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Día de la Mujer: La isla donde no se puede parir en paz

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CRISTINA.BENDEKEn la isla muchas veces no se puede parir. En días pasados murieron cuatro recién nacidos, lo que prendió las alarmas sobre las condiciones de la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital Clarence Lynd Newball.

En Providencia no se puede ni nacer, y las pocas madres isleñas que tienen los medios, prefieren dar a luz en el interior. Hay quienes hablan de control poblacional, de limitar el número de hijos. Sin atender estas necesidades, la isla seguirá calentando la olla en la que ya está.

En el Día Internacional de la Mujer, Brasil (N. de la R: país en que se encuentra la columnista temporalmente) se recuerda que la mujer afro es la más vulnerable de una sociedad en la que la pirámide es dominada por el hombre. Se celebra un nuevo protocolo para los partos naturales, y también se recuerda la vulnerabilidad de las madres adolescentes. Los paralelismos están en todas partes.

Pero, en la isla el panorama no podría parecer más incierto. Esta semana se anunció que, luego de mucha especulación y varios otros intentos, la IPS Universitaria que se retira de las islas, empeorando la ya dramática situación del servicio de salud. Mientras tanto, en Brasil las mujeres que tengan embarazos de riesgo bajo podrán dar a luz en sus casas, con asistencia de enfermeras obstétricas.

¿La mujer afro es la más vulnerable? En Brasil eso se ve en las calles, en todas partes. Aunque en términos de igualdad de género, el Índice de Desarrollo Humano del 2015, un estudio publicado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), muestra que en dicho país está ligeramente por debajo de Colombia e incluso de México, la mujer brasileña tiene mayor participación en el mercado laboral. Trabajan más de ellas, ganando menos, y creciendo menos.

En las líneas más vulnerables de la población, las mujeres se benefician de la mayor cantidad de programas de asistencialismo. El problema es que también Brasil le gana a Colombia en términos de embarazos juveniles y cantidad de hijos por mujer, lo que puede mostrar una relación directamente proporcional con el tipo de asistencia al que pueden acceder.

Los hijos se convierten en negocio. Me recuerda al resultado de una política similar durante la alcaldía de Lucho Garzón en Bogotá, y también me recuerda a historias que he escuchado sobre madres cabezas de hogar en la isla que reciben subsidios por supuesto desplazamiento forzoso, que no trabajan ni estudian, y que tienen a sus hijos todo el día en los hogares del Bienestar Familiar.

Si las mujeres son fuertes, la sociedad es fuerte. El director de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) de Neonatos de San Andrés, Efraín Martínez Medina, dijo que las muertes de recién nacidos tienen más que ver con los recién nacidos, que con la UCI. En los cuatro casos los bebés –afirma– pesaban mucho menos de lo normal, y en uno de ellos la madre también tenía complicaciones.

Si eso es cierto, habría que ver de dónde son esas madres, qué tipo de vida llevan, incluyendo las chicas de 15 y 18 años en dos de los casos. No es porque se trate de dos casos aislados, es porque en general en el 25% de los embarazos en la isla, la madre es adolescente, mientras en el resto del país esa cifra llega al 16%. No son casos aislados, son el síntoma visible de una falla estructural. El análisis de este tipo de casos en la isla tiene un agravante más, y es la política de migración y residencia.

Hay quienes hablan de control poblacional, de limitar el número de hijos. Qué dilema, entre los derechos de la mujer a decidir sobre su cuerpo y su vida, y los derechos del colectivo social que debe cuidar su permanencia en el tiempo, garantizar su sostenibilidad. ¿Qué hacer? Aumentar la competitividad de la educación en la isla, invertir agresivamente en programas sociales enfocados, no en el asistencialismo que compra votos indirectamente, sino en el desarrollo de las capacidades humanas.

Sin atender estas necesidades, la isla seguirá calentando la olla en la que ya está. Las llamadas muertes por intolerancia son otro síntoma relacionado con esa falta de inversión social. La industria turística le debe mucho a estos índices de desarrollo, y sin políticas de responsabilidad social será difícil dirigir esfuerzos políticos a estas cuestiones que solo demuestran resultados en el largo plazo.

Más que felicitar a diestra y siniestra, en el Día Internacional de la Mujer hay que preguntarse cómo mejorar el tipo de participación de la mujer en la sociedad.

En San Andrés las mujeres jóvenes sin residencia legal tienen muchas razones para ese tipo de embarazos de alto riesgo, desatando ciclos de vida sumidos en entornos vulnerables, con familias desarticuladas, con alto riesgo de delincuencia juvenil. Más que felicitar, hay que hacer estudios, diseñar políticas de largo plazo, y bajarse del bus. Peaceout.


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