en la prueba reina del divorcio entre ley, moral y cultura, que Antanas Mockus ha denominado “la cultura del atajo”, y que consiste en “obtener resultados a corto plazo sin reparar en los riesgos o las consecuencias de mediano y largo plazo”, que se materializa en algo tan simple como cruzar la calle por sitio no permitido; no respetar los períodos de veda; la compraventa de votos u olvidarse de las promesas de campaña electoral; parquear el vehículo en cualquier parte; hacer “machete” en la previa; el docente que decide aprobar a todos en la asignatura porque no me voy a “tirar las vacaciones”; sacar la basura a destiempo o en sitios no permitidos; o mirar para otro lado cuando eso pasa.

Pero si es el mismo gobierno es el que practica esta ‘cultura del atajo’ incumpliendo su juramento de mantener el imperio de la ley y prefiere pagar multas por la omisión de sus funciones, evitando “tomar reales cartas en los asuntos”, según la columnista citada.

Los fundamentos de la CC se hallan en una robusta ‘cultura de la legalidad’, cultura que a inicios de los 90 se trató de implementar en la Escuela Oficial colombiana, y en la que se formó un grupo de docentes del Departamento y del país en tierras norteamericanas. Es que aunque el gobierno tiene elementos para hacer cumplir la ley, como la policía, los organismos de control y el sistema de justicia, no son suficientes para garantizar su supremacía, por lo que resulta indispensable hacer del respeto a la ley un valor cultural y moral, y aquí la Escuela tiene la última palabra.

POSDATA. ¿Se podrán saber los criterios del MEN en la selección de los estudiantes y docentes colombianos beneficiarios del programa ‘Sakura Science’? Igualmente, ¿nuestros docentes y estudiantes aplicaron a la convocatoria? 


Add this to your website
 

Translate this page

Welcome Caribe

RADIO

WA1

W1A

WI

W2A

IDEAM

 

Indicadores Economicos

Síganos en Facebook

Descarga Firefox


JUANCHOGONZALEZ1

SOPESABLINKY

HOTELDORADO

SEA WHA COFFE

PRESIDENT

DECAMERON

TRASH BUSTERS

DROGUERIA

OVER.RECEPTOUR

PELICANO