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Los raizales siempre seremos culpables

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HAROLBUSH1En círculos oficiales se ha vuelto común culpar a los raizales de todo lo que pasa o no pasa en las islas. La justificación más repetida para hacer nada o poco a favor de lo raizal y de las islas es que no sabemos lo que queremos.

 

El lado oficial no asume que las señales confusas y contradictorias que emite (¿al fin habrá o no Estatuto?) contribuyen a profundizar esas divisiones, que en todo caso no deberían impedir que muchas cosas se hagan con la mejoría del pueblo raizal e isleño en mente. 

En caso de que se llega a hacer algo (casi nada de programas sociales, pero sí muchas obras, porque ver cemento gusta más a los funcionarios) y si en consecuencia raizales recurren a alguna acción judicial (acto permitido para hacer respetar o prevenir atropellos a derechos) para pararlo o modificarlo, nos acusan de obstruir intenciones o acciones. 

Pero Colombia debe prestar atención a lo que hace sobre el terreno en relación a lo que dice hacer, porque ayudaría a las islas como también a sus argumentos ante La Haya y en la CIDH. 

No somos los culpables como nos quieren hacer creer.

Seremos más bien los culpables de que algún día pueda que ciertas cosas se hagan bien porque se ejerce oposición. Eso se llama democracia y ejercicio democrático.

Tampoco somos obstaculizadores de oficio y no es justo que nos tildan de ello. El pasarnos la pelota de la culpa refleja más bien los defectos y fallas del tratamiento del Gobierno Nacional hacia las islas, porque de hacerse lo correcto no habría necesidad de acción raizal alguna. 

En el Gobierno Nacional no parece existir autocrítica. Pero debe hacerse un 'reality check' donde se mire profundamente lo que se hace y no se hace en las islas, y se debe partir de la premisa de que hay graves fallas de gobernabilidad. 

Colombia predica pero no aplica

El más grave error que vemos ahora y por venir, y que repercute en lo que pasa en el archipiélago, es que los mismos argumentos jurídicos importantes que Colombia usa para defendernos ante La Haya, no los aplica a nivel de las islas.

De hacerlo no habría necesidad de un memorial de agravios raizal que día a día se pone más voluminoso y la presentación ante la CIDH no habría sido necesaria. El Convenio 169 (o Ley 21 de 1991) es columna vertebral de lo de La Haya pero se ignora completamente en las islas. 

El manejo internacional en La Haya y la CIDH debe tener consistencia con lo que se hace en las islas con respecto a lo raizal, el medio ambiente y lo demás. Los derechos humanos no son sólo argumentos legales. También son una realidad que se debe implementar sobre el terreno.

Colombia debe también involucrar a los que la critican. Es un grave error estratégico no hacerlo porque son los que más conocen las debilidades de las políticas colombianas hacia las islas, pero además es imperativo ganarse el corazón de aquellos de opiniones más fuertes o contrarias a lo oficial. De no hacerlo se estaría distanciando más a algunos raizales de su propio país y empujándolos hacia posiciones de mayor autonomía.

Dos ejemplos más de asombrosas inconsistencias oficiales que nos señalan un camino nada prometedor: 

1: El autogol colombiano en Guatemala es prueba para muchos del error oficial de haber ido a la CIDH. Aún no es claro qué se busca allá. 

2: Se asume que Colombia es en gran parte responsable del desastre de La Haya por habernos ignorado a nosotros y a muchos expertos y sobre todo por no haber hecho todo lo posible por evitar y luego neutralizar la demanda de Nicaragua que se vio venir desde hace mucho tiempo.

Los platos rotos se están pagando ahora por algo que desde López Michelsen en 1974 venía preocupando al alto gobierno pero nunca se hizo lo adecuado. 

Por eso y mucho más desde la perspectiva raizal, Guatemala y La Haya son los más visibles y abiertos ejemplos de hipocresía, incoherencia, disfuncionalidad, acciones inadecuadas, amateurismo e indiferencia en la política central hacia lo raizal y el archipiélago.

Hay un grave cortocircuito entre lo que se dice afuera y lo que se hace adentro, que requiere reparo urgente porque no le conviene a Colombia y sería lo justo con nosotros. No se puede tapar el sol con las manos. 

Aquí además hay un asunto que va más allá de La Haya o de la CIDH. Es la supervivencia étnica porque como vamos y frente a la realidad demográfica de San Andrés, desapareceremos en pocas generaciones, a pesar de que la máxima Corte de justicia colombiana ordena al Estado protegernos. 

Por eso la debilidad interna nutre la incoherencia externa. Lo que más puede ayudar a los argumentos de defensa de derechos raizales de Colombia no es el silencio, inacción o culpabilidad o las dos cosas de grupos raizales e isleños en general sino acciones oficiales concretas de mejoramiento en el frente interno de soluciones a los problemas que datan de años, y de concesiones a los raizales. 


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