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¿Restitución o deformación?

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A raíz de las denuncias hechas en EL ISLEÑO sobre las posibles irregularidades de un estudio preparado para la restauración de Fort Warwick de Santa Catalina y el plan de integrarlo en un proyecto comercial como pieza de un parque temático digno de Disneyworld; la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura ha confirmado a este colaborador –en reunión sostenida en Bogotá– de que en el mes de abril se hará una inspección a este Bien de Interés Cultural de la Nación.

A pesar de que la Dirección de Patrimonio otorgó permiso a la Alcaldía de Providencia (mediante Resolución 1219 del 23 de mayo del 2016) para 'la intervención para la restauración' de las ruinas de Fort Warwick, existe suficiente preocupación de que el proyecto, que incluye varias construcciones alrededor y sobre este bien arqueológico que es un elemento vital de nuestro patrimonio histórico, pueda causarle daños irreparables y cambiar su fisonomía y además modificar considerablemente el hermoso paisaje natural circundante.

El Warwik es una de las tres piezas que están clasificadas como Bien de Interés Cultural de la Nación en nuestro archipiélago (los otros dos son First Baptist Church de San Andrés y la Escuela 'María Inmaculada' en Freetown, Providencia).


Esta entidad estatal otorgó el permiso basado en la información que se le suministró y sin haber hecho una inspección al sitio o tomado nota del valor histórico y emocional que los providencianos otorgan al Fuerte. La decisión fue sustentada en argumentos puramente legales y técnicos que no dieron cabida a un análisis de los beneficios o daños sociales y patrimoniales que el proyecto pueda causar, como también de la necesidad de verificar la función social, ecológica y patrimonial de lo que se propone hacer.


La fuente de mayor inquietud es la evidente desproporción entre los inmensos valores patrimoniales del Fuerte y la propuesta de intervención en la misma que el proyecto propone. De otro lado, la seria intervención del paisaje no se tuvo en cuenta (y Coralina tendrá que pronunciarse al respecto), como tampoco la opinión de la comunidad de Providencia que no tuvo oportunidad de plasmarla ni se llevaron a cabo los necesarios procesos de consulta ciudadana.


Se espera que el proyecto sea re-estudiado y revisado cuidadosamente y se recopile información de la comunidad y de grupos críticos al mismo, porque de momento todo lo tramitado ha ignorado el aporte, opinión o punto de vista de lo local y sobre todo de la comunidad.


Cabe precisar que no se ha llevado a cabo la Consulta Previa, que requiere por ley unos procedimientos rigurosos, aunque sí se hicieron unas 'reuniones de estudios' donde el director del proyecto no entregó información detallada. La Consulta Previa, que debe hacerse con disponibilidad pública de toda la información pertinente, es necesaria porque el proyecto afectaría considerablemente un bien patrimonial que es fundamental para la historia y la identidad de Providencia y de sus habitantes nativos raizales, de conformidad con las normas legales y sentencias de la Corte Constitucional.


¿Qué quieren hacer?


La restauración del Fuerte hace parte de todo un paquete y un montaje netamente turístico que parte del inicio del camino hacia el Fuerte y sigue con un sendero hasta Morgan's Head (camino ya existente desde hace siglos pero recientemente mejorado por Coralina), donde se instalarán dos plataformas de observación y relajamiento. Hay algunos aspectos buenos de la obra pero llaman la atención más los aspectos negativos. Un video (poco divulgado) entregado con el estudio muestra unos imaginarios turísticos y un paisaje que ni siquiera corresponde al lugar.


El aspecto más controvertido por lo dañino e innecesario involucra a Fort Warwick. Es importante destacar que lo que llama el estudio una 'reconstrucción integral' del Fuerte solo contempla la limpieza del mismo, algo que puede causar más daño si al mismo tiempo no se hace algo para consolidar las pocas estructuras que quedan (existe un plan aprobado al respecto, pero no hay fondos, por lo que la limpieza para el proyecto turístico alrededor sin dicha restauración dejaría el Fuerte expuesto a más daños porque hasta el momento la vegetación que lo rodea lo ha protegido de la intemperie y lo ha mantenido más o menos intacto).


No es mucho lo que queda del Fuerte pero suficiente para que sea protegida al máximo y aún se observa su estructura con dos cañones. El proyecto quiere agregar otro al lado de la virgen justo donde había uno en 1822 cuando Luís Perú de Lacroix, lugarteniente de Luís Aury, hizo el plano del Fuerte que reposa en el Archivo Nacional en Bogotá, pero se propone ponerlo sobre una plataforma de madera colgando sobre el precipicio, algo que cambiaría totalmente la fisonomía del sitio porque desde el mar se verían pilones soportando esta estructura, algo que no va acorde con la estructura original.


Ya se han hecho revisiones a nivel local a este proyecto que se concibió y se pagó por su estudio en la alcaldía pasada. En conversación con el actual Alcalde de Providencia se descartó la idea de construir un muelle flotante con un museo que en todo caso no tenía ningún valor arquitectónico y hubiera habido necesidad de afectar un pequeño manglar, pero se plantea la posibilidad de poner una urna transparente por encima del Fuerte, algo sobre el cual la Dirección de Patrimonio mostró sorpresa. La administración local heredó este controvertido proyecto de poco beneficio y ha revelado interés en hacerle modificaciones para que esté acorde con los requerimientos de la comunidad y de las autoridades de patrimonio y ambientales.


Lo que mayor preocupación causa con relación a la restauración del Fuerte es que parte del mismo (con vestigios importantísimos) quedaría cubierta por una plataforma sobre la cual los turistas caminarían para apreciar lo que queda del mismo, más la instalación de otra al borde de la montaña donde está el Fuerte a nivel de la virgen, para lo cual se requerirá la instalación de unas columnas que posiblemente llegarían hasta el mar y que causarían serios cambios al paisaje. En efecto, desde el mar y desde todos los ángulos se verían construcciones y no el hermoso entorno natural que hoy existe. De hecho las estructuras o construcciones dominarían todo el panorama alrededor del Fuerte, infligiendo un daño considerable al paisaje natural.


Pero más allá de los daños al Fuerte y al paisaje lo más preocupante es que no se ven los beneficios que una obra como tal traería a Santa Catalina, a Providencia y a sus habitantes. Y no se ve la necesidad de los mismos toda vez que ya existe un sendero ecológico y se puede perfectamente apreciar el esplendor del Fuerte y desde allí la impresionante belleza de las islas sin la necesidad de agregarle un engranaje de construcciones artificiales alrededor de la misma que afectarían el valor patrimonial y la riqueza de los diferentes estratos históricos representados aquí y por los cuales pasó Santa Catalina por haber sido un sitio codiciado por su posición estratégica y la facilidad de su defensa.


Hacer la obra, por lo tanto, no tiene sentido desde el punto de vista paisajístico porque dañaría el entorno; es poco atractiva porque al final se vería una estructura y no la naturaleza hermosa tal cual está ahora. Sería, en conclusión, un atropello paisajístico y al patrimonio de Providencia y a un bien cultural de la nación que requiere más bien protección a toda costa, lo cual no se logrará si hace parte de un esquema turístico extractivista y comercial (se piensa cobrar entrada) donde se expondrá peligrosamente su entorno histórico y paisajístico.


Jugoso contrato

El proyecto ha estado rodeado de muchos cuestionamientos desde el principio cuando se supo que el contrato para hacer el estudio y diseño de restauración y demás obras fue otorgada no a un isleño (raizal o residente), ni a un experto historiador, restaurador, arquitecto, o arqueólogo… Sino a un abogado y costó la suma de $2.302.535.759, casi un millón de dólares de la época. En base a esos elevados honorarios, un ejercicio de cálculo a la inversa teniendo en cuenta la fórmula en la norma de restauración arquitectónica/patrimonial (Decreto 2090 de 1989) arrojaría un monto total de toda la obra de unos 80 mil millones de pesos. Doce mil millones más de lo que costaría la expansión del aeropuerto de Providencia. O, poniendo las cifras en un contexto académico y cultural, el monto total de este contrato de estudio es similar al presupuesto anual del Infotep y de la Sede Caribe de la Universidad Nacional en San Andrés.


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Última actualización ( Lunes, 13 de Marzo de 2017 08:51 )  

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