
Durante años, los columnistas de opinión nos habituamos a un rito casi previsible: publicar un texto y, unos minutos después, ver aparecer en la sección de comentarios una fila interminable de ataques, sarcasmos y descalificaciones diseñadas no para debatir sino para intimidar.




El poeta William Butler Yeats escribió esas palabras hace casi un siglo. El verso, convertido después en el título de una película, podría ser –sin dudarlo– el mejor nombre para un documental sobre esta isla. Porque aquí, en 27 kilómetros cuadrados rodeados de discursos turísticos, la vida se ha vuelto un lujo de supervivencia, sobre todo para quienes pretenden envejecer donde nacieron.
















