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Las lecciones de Johnnie Cay

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HAROLBUSH1Sabemos que lo que está pasando en las islas en todos los frentes es bastante grave pero tristemente las respuestas que se dan y las soluciones que se toman han sido paños de agua tibia o soluciones maquilladas o temporales o promesas que luego quedan en el aire.

Nada de fondo se hace y todo parece posponerse o se prometen soluciones que no llegan. Con nuevo Gobernador y Presidente (dentro de poco), existe ya una sensación de oportunidades pérdidas, años que pasaron sin mucho cambio, sumado a expectativas y angustias por si los que vienen harán algo que valga la pena.

El incidente del cierre de Johnnie Cay nos abre los ojos tanto sobre lo que ha pasado sin algo para bien como sobre lo que está por venir lleno de incertidumbres, y nos arroja a la cruda realidad no solo de recordar soluciones desaprovechadas sino que nos hace enfocar en el cambio de gente que tomará las riendas de las islas y del país.


San Andrés se libró, apenas y a pesar de algunos incidentes serios, del caos en la que estuvo sumida Buenaventura y el Chocó. Pero estamos lejos de poder asegurar una coyuntura donde las protestas son cosa de ‘otra parte’. Al fin y al cabo, hace 17 años se cerró el aeropuerto por protestas raizales derivadas de incumplimientos de promesas, la mayoría de las cuales aún están sin ser atendidas.


Las soluciones no son fáciles ni van a llegar pronto, sobre todo porque son problemas muy estructurales de años ya y en algunos casos hay que balancear muchas asuntos, como lo más reciente de la generación de empleo e ingresos de familias con la realidad económica derivadas de unas actividades que obviamente dañan un sitio natural de extraordinaria belleza y valor incalculable.

No hay algo que reflejó esto más que el extraño cierre temporal pero caótico, seguida de la rápida reapertura de Johnnie Cay. Varias observaciones saltan a la vista.

1. Johnnie Cay dejó más preguntas que respuestas. Aunque es un sitio que no se puede cerrar del todo porque la economía y muchas familias de las islas dependen de él, se debe asegurar la forma de manejarla bien y la verdad es que si en 15 años no pudo hacer respetar las normas ¿Logrará recuperar la confianza la autoridad ambiental? Además ¿los prestadores de servicios cumplirán con lo pactado? sobre todo porque ellos son y han sido juez y parte y esto no es adecuado. Las preguntas claves, además del paradero de los millones recaudados por la venta de tarjetas, son: ¿cuáles serán las medidas efectivas de protección necesarias (porque se vuelve a lo de antes, con más gente) y si no sería mejor un monitoreo independiente.

2. La Procuraduría o una sentencia de un Tribunal o de la Corte Constitucional (amparando derechos raizales, por ejemplo) podrían tener la última palabra aquí y eso podría empeorar más la situación de las personas que derivan un sustento del Cayo. Aunque también es probable que, como ahora, adopten medidas de rectificación y de llamado de atención si no se cumplen las normas, pero lo que resulta increíble es que no hubo sanciones cuando en el pasado fueron muy proclives a emitirlos. La Procuraduría dejó a muchos confundidos porque aquí mostró tanta inconsistencia y falta de determinación que la que dio la impresión que se iba a usar cuando Fernando Carrillo visitó la isla hace poco. A veces actúa con fuerza pero en ocasiones, como esta, sus resoluciones se emiten con guantes de seda.

3. Se politizó el asunto y esto es deplorable y bienvenido al mismo tiempo. No se trataba de sacar ventajas o ganar puntos pero algunos se beneficiaron. Había políticos por doquier al acecho ofreciendo soluciones y algunos que habían desaparecido del panorama volvieron como por arte de magia, algo que se esperaba porque vienen las elecciones y por lo menos mostraron interés en los problemas de las islas. Pero ninguno de los que aspiran a la Gobernación o Cámara fue capaz de decirnos lo que proponían como solución temporal o definitiva a este y otros problemas (una oportunidad que desaprovecharon o más bien nos confirma lo que se teme de que se estén cocinando alianzas estratégicas para asegurar Cámara y Gobernación, en cuya caso valdría poco lo que digan o hagan).


4. Coralina salió mal librada porque los que lideraron las negociaciones de reapertura fueron el gobierno local y un representante a la Cámara, que pusieron su peso político y maquinaria burocrática, más una retórica bien jalada. Coralina es la encargada de manejo del parque y no ejerció su autoridad ni dejó un mensaje de confianza en ella misma. Al final se dio una solución administrativa y socio-económica y para nada de tipo ambiental. Coralina debe ejercer y recuperar su autoridad legal y moral que brilló por su ausencia en este caso.

5. Las protestas y el rápido sucumbir de las autoridades locales ante ellas no es una buena señal porque incentivan más protestas. Las autorizadas salieron mal paradas y dieron un incentivo a más protestas, porque salieron corriendo para responder y aceptar cualquier condición con tal de terminar la crisis, algo clave en estas épocas pre-electorales. ¿Se comprometió y se evitó una mejor solución porque había que actuar con afán para limitar daños electorales? Todo vale y la presencia protagónica de ciertos políticos habla montones sobre esa posibilidad. Claro que también hay que concederles méritos por una solución rápida a un asunto que estaba afectando no solo el ingreso de muchas familias sino también la imagen de la isla a nivel nacional.

6. Johnnie Cay palidece en comparación con otros problemas como la constante 'cementización' de cada centímetro de las islas y el exceso de obras y falta de acciones que mejoran la cohesión social y el panorama socio-económico, muchas innecesarias y exageradamente costosas, la sobrepoblación, el desempleo, la tremenda inseguridad, los desechos sólidos y líquidos, entre muchos otros. Por eso para muchos fue exagerado el cierre del Cayo, pero no por eso deja de ser importante. Solo el tiempo dirá si la medida fue adecuada. Lo más importante es no perder de vista el contexto global de los otros muy serios problemas que aquejan a la isla y que reciben menos atención.

7. Lo del Cayo es pues solo la punta del iceberg de los problemas múltiples y complejos que se están rebosando. Debemos aprender de ello para prepararnos para estrategias para el futuro y la verdad es que nos ha enseñado muchas cosas, además de que nos ha indicado muchos asuntos sobre nuestra clase política, sobre las instituciones y sobre la capacidad de determinación de los isleños de lograr lo que quieran a toda costa. Cosas claves que nos indicaron que los controles se ignoran, que hay entidades que deberían ser independientes pero están politizadas, lo cual las llevan a no ejercer los controles necesarios.

Lo de Johnnie Cay y los miles de millones que se han gastado y que aparentemente están en camino, más múltiples problemas que no se han siquiera tocado demuestran pues claramente que la estrategia de manejo de las islas y muchas normas diseñadas para las islas ya no funcionan y es tiempo de redefinirlas o cambiarlas. ¿Habrá tiempo? ¿Estará el Presidente interesado o tendrá tiempo en hacer algo significativo por nosotros antes de que se vaya?


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