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Afrodescendencia

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Con este nombre, afrodescendientes, inicialmente se identificó a los "hijos de la diáspora africana que sobrevivieron a la Trata Transatlántica”; también se denota con este apelativo a todos los grupos identificados como negros, mulatos, morenos, zambos, trigueños, niches (Cuba, Honduras y Venezuela), prietos (Cuba y México), entre otros; bueno es precisar que algunas de estas calificativos constituyen eufemismos enmarcados en contextos de racismo. Hoy, dicho concepto, agrupa, igualmente, a los cientos de miles de migrantes africanos diseminados en todo el mundo, incluida Europa, así como a sus descendientes, nos recuerda la Declaración de Durban.

En el año 2001, siendo presidente Andrés Pastrana, se dictó la Ley 725 “por la cual se establece el Día Nacional de la Afrocolombianidad”, señalando que a partir de ese año el 21 de mayo se celebraría el Día Nacional de la Afrocolombianidad“ en homenaje a los Ciento Cincuenta (150) años de abolición de la esclavitud en Colombia consagrada en la Ley 21 de mayo 21 de 1851, en reconocimiento a la plurietnicidad de la Nación Colombiana y la necesidad que tiene la población afrocolombiana de recuperar su memoria histórica”. 

En la misma dirección andaba la Asamblea General de las Naciones Unidas, cuando “el 18 de diciembre de 2009 en la Resolución 64/169 proclamó el año 2011 como Año Internacional de los Afrodescendientes”, al considerar que “aproximadamente 200 millones de personas que se identifican a sí mismos como de descendencia africana viven en las Américas. Muchos millones más viven en otras partes del mundo fuera del continente africano. Al proclamar este Año Internacional, la comunidad internacional reconoce que los afrodescendientes representan un sector definido de la sociedad cuyos derechos humanos deben ser promovidos y protegidos”

Igualmente, el 23 de diciembre de 2013, la Asamblea General de la ONU, mediante la Resolución 68/237 proclamó «el Decenio Internacional de los Afrodescendientes, que comenzará el 1 de enero de 2015 y terminará el 31 de diciembre de 2024, con el tema “Afrodescendientes: reconocimiento, justicia y desarrollo”». Es claro y evidente el maltrato que por décadas se ha practicado contra las minorías denominadas con los clichés que se quiera, para deshonra y vergüenza de la raza humana  y de quienes pregonan una superioridad en lo que sea: política, social, cultural, económica, religiosa, etc.

Y si esto es así para el común de las sociedades, mayor dolor produce este maltrato basado en prejuicios de cualquier clase a los creyentes. La doctrina eclesial es clara: “La Iglesia es particularmente sensible a las actitudes discriminatorias: el mensaje que ella recibe de la Revelación bíblica afirma vigorosamente la dignidad de cada persona creada a imagen de Dios, la unidad del género humano en el designio del Creador y la dinámica de la reconciliación realizada por el Cristo Redentor, quien ha derribado el muro de odio que separaba los mundos contrapuestos para recapitular en sí la humanidad entera”.

Y es así como debemos educar a nuestros niños, libres de los prejuicios que los mayores han construido, en aras de un mundo más digno y gratificante. Corresponde a la Escuela este papel dignificador, tanto más cuanto que es labor de los docentes de Ciencias Sociales en particular promover “procesos de reflexión en torno al tema de la afrocolombianidad tanto en Instituciones Escolares de primaria, básica y educación media que atienden a población escolar afrodescendiente y raizal, así como en aquellas instituciones que no lo hacen. Todo con el fin de lograr un autoreconocimiento (sic) de la población afrodescendiente”. Para tal efecto el Decreto 1122 de 1998 reglamenta la Cátedra de Estudios Afrocolombianos, la cual “comprenderá un conjunto de temas, problemas y actividades pedagógicas relativos a la cultura propia de las comunidades negras, y se desarrollarán como parte integral de los procesos curriculares del segundo grupo de áreas obligatorias y fundamentales establecidas en el artículo 23 de la Ley 115 de 1994 (…)”.

Pero si de verdad se quiere la promoción de las minorías étnicas, en este caso la raizal, el único camino válido que existe es el de la educación, como lo reconoce la Declaración de Durban, cuando en las “Medidas de prevención, educación y protección destinadas a erradicar (…) la discriminación racial (…)”, numeral 95, afirma que “Reconocemos que la educación a todos los niveles y a todas las edades, inclusive dentro de la familia, en especial la educación en materia de derechos humanos, es la clave para modificar las actitudes y los comportamientos basados en el racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia y para promover la tolerancia y el respeto de la diversidad en las sociedades. Afirmamos además que una educación de este tipo es un factor determinante en la promoción, difusión y protección de los valores democráticos de justicia y equidad, que son fundamentales para prevenir y combatir el avance del racismo, la discriminación racial, la xenofobia y las formas conexas de intolerancia”.

A pesar de todos los esfuerzos, las denuncias y hasta los castigos penales, la intolerancia racial no termina; y no ya en otras latitudes y países sino entre nosotros, pueblo colombiano producto del mestizaje, donde algunos se atreven a decidir sobre los demás desconociendo su calidad de personas y sus capacidades y habilidades. No deja de ser desconcertante encontrar noticias como la que presentó El Universal.com en días pasados: "Empresas de Cartagena prefieren personas blancas para ocupar altos cargos". La directora del Observatorio Antidiscrimación Racial de Cartagena, Estela Simancas Mendoza, afirma que "logramos evidenciar que los empresarios tienen prioridad y preferencias, en términos étnico raciales, a la hora de escoger personas para ocupar altos cargos, es decir, que prefieren personas blancas para sus cargos gerenciales".

Entre las Medidas de prevención, educación y protección destinadas a erradicar la discriminación racial, la Declaración insta a los gobiernos  a que “Garanticen que todos los niños tengan acceso, sin discriminación alguna, a una enseñanza de buena calidad”.

Señor gobernador, tiene usted la palabra.

 

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